Rajoy no teme por la unidad del PP

El presidente del Gobierno se encargará la próxima semana de apaciguar el malestar de los barones por el déficit a la carta

Esta imagen se tomó en La Moncloa, un año después de que Rajoy ganara las elecciones en noviembre de 2011 para hacer balance del primer año de Gobierno. El líder del Ejecutivo y la vicepresidenta Saénz de Santamaría  han trabajado en lo que va de Legislatura «codo con codo».
Esta imagen se tomó en La Moncloa, un año después de que Rajoy ganara las elecciones en noviembre de 2011 para hacer balance del primer año de Gobierno. El líder del Ejecutivo y la vicepresidenta Saénz de Santamaría han trabajado en lo que va de Legislatura «codo con codo».

MADRID-En Moncloa sostienen que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, no está preocupado por la unidad del PP. Ni siquiera porque en estos momentos irrumpa con fuerza en la escena política el ex presidente José María Aznar apuntando contra líneas de flotación del discurso y de la acción de su Ejecutivo. «Rajoy está más molesto que preocupado», explica un «fontanero» monclovita. La realidad es que en unas circunstancias extremadamente difíciles como las actuales el partido ha respondido esta pasada semana como era lo previsible. Sin una voz más alta que la otra, con sus matices, eso sí. Ni siquiera por parte de quienes en estos momentos han empezado a marcar distancias con el Gobierno mirando hacia su imagen en sus respectivos territorios, como es el caso de presidentes autonómicos y de otros dirigentes regionales.

Para el presidente del Gobierno, el problema no es la disciplina del PP, y por eso la pasada semana llegó a decir, al ser preguntado por las declaraciones de Aznar, que él tiene que preocuparse de lo que realmente es importante. Su confianza en que el partido se comportará como «está enseñado a comportarse» se extiende incluso hasta al controvertido debate del déficit asimétrico. Esta semana se enfrentará a sus presidentes autonómicos para apaciguar su malestar e intentar llegar con una voz lo más uniforme posible a la reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera (CPFF) de principios de junio. El almuerzo de este lunes estaba cerrado desde antes de la entrevista de Aznar en Antena 3. El presidente ha llegado a trasladar a algunos de sus asesores, y también a nivel territorial, que él entiende que las difíciles circunstancias pueden obligar a que los dirigentes autonómicos busquen elementos de diferenciación con el Gobierno central, pero por encima de esos intereses puntuales cree que debe situarse el interés general. Su principal argumento para explicar el trato de su Gobierno a Cataluña, que tantos recelos ha generado, es que como presidente del Gobierno de España tiene que velar por el interés general, y que ésta es la única razón que mueve todas sus actuaciones. También con la Generalitat catalana. Como ya informó este periódico, en la medida de lo posible el Gobierno central compensará a las comunidades cumplidoras en función de algunas de sus necesidades más coyunturales. Y en eso está trabajando Hacienda para preparar así el terreno para que aquellos Gobiernos autonómicos que hicieron sus deberes durante el pasado año acepten que los que no los hicieron tengan más margen para cumplir con sus obligaciones de consolidación fiscal. Para ellos se baraja que el déficit se quede en el entorno del 1,8 por ciento. En las previsiones remitidas a Bruselas a finales de abril se situó el déficit de las comunidades en el 1,2 por ciento (frente al 0,7 por ciento previsto inicialmente por la Comisión Europea).

En clave doméstica, en el PP no se ve espacio para crisis internas, aunque haya debates y voces críticas, salvo que se llegara a una «situación extrema»: un escenario económico que no evolucione conforme a las previsiones del Gobierno y el descontrol de la «amenaza» soberanista catalana. Pero hasta un mal resultado en las próximas elecciones europeas se da por amortizado, por lo que en el terreno puramente de partido, Rajoy tiene margen para reconducir la situación hasta las autonómicas y municipales. Cree que cuenta con que no va a producirse el «estallido social» que, según un ministro, «algunos no dejan de desear que se produzca»; y que también barre a su favor la crisis interna que viven los socialistas, que puede explosionar en otoño o en primavera.

Después del verano, el Gobierno intentará recuperar fuerza política con la Convención Nacional del PP, un cónclave en el que todo el partido se pondrá al servicio del objetivo de apoyar a Rajoy y a la acción de su Gobierno. Génova está pensando en un modelo de Convención muy abierta en el debate, con importante presencia de expertos no militantes del partido y en la que se fomente la imagen de la interacción con la sociedad. En el camino, el obstáculo a sortear seguirá siendo el «caso Bárcenas», la evolución de la crisis y las cifras de paro. En el Gobierno, pro su parte, advierten de que ya tienen bastantes frentes abiertos como para abrirse otros nuevos con discusiones internas o acertando mal el tiro al poner en marcha algunas de las reformas comprometidas. Esto último alude a la reforma de la ley del aborto que, al menos según lo que se escucha en Moncloa, podría quedarse en el cajón de asuntos pendientes y no sacarse de allí hasta el próximo periodo de sesiones.