Oleguer Pujol sostiene ahora que su padre debió renunciar al legado

Oleguer Pujol durante su comparecencia ante el Parlament
Oleguer Pujol durante su comparecencia ante el Parlament

Oleguer Pujol Ferrusola, hijo del expresidente de catalán Jordi Pujol, ha afirmado que el capital que gestionó en operaciones inmobiliarias no es suyo ni de su familia, sino de fondos e inversores extranjeros, por lo que ha denunciado ser víctima de una "causa general"por parte de la Audiencia Nacional.

Cuando tenía ocho años, su abuelo, Florenci Pujol, murió. Dejó un legado de 140 millones de dólares para su madre y sus seis hermanos, «una reserva por si acaso» que en 1992 superaba los 400 millones de pesetas. El país acababa de dejar atrás una dictadura de casi cuarenta años y su padre se dedicaba a la política. Entonces, Oleguer Pujol Ferrusola, el protagonista que ayer narró esta historia en la comisión de investigación del Parlament de Cataluña, «era muy pequeño» y su memoria no alcanza a recordar detalles.

El benjamín de los Pujol Ferrusola es el quinto de los hermanos que comparece en la comisión que investiga la fortuna oculta de su familia. Tras él se explicaron Mireia y Josep. Contó que nunca preguntó si el dinero venía de Banca Catalana, que creyó la historia que contaban en casa, la misma que explicaron sus hermanos, que el legado del abuelo venía del intercambio de divisas. Pero el pequeño de la familia sí dio más detalles de esta herencia envenenada que Jordi Pujol confesó que ocultó en el extranjero que durante 34 años.

El pecado original

Oleguer admitió ayer que en la familia siempre ha existido el debate ético sobre si se debía regularizar el dinero del abuelo. Incluso llegó a decir que «probablemente, mi padre debería haber renunciado al legado». Subrayó que éste fue el «error original». Pero dicho lo dicho, defendió que Jordi Pujol quiso respetar a su padre y que «una vez aceptada la última voluntad [del abuelo], era muy difícil regularizarla».

El pequeño de la familia Pujol Ferrusola explicó también que conoció la existencia del legado familiar en 1990, cuando al cumplir 18 años se lo comunicó su hermano mayor, en quien confió su gestión. Dos años después, en 1992, explicó que el dinero se repartió entre sus hermanos y su madre. Tocó a 62 millones por barba. Sobre por qué su hermano Oriol la semana pasada en comisión dijo que no recibió su parte, negó saber el porqué. «Todos recibimos la herencia en Andorra», aseguró, dejando en evidencia al hermano político. Oleguer explicó que abrió una cuenta en 1992 en Andbank y que una vez al año se veía con el gestor que hacía inversiones patrimoniales y sin riesgo. Añadió que en 2010 lo invitaron junto a su familia a irse del banco y pasó su cuenta al BPA.

Demostró un perfil opuesto al de su hermano mayor. Aunque utilizó la misma estrategia de empachar con datos de sus actividades económicas como gestor inmobiliario a los diputados, lo hizo con un estilo muy dispar. Mientras Jordi Pujol Ferrusola se paseaba este fin de semana con su Lamborghini Miura por la Cerdaña después de asegurar a los diputados que apenas sacaba sus coches de lujo del garaje, su hermano pequeño destacó por su discreción. Habló con un tono bajo, incluso tímido. Y sólo saltó una vez, al más puro estilo Pujol, como hizo su madre cuando replicó que iba a Andorra acompañada con Mossos cargados con Kalashnikov, cuando un diputado dio por sentado que su familia es una defraudadora. «No creo que me haya de llamar defraudador», replicó. «No tengo 3.000 millones de euros y todo lo que ha dicho la prensa es falso», afirmó. La tesis de la Fiscalía es que pudo mover unos 3.000 millones en diversas operaciones a través de la interposición de sociedades. Oleguer defiende que son de fondos institucionales e inversores internacionales y asegura haber regularizado todos los fondos en el extranjero. En el caso del legado, con un sobrecoste del 130 por ciento.

El menor de los Pujol se acogió en 2012 a la amnistía fiscal del Gobierno para regularizar 3,2 millones en paraísos fiscales, explicó. Arremetió contra la Fiscalía por atribuirle un patrimonio de 89 millones de euros oculto en paraísos fiscales, porque «es el valor técnico-contable» de una sociedad que administra y de cuyo dinero no puede disponer.

Oleguer, que empezó su comparencia como si se presentase a una entrevista de trabajo, detallando que estudió en Esade, que se especializó en finanzas y banca y aprendió con Morgan Stanley en Londres, defendió la legalidad de su actividad empresarial y la desvinculó de la actividad política de su padre. Denunció ser víctima junto a su familia de una «causa general sin fundamento» que acabó con un registro en su casa del que se llevaron cajas vacías para exhibirlas ante las cámaras.