Rajoy confía en que el tiempo juega contra el soberanismo

Afronta esta semana con la previsión de que la presión evite la declaración de independencia

Rajoy, momentos antes de la entrevista a la agencia Efe
Rajoy, momentos antes de la entrevista a la agencia Efe

Afronta esta semana con la previsión de que la presión evite la declaración de independencia.

La consigna del Gobierno es que el tiempo daña la estrategia independentista. Y Mariano Rajoy es lo que está intentando hacer frente a las presiones internas y externas, ganar tiempo antes de aplicar medidas excepcionales en Cataluña «sin vuelta atrás», y que exigen, a su juicio, que la otra parte también haya elegido el camino sin retorno de la declaración unilateral de independencia.

El 1 de octubre fue un día malo para el Gobierno. Falló la información y falló la confianza en los Mossos, pero, en cualquier caso, en buena parte daban por descontado que iba a haber tensión en la calle e imágenes de enfrentamiento entre la Policía y la Guardia Civil. Que serían, además, rentabilizadas por la Generalitat. Pero Rajoy aguantó esa presión inicial y ha optado por seguir resistiendo sin moverse porque en el análisis del Ejecutivo el contexto juega en contra del soberanismo. La presión de la fuga de empresas y de símbolos económicos catalanes, la presión judicial y la presión de la división interna. Esta semana continúa la causa abierta por supuesto proceso de sedición contra la dirección de la policía autonómica, y las noticias que salgan de ahí pueden aumentar aún más el cerco a los actuales dirigentes catalanes.

En Moncloa sostienen que salvo que no haya más remedio, lo más inteligente es no adoptar medidas que puedan ser utilizadas por el soberanismo para coger oxígeno en una situación de «asfixia prácticamente total». En el puzzle catalán Rajoy ha optado siempre por el camino más prudente, por esperar si había alguna alternativa antes del camino más drástico, y por no actuar si esa actuación conllevaba más riesgos añadidos a los problemas que hoy ya existen.

Y Rajoy afronta esta semana decisiva con la idea de que la declaración unilateral de independencia es más difícil hoy que hace una semana, aunque ésta no fuera la impresión inicial después de la agitación que siguió al 1 de octubre. En el Gobierno sostienen que Carles Puigdemont y Oriol Junqueras están en la encrucijada final, y no se bajan de la teoría de que Puigdemont es el duro, y Junqueras, sin embargo, es más realista y pragmático.

Hace unos meses la tesis era que Junqueras no iba a dejar nunca que la situación llegase a este extremo porque aspiraba a ser presidente de la Generalitat. El pronóstico no se cumplió, pero ahora siguen dando por hecho que dentro de la división en el independentismo, Junqueras está más próximo a la teoría de Artur Mas de que hoy no se dan las condiciones para declarar la independencia.

Si la hubiera, el Gobierno tiene preparadas las salidas. Ha hecho consultas a nivel político, empresarial e internacional, y el artículo 155 de la Constitución está desarrollado, pero la conclusión del Ejecutivo es que no es una salida deseable ni una solución mágica. Rajoy prefiere el camino de que sea la crisis política interna dentro del independentismo y la presión judicial las que sigan actuando como freno del independentismo. «Puede parecer que el camino es más lento que disolver la autonomía, pero es más seguro», sostienen en medios gubernamentales.

El viernes pasado el presidente del Gobierno reiteró a Rivera la idea de que en estos momentos no hay fundamento jurídico para la aplicación del artículo 155 de la Constitución para convocar elecciones. En medios gubernamentales creen que unas elecciones autonómicas forzadas por el Estado pueden volverse en contra de los intereses del bloque constitucionalista porque sirvan como efecto revulsivo para los partidos que defienden la ruptura.

De hecho, las elecciones se ven como una salida sin alternativa, se celebren antes o después. La CUP no seguirá sosteniendo a la Generalitat si no se cumple su hoja de ruta, como ha estado sucediendo hasta ahora, y eso exige una declaración de independencia inmediata y sin soluciones intermedias. Si retira su apoyo al Gobierno catalán en un contexto de desgaste como el actual, antes o después Puigdemont tendrá que convocar elecciones, quiera o no quiera, sentencian en Madrid.

«La situación es agónica. Cuando no se puede, no se puede, y ellos han estado hasta ahora intentando ganar tiempo. Pero en estos momentos el tiempo juega más a nuestro favor», añaden. En las filas populares también valoraban ayer como un éxito la manifestación que recorrió las calles de Barcelona en favor de la unidad nacional. «Es el símbolo de que en Cataluña hay pluralidad.

Hay muchos catalanes que no son independentistas. Con una sociedad fracturada no puedes tomar decisiones tan excepcionales y que marcan el futuro de las siguientes generaciones como la de poner en marcha un proceso de independencia».