«No quiero ser ministro, mi lugar no está en La Moncloa»

Luc André Diouf, responsable de Inmigración del «Gobierno de Sánchez», llegó a España sin papeles y durmió durante 45 días en la calle

Luc André Diouf, responsable de Inmigración del «Gobierno del cambio» de Pedro Sánchez
Luc André Diouf, responsable de Inmigración del «Gobierno del cambio» de Pedro Sánchez

Marcamos su teléfono calculando el cambio horario. Atiende derrochando amabilidad a LA RAZÓN en el viaje en «guagua» hacia el aeropuerto de Gran Canaria, donde cogerá un avión para estar presente en el gran acto con el que el PSOE arranca la precampaña en Madrid. Lo hace para apoyar a Pedro Sánchez y el proyecto de cambio para España del que forma parte, aportando su experiencia en el área de Inmigración del «Gobierno en la sombra» que ha puesto en marcha el líder socialista. Su itinerancia, como forma de vida, da una nueva vuelta de tuerca y podría hacerle abandonar su adorado archipiélago para asentarse en la capital, si el PSOE consigue gobernar tras el 26-J. «Si dejé Senegal para venir a Canarias, no tendría problema en trasladarme ahora a Madrid», argumenta sin dramatismo alguien para el que el lugar de residencia no es trascendente, sino que está supeditado a intereses superiores: los de ayudar y visibilizar a los colectivos más vulnerables. Aunque forma parte del equipo de «ministrables» de Sánchez, reniega de esta condición y tiene claro que no se prodigará por La Moncloa. «No quiero ser ministro, mi lugar está en la segunda línea», ataja.

Luc André Diouf (Senegal, 1965) no comulga con la política de traje y corbata y se implica en la que busca reconocer y cambiar la realidad, sobre todo la referida a un colectivo, el migrante, que no acapara titulares y que –con demasiada frecuencia– es relegado de las prioridades gubernamentales. Aunque reconoce que «siempre ha estado al lado del PSOE», su relación con el partido se estrechó a raíz de las elecciones municipales, en las que asumió un rol activo en la candidatura de Ángel Víctor Torres al Cabildo de Gran Canaria. Otra campaña, esta vez la de las elecciones generales, propició el encuentro con el líder del PSOE. «Conocí a Pedro en diciembre cuando vino a Canarias y se reunió con ONG y colectivos de la sociedad civil», explica. La intervención de André durante este encuentro con el secretario general socialista hizo que Sánchez se fijara en él. Tras el mitin de esa misma tarde, el senegalés se acercó a saludarle e intercambiaron los correos electrónicos para «trabajar juntos más adelante». «Después de las elecciones le felicité por el resultado, pero no supe nada más de él», señala entre risas.

Fue «hace dos semanas» cuando Sánchez contactó con André vía telefónica para ofrecerle integrarse en su «Gobierno del cambio». «Es una participación técnica», comenta, rebajando las expectativas, el responsable de Inmigración, que considera que el PSOE cuenta con mejores perfiles para asumir carteras ministeriales. Esta llamada le colocó en el centro del huracán mediático, una situación que jamás imaginó hace 24 años cuando llegó a España. Lo hizo en avión, y no en patera como se ha deslizado en algunos círculos, abandonando sus estudios de Económicas en Senegal para conocer a su hija que había nacido en Canarias. Lejos del paraíso que cabría imaginar, el archipiélago le recibió hostil. «Entré en la época de la bonanza económica, pero era mucho más fácil ser expulsado», cuenta. Al poco tiempo de llegar, André se quedó sin dinero y estuvo 45 días durmiendo al raso en la playa de Las Canteras. «No tenía papeles, comía sólo una vez al día», recuerda. Esta situación hizo que enfermara gravemente de una neumonía que le obligó a estar hospitalizado y pasar dos veces por el quirófano, pero ni en lo más crudo de su situación se planteó renunciar. «Siempre tienes que seguir adelante», ataja, al tiempo que recuerda como la solidaridad de otros compatriotas, que le acogieron, le permitió superar el trance. Esta obstinación le llevó a conseguir los papeles en 1995 y la nacionalidad española en 2001. Por el camino un duro viaje en el que tuvo que lidiar con trabajos mal pagados y con vecinos que nunca le hicieron sentirse parte de España. «Me lo he currado, nadie me ha regalado nada». Empezó trabajando en un hotel como recepcionista –habla seis idiomas: español, inglés, francés, alemán y dos dialectos africanos– y en 1996 se cruzó con la acción sindical que marcó su vida hasta hace cuatro años. «Ahora estoy en el paro, pero acompaño a empresarios que quieran invertir en Senegal», comenta.

André no ha cortado los vínculos con Senegal. Allí siguen viviendo sus hermanas y en Navidad se reúne toda la familia. En la era de la información global su fichaje por el equipo de Pedro Sánchez no ha pasado inadvertido en su ciudad natal: «Son mis sobrinos los que más me animan». «Cuando adquieres responsabilidad te vuelves una referencia para ellos y debes dar ejemplo», comenta en relación a los casos de corrupción con los que se suele identificar a los políticos y sobre los que le advierten sus familiares. André forma parte del 98% de católicos que conviven con un 2% de musulmanes en Joal-Fadiouth, esta tradición religiosa le llevó a vestirse de monaguillo y a cantar en el coro de la Iglesia. Define como «muy feliz» su infancia, en la que conviven sus días de escuela y como «boyscout» con los veranos ayudando a su padre a arar las tierras de la familia en las que cosechaban mijo y cacahuete. «Todavía ahora cuando vuelvo y están cultivando ayudo a mis primos», relata.

A pesar de que se muestra reacio a entrar en el Ejecutivo, sí que tiene muy claro cuáles serían las principales iniciativas que su partido debería impulsar en caso de llegar al Gobierno. Lo prioritario sería realizar un Pacto de Estado sobre Inmigración que regule de forma global esta materia para que no quede al arbitrio de la ideología de los sucesivos partidos que lleguen a La Moncloa. Eliminar las concertinas, «porque no solucionan nada», o vincular la inmigración con el Ministerio de Trabajo, como trabajadores, y no con el de Interior, como delincuentes, son algunas de las demandas que trasladará a sus colegas del «Gobierno del cambio».

Ante la cruda campaña que se prevé de cara a diciembre, André no quiere entrar en descalificaciones con Podemos, pues reconoce que muchos de los compañeros con los que trabaja mano a mano son votantes de Pablo Iglesias. Sin embargo, cuando le hacemos contrastar proyectos de inmigración tiene claro que la trayectoria y la experiencia del PSOE son un valor añadido que debe hacer a este colectivo decantarse por las siglas socialistas. «Han demostrado con realidades que pueden cambiar las cosas», señala, al tiempo que rememora cómo Alexis Tsipras en Grecia traicionó a sus votantes, impulsando medidas contrarias a sus compromisos electorales. «Ahora lo están sufriendo», apunta.

Con su fichaje André aspira a captar el voto migrante y que éste se decante por el PSOE, que ha sido tradicionalmente el partido que ha defendido los intereses de este colectivo. «Desde el Gobierno trasladaron la realidad migratoria en laboral», señala.

En este asunto, y con el viaje realizado durante esta semana a Berlín junto a Pedro Sánchez todavía en la retina, el responsable de Inmigración considera que España tiene que cumplir con el compromiso adquirido «con la Unión Europea y con los españoles» para acoger a los refugiados que, según el reparto establecido, nos corresponden. «Hay que poner fin a la «actuación, o más bien dejadez, del PP en esta materia», destaca.

A sus 51 años, André Luc Diouf encara una nueva etapa en su continua carrera de superación, pues podría pasar de haber sufrido la hostilidad de la inmigración en España en sus propias carnes –teniendo que dormir en la calle– a pelear desde las instituciones para combatirla.

Un madridista en Canarias y originario de Senegal

La actividad de André Luc Diouf en Twitter se limita a reproducir los mensajes de otros usuarios, casi todos socialistas, pero también se cuela alguno de apoyo a su equipo de fútbol: el Real Madrid. Este senegalés reconoce que comenzó a «militar» en el madridismo como forma de protesta contra el patriarca de la familia que le acogió cuando pasó sus peores momentos en España. El patriarca era del Barcelona y no colaboraba nada en casa, una actitud que molestaba sobremanera a André, pero contra la que no se podía rebelar, porque era su huésped. Así encontró en el fútbol la manera para poder gritar y oponerse a él. Su madridismo también choca con la pasión atlética de Pedro Sánchez, por lo que en la final de la «Champions» parece que estos compañeros tendrán que convertirse en rivales.