Puigdemont exigió inmunidad y liberar a los «Jordis» para frenar la DUI

Filtró que convocaría elecciones si el Gobierno frenaba la intervención en Cataluña y horas después se retractó. Rajoy insiste en que sólo graduará el 155 con garantías de legalidad.

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, regresa a su despacho tras la comparecencia que ha realizado esta tarde en el Palau de la Generalitat, en Barcelona. EFE/Alejandro García
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, regresa a su despacho tras la comparecencia que ha realizado esta tarde en el Palau de la Generalitat, en Barcelona. EFE/Alejandro García

Filtró que convocaría elecciones si el Gobierno frenaba la intervención en Cataluña y horas después se retractó. Rajoy insiste en que sólo graduará el 155 con garantías de legalidad.

«Todo ha sido otra bufonada. El presidente del Gobierno ha hablado con quien le ha pedido hablar. Ha escuchado a todo el mundo. Pero vista la trayectoria de Puigdemont, nunca hemos concedido credibilidad a la teoría, a la que por interés político ha dado aire el PSOE, de que podía haber una convocatoria legal de elecciones autonómicas y un regreso a la legalidad. Por eso Rajoy pedía garantías, y en vez de garantías lo que ha habido han sido exigencias y chantaje». De esta manera resumían ayer tarde en Moncloa los hechos que han marcado los últimos días y que ayer concluyeron con el anuncio «in extremis» por parte del presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, de que, finalmente, y tras horas de suspense, no convocaba comicios autonómicos «por no tener garantías de que no se aplicaba el 155», lo que supuso abrir la puerta a las especulaciones sobre que hoy se formalice la declaración unilateral de independencia. «O no», puntualizaban en Moncloa, con prudencia, porque si el día de ayer fue el «caos», para el de hoy el Gobierno no se atreve a anticipar escenarios, siempre dentro de «un realismo pesimista».

Ayer fue otra jornada en la que el independentismo hizo el ridículo, desacreditó las instituciones catalanas y evidenció que está profundamente dividido y que construye su día a día sobre la improvisación. De elecciones a no elecciones; de traidor para los suyos a de nuevo «el mesías Puigdemont» del soberanismo, que ayer hizo de palanca de presión en la calle; y de estar cercado en el Palau a ser jaleado con aplausos por sus fieles cuando anunció que no abrirá las urnas ajustándose a las reglas.

Rajoy ha recibido muchas presiones en las últimas horas para que hiciera «el gesto» de claudicar con el 155, para que se lo entregase en bandeja al independentismo antes de que fuera ratificado por el Senado porque a cambio habría elecciones autonómicas y se podría evitar el vértigo del la ejecución de la intervención del Gobierno catalán.

Pero el líder del PP se fía «cero» de Puigdemont, según su entorno, y pese a las presiones, las mediaciones socialistas y los nervios de algunos de los suyos, su respuesta no se ha movido de la decisión de aprobar el 155 incluso sin los votos del PSOE en la Cámara Alta. Como ha trasladado al PSOE en estas últimas horas, es una decisión necesaria aunque sólo sea, en el supuesto de que la Generalitat regresara en el último momento a la legalidad, para tenerlo ahí como un instrumento válido para reaccionar a nuevos «golpes» fuera de la ley de los secesionistas. Y graduar su aplicación en función de las decisiones de la Generalitat, pero con «garantías» previas por parte de Puigdemont. Éste último no ha buscado el contacto directo con Moncloa. Pero de manera interpuesta, entre sus condiciones no sólo figuró la demanda de que no se aplicase el 155, sino también otras contrapartidas como mantener el cargo, liberar a los «Jordis» (el presidente de la ANC y de Òmnium Cultural), y la inmunidad judicial. Él y todo su Gobierno tienen abierta una causa en el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) por desobediencia, prevaricación y malversación. El presidente de la Generalitat quería que la Fiscalía no iniciase más acciones judiciales contra los independentistas por el referéndum de autodeterminación del 1 de octubre. También la retirada de las Fuerzas de Seguridad del Estado de Cataluña.

Rajoy sigue hoy dispuesto a graduar el 155 si se garantiza un proceso electoral neutral y sin más veleidades soberanistas, porque esto entra dentro de sus facultades, pero no ha hecho ninguna oferta en materia judicial ni sobre la libertad de Jordi Sánchez y Jordi Cuixart. «La estrategia de Puigdemont demuestra qué visión tiene de la división de poderes», sentenciaban ayer tarde en Moncloa. La vía del «lendakari», Íñigo Urkullu, tampoco sirvió para cambiar la situación y así el Consejo de Ministros se convocará hoy o mañana, según cómo avance la jornada en el Senado, para activar de inmediato la intervención de Cataluña y el cese de Puigdemont y de todos sus consejeros. Salvo que haya otro giro en la estrategia del «president». «Ha vuelto a jugar con los espejos. Puigdemont es el responsable directo de la intervención en Cataluña», insisten en Moncloa. Fue el lunes pasado, por la noche, cuando Rajoy dio el golpe en la mesa y marcó las líneas rojas sobre las que no ha aceptado negociar: una vez aprobado por el Consejo de Ministros, el 155 tenía que ser ratificado por el Senado, aunque luego se graduase, porque en Cataluña no hay un problema de elecciones, si no de legalidad; si hacía falta lo aprobada sólo con sus votos; y Puigdemont tenía que cesar por su «deslealtad». En estos días Puigdemont también ha recibido presiones desde todos los ámbitos para que rectificara en su huida hacia adelante. Le han advertido de que la declaración unilateral de independencia, sin ningún apoyo exterior, sólo podría llevar «a un Gobierno en el exilio interior, aislado, y con su actual dirección en la cárcel», y le han reclamado, asimismo, que buscase salidas para gestionar la frustración de una calle que la Generalitat se ha dedicado a convertir en un incendio contra Madrid desde hace meses. «Prendieron fuego, y el fuego amenaza con quemarles ahora a ellos. No manda Puigdemont».