El líder yihadista de Vallecas es «amigo» del terrorista que atentó contra el tren francés

El juez manda a los tres a prisión tras constatar sus planes para atentar en cualquier momento

Dos efectivos de la Policía acompañan a uno de los detenidos en el madrileño barrio de Vallecas por formar parte de un grupo vinculado al Estado Islámico
Dos efectivos de la Policía acompañan a uno de los detenidos en el madrileño barrio de Vallecas por formar parte de un grupo vinculado al Estado Islámico

Los tres supuestos yihadistas detenidos en Madrid el pasado martes formaban parte de una red «disponible para cometer atentados terroristas» y, desde el pasado 18 de octubre, dos de ellos –Abdessadek Essalhi y Walid Oudra– habían entrado en una «espiral apocalíptica» que justificaba, a su entender, la comisión de acciones «contra la vida de otras personas». Así lo afirma el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu en el auto en el que envía a prisión a ambos y al tercer arrestado, Yassin el Mourabet, a quien sitúa en «la parte más alta del grupo». A los tres les imputa un delito de participación activa en organización terrorista o, en su caso, de realización de actividades de captación y adoctrinamiento para incitar a incorporarse a un grupo terrorista.

En su resolución, el magistrado asegura que Yassin el Mourabet mantenía contactos con cinco miembros del Estado Islámico (Daesh), entre ellos Ayoub el Khazzani, preso en Francia por su supuesta relación con el atentado contra un tren que cubría el trayecto entre Ámsterdam y París el pasado 21 de agosto.

El Mourabet se dedicaba a propagar en internet las consignas del Estado Islámico y a la captación de nuevos miembros. Así lo hizo con Essalhi, quien a su vez captó a Walid Oudra y al fugado Mostafá Dahouti. Las reuniones se celebraban tanto en sus propios domicilios como en «improvisadas mezquitas» en el barrio de la Cañada Real (Rivas-Vaciamadrid).

De Essalhi, el juez destaca su «pronunciado radicalismo religioso» y un «arraigado odio» hacia todo aquel que no comparte sus postulados. En una conversación telefónica interceptada por la Policía, reacciona airado ante la presencia de un grupo de jóvenes españoles «de fiesta con las caras pintadas» a quienes se cruza en el metro. «¡Maldita su raza, qué asco! Ya no les trago, les odio», le dice a su suegra.

A partir del pasado mayo, Essalhi empezó a ejercer como «maestro religioso y espiritual» de Oudra, quien en una conversación el pasado 9 de junio se despacha a gusto contra una comunidad de musulmanes practicantes del sufismo que se reúne en un local debajo de su casa. «Les voy a tirar una granada... Van a ser víctimas», amenazó. Llegaron, incluso a vigilarles durante una semana.

Tras su proceso de radicalización y debido a su «odio acérrimo» a los enemigos del islam, Oudra deseaba «cada vez con más fuerza abandonar el mundo» para «pasar al combate del lado de los muyahidines».