Política

La imputación de la Infanta

Once meses para acertar

La Razón
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Ya dijimos algunos que tanto anuncio del regreso del Rey era algo poco habitual. Estuvo bien que lo anunciara en el discurso de Navidad, innecesario su posado en «Hola» con el mismo fin, y sobró la repetición de la jugada por parte del jefe de la Casa en Televisión Española. Sobre todo por aquello del «calvario» que había supuesto para la Casa Real el «caso Urdangarín» pues, aunque no le faltaba razón en su queja, tampoco eran necesarios los comentarios sobre las decisiones judiciales, como muy bien rectificaron días después tras la imputación de la Infanta Cristina.

Pero desde mi punto de vista, lo peor no ha sido todo esto. Pero empecemos por lo positivo. La defensa de la Infanta, con gran acierto por mi parte, decidió ayer no recurrir la imputación y aceptar así que la Duquesa de Palma testifique ante el juez Castro. No sé si podrá dejar claras todas las dudas que el auto del magistrado plantea en su escrito de 227 folios –disparate mayúsculo–, pero así se visualizará de una vez por todas algo que ha calado en la opinión pública y es que todos somos iguales ante la Ley. Pero iguales. Esperemos que se adelante su declaración y que no sea objeto de un acoso al que nadie debe ser sometido cuando declara ante un juez. Veremos.

Lo peor ha sido la campaña sobre el regreso del Rey. Fue tal que, cuando se trabucó varias veces en la lectura de su discurso de la Pascua Militar, el Photoshop de los días previos resultó aún más equivocado. Todos, incluidos los que no son monárquicos, estamos esperando que Don Juan Carlos se recupere cuanto antes y de la mejor manera posible, es decir, con la oportuna rehabilitación. Pero la recuperación no depende de campañas mediáticas, sino de los médicos y del empeño del Monarca en seguir sus directrices. Y lo digo porque se anuncia ya la presentación de cartas credenciales de los nuevos embajadores. Sólo espero que no se le ponga un banco de jardín cerca para que apoye los dedos en un alarde innecesario de equilibrio. Nada: bastón y muletas si las necesita, y que los embajadores no se enrollen, que para eso también sirve el protocolo.

Desgraciadamente, hay además motivos de sobra para que el Rey recupere su perfecta forma física. Los nacionalistas siguen empeñados –lo hemos visto también ayer– en dar pasos hacia la independencia y, como ha quedado demostrado en nuestra historia reciente, el Rey es pieza clave para conseguir aglutinar a todos los que defienden la unidad de España. Y los viajes que haya que hacer, pues se hacen, que para eso tenemos al Príncipe en uno de sus mejores momentos, también de popularidad, y para los protocolarios a la Reina y a la Infanta Elena, que cumplen con su papel institucional como nadie.

Quedan once meses por delante. Me temo que los primeros actos, visitas o actividades de Don Juan Carlos van a ser físicamente costosos. Alguien le habrá recordado que cumplió el pasado día cinco 76 años, y que debe ir despacio para luego poder ser más eficaz. Es cuestión de estrategia. Estrategia también para no decir todos los días lo bien que está: ya lo iremos viendo nosotros. Y es que en la vida pública no hay Photoshop que valga. Ni siquiera en la Casa Real. ¡Que se lo digan a la Princesa de Asturias!