Rajoy quiere que la moción se debata rápido para «acortar la incertidumbre»

Cree que alargar los plazos dañaría la economía, pero la decisión corresponde a Pastor y Sánchez.

Cree que alargar los plazos dañaría la economía, pero la decisión corresponde a Pastor y Sánchez.

Si mandan las preferencias de la dirección popular, la moción de censura presentada por el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, se tramitará con la máxima rapidez posible. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, prefiere que se debata cuanto antes en el Congreso de los Diputados. La decisión corresponde a la presidenta del Congreso, Ana Pastor, en contacto con el candidato, como establece el Reglamento de la Cámara. Pero a nadie pasa por alto que el deseo del Ejecutivo mediará en la resolución que adopte Pastor. La Presidencia del Congreso es un cargo clave, que Rajoy, pese a estar en minoría en esta legislatura, se garantizó para una de las dirigentes de su partido de máxima confianza.

El primer argumento que dan desde la dirección popular para justificar la necesidad de que no se alargue el calendario es que es «necesario despejar dudas cuanto antes para que esta situación deteriore lo menos posible a la economía». Que urge acabar con la incertidumbre y la inestabilidad. Es cierto que la voladura de la legislatura ha puesto en alerta a los principales indicadores económicos, pero además hay un factor político que influye en esta urgencia de la cúpula popular. Cuanto más se alargue el proceso antes de que se celebre la moción, más desgaste cabe esperar para el Gobierno, mientras que la agilización de la votación acorta el margen de Sánchez para explotar la situación, e incluso para «su preparación y lucimiento».

El Reglamento del Congreso permite que a partir de este jueves, cinco días después de su presentación en registro, se pueda celebrar ya la votación, aunque tanta rapidez no es una opción muy verosímil teniendo en cuenta los plazos que Pastor estableció con la moción que presentó Podemos. La situación entonces era muy distinta porque no había dudas sobre que la votación la tenía perdida Pablo Iglesias y las semanas sólo sirvieron para que quedara en evidencia la desunión de la izquierda. Con ese factor jugó Rajoy, y también tuvo su influencia en el calendario. Era un pelea entre el PSOE y Podemos, ahora el PSOE cuenta con el apoyo por adelantado de Podemos y el pulso es con Cs. Con la sombra de la negociación con el flanco independentista.

Estado de alarma en el PP

En cualquier caso, esta moción de censura del PSOE «es fácil» que pueda debatirse antes de que los Presupuestos pasen su validación por el Senado, lo que está previsto para mediados de junio. Si saliera adelante, opción que no barajan en la cúpula del PP, el nuevo presidente del Gobierno podría disolver las Cortes, tal y como exige Cs, pero entonces los comicios se celebrarían en agosto, una fecha absurda por coincidir con la temporada alta de las vacaciones de verano.

La situación es de máxima preocupación dentro del PP por el desgaste de la marca y de la imagen de Rajoy. Es un estado de alarma que no se ha vivido hasta ahora dentro de las filas populares pese a las crisis que ya han hecho frente desde el Gobierno. Aunque en la dirección trasladan una confianza absoluta en que la iniciativa del jefe de la oposición no saldrá adelante por «la inviabilidad» del acuerdo entre el PSOE y Cs. «Ciudadanos pide que Sánchez retire la moción y acuerde otra para convocar elecciones con un candidato instrumental. Ciudadanos no quiere ver a Sánchez de presidente del Gobierno cuando las encuestas le van tan bien, y Sánchez no aceptará las condiciones de Ciudadanos porque a él no le interesan las elecciones, le interesa La Moncloa», contestan desde el Comité de Dirección popular ante la pregunta sobre la convocatoria de elecciones. «¿Quién habla de convocar elecciones después de la moción? La moción no va a salir adelante. Y Rajoy mantiene su decisión de agotar la legislatura», añaden, categóricos.

La confianza que manifiesta oficialmente la cúpula popular no calla las graves dudas sobre el futuro del partido que se asientan dentro de la organización política. El debate sobre la continuidad de Rajoy se ha complicado internamente porque, por un lado, crece la incertidumbre sobre la capacidad del líder popular de remontar desde el suelo hacia el que parece que sigue cayendo el partido, pero tampoco se ve ninguna alternativa sólida a lo que sigue representando Rajoy dentro del PP en estos momentos. Al contrario. Por lo que esta etapa crítica puede acabar afianzando aún más al presidente del Gobierno, salvo que falle, claro, la previsión popular de que la moción no salga adelante.

En el PP son conscientes de que el problema va más allá de la votación de la moción porque una vez que Ciudadanos ha encontrado en ella la razón para dar el paso de romper definitivamente con el Gobierno, lo que queda por delante no es más que un camino de choque total con todos los demás partidos sin poder medir hasta qué punto la factura de los casos de corrupción judicializados puede seguir dañando las posibilidades electorales futuras del PP. Ahora bien, los rumores sobre supuestos movimientos de rebelión contra el presidente del Gobierno no pueden ir en una línea más desencaminada. En el partido hay miedo y una profunda preocupación por la situación que atraviesan, pero nadie se mueve ni se moverá contra Rajoy para forzarle a dar un paso atrás salvo que sea la moción la que se lo lleve por delante. «Ni está decidido si habrá sucesión. Y si la hubiera, sería ordenada por Rajoy, no contra él», sentencia uno de los ministros que cuenta con más antigüedad en el Gobierno.