Rajoy vence a Rubalbárcenas

Niega todas las acusaciones del ex tesorero y se presenta como víctima de sus mentiras. Culpa a Rubalcaba de poner en peligro la estabilidad y garantiza que no dimitirá

Mariano Rajoy, arropado por dirigentes de su partido, en los pasillos del Senado
Mariano Rajoy, arropado por dirigentes de su partido, en los pasillos del Senado

Con una sólida y rotunda estrategia parlamentaria, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, volvió ayer a su favor el incómodo y difícil debate sobre el «caso Bárcenas». Un discurso brillante en lo dialéctico, combativo e implacable en el «tú a tú» con la oposición.

Con una sólida y rotunda estrategia parlamentaria, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, volvió ayer a su favor el incómodo y difícil debate sobre el «caso Bárcenas». Un discurso brillante en lo dialéctico, combativo e implacable en el «tú a tú» con la oposición. Rajoy tenía casi todo en contra, pero se impuso gracias a la que puede ser una sus mejores intervenciones en las Cortes, y, sobre todo, gracias a aplicarse la máxima de que la mejor defensa es un buen ataque. Lo lanzó con un cambio rotundo en la gestión de este delicado asunto que tanto está desgastando la imagen de su partido y la suya personal. Ayer desapareció el Rajoy contenido y esquivo con lo que rodea al ex tesorero del PP y se presentó ante el Pleno como la víctima de Bárcenas, desmintiendo categóricamente cualquier responsabilidad en el tinglado que éste haya podido montar para conseguir la inmensa fortuna que le han descubierto en el extranjero. Además, desde el primer momento se descargó el peso de la ausencia en su discurso del nombre del ex tesorero, citándole nada más subir a la tribuna, y buscó directamente el cuerpo a cuerpo con él.

Ayer rectificó y dijo lo que desde hace meses esperaban escuchar en las filas de su partido: que se equivocó al confiar en él, que el ex tesorero les ha engañado y les ha mentido, y solemnemente ratificó, asimismo, que todas sus acusaciones son falsas.

La toma de conciencia de esta equivocación la situó a principios de este año, cuando se conoció la comisión rogatoria que dejó al descubierto parte de la fortuna de Bárcenas en el extranjero. Y si en esas fechas Rajoy hubiera escenificado y verbalizado lo que ayer ejecutó, la oposición hubiera visto ya entonces muy reducido su margen para desgastar al Gobierno con este asunto. Por primera vez a Rajoy se le ha vuelto en contra su manera tan personal de manejar los tiempos, enfrentarse a los problemas e intentar derrotar al adversario por aburrimiento. «Me equivoqué al mantener la confianza en alguien que ahora sabemos que no la merecía», proclamó, sonoramente, ante el Pleno del Senado. En esta afirmación explicó cómo ha gestionado la ruptura con Bárcenas, las versiones contradictorias sobre su relación con él y también los SMS que el ex tesorero filtró cuando sabía que iba a entrar en la cárcel.

El fondo del mensaje del presidente es que no supo, no tiene constancia, de los tejemanejes de Bárcenas, y que por eso ha defendido su presunción de inocencia hasta el final. Y que éste presionó para conseguir un trato de favor que no le dieron y luego optó por poner en marcha una estrategia de represalia contra el PP. «Entendió que su mejor estrategia defensiva consistía en atacar al Partido Popular. El acusado tiene derecho a mentir, a esconder la verdad, a negar los hechos, a fantasear, a transferir su culpa a otros, a rodearse de circunloquios, a inventar excusas, pretextos, justificaciones», argumentó Rajoy, en alusión a Bárcenas. Según resaltó, todo su papel «en esta historia» ha sido el de «dar crédito» a Bárcenas, apoyarle y creer en su inocencia hasta que, a los cuatros años de iniciadas las investigaciones, llegaron datos que confirmaban la existencia de cuentas millonarias en Suiza no declaradas a la Hacienda Pública. «Cometí el error de creer a un falso inocente, pero no el delito de encubrir a un presunto culpable», añadió. ¿Pero por qué tardó tanto en romper del todo con él? Su explicación fue que el caso arrancó en vísperas de varios procesos electorales y mezclado con la cacería del juez Garzón con el entonces ministro de Justicia, el socialista Mariano Fernández Bermejo, que tuvo que presentar la dimisión. Y porque hasta la Fiscalía señaló en un primer momento que no existían indicios suficientes para imputarle y el Tribunal Superior de Justicia de Madrid archivó en julio de 2011 la causa contra él, y en octubre de ese mismo año ratificó el archivo. «Yo no puedo decirles otra cosa, sino que son falsas sus acusaciones, son falsas sus medias verdades y son falsas las interpretaciones de la media docena de verdades que emplea como cobertura de sus falsedades», apostilló Rajoy. A partir de ahí, negó la doble contabilidad y sobresueldos en B. «Por lo que a mí respecta, les aseguro que siempre he declarado todos mis ingresos», matizó. Añadiendo otra precisión, también en su nombre: «En lo que a mí se refiere, estamos ante una asombrosa e imaginativa colección de falsedades, como el tiempo y la Justicia demostrarán». Rajoy sostuvo que lo que dice Bárcenas «no es cierto» y, una vez comprometida su palabra en nombre de su partido y en su nombre, se remitió a lo que sentencie ahora la Justicia. Sabe que pese a su rotundidad en la negación, no puede impedir que el caso siga vivo después del verano y que la oposición lo utilice como elemento de desgaste, y por eso reclama la máxima celeridad en la resolución judicial.

Rajoy fue muy duro en su censura al PSOE. Y denunció que se le había convocado a un Pleno de explicaciones cuando ya estaba decidido el veredicto de culpabilidad. Bajo este escudo no bajó al detalle de algunas de las preguntas que le dejaron los otros portavoces y solemnizó, mirando a Alfredo Pérez Rubalcaba, que ni va a dimitir ni va a convocar elecciones porque es «una persona recta y honrada» y no ha cometido ningún delito. Su «ataque» a Alfredo Pérez Rubalcaba fue corrosivo. Utilizó declaraciones suyas para dejar en evidencia sus contradicciones actuales, le acusó de poner en peligro la estabilidad de España y se sirvió de su nombre para apuntar contra «El Mundo» por «tergiversar» y «manipular».

Dieciséis veces citó a Bárcenas

A. Macario- Madrid

Aunque los sectores más contrarios al Gobierno habían acusado directamente al presidente de tener miedo a pronunciar la palabra «Bárcenas», hasta dieciséis veces salió ayer de los labios de Mariano Rajoy el nombre del ex tesorero del Partido Popular durante su discurso inicial en la sesión plenaria que se celebró en el Senado. Lo hizo por primera vez casi al principio, tras expresar su apoyo a las familias de las víctimas del descarrilamiento del tren de Santiago de Compostela, y no tuvo ningún reparo en volver a hacerlo en múltiples ocasiones a lo largo de los más de 60 minutos que duró su intervención. De hecho, Rajoy se refirió al antiguo gestor de su partido el doble de veces más que al líder de la oposición (la palabra «Rubalcaba» fue pronunciada en ocho ocasiones) y sólo dos veces menos que al «Gobierno», al que nombró explícitamente en 18 veces. Tampoco tuvo ningún reparo con el término «tesorero», que apareció hasta en seis ocasiones en las declaraciones del jefe del Ejecutivo. Ni con «moción» o «censura», que fueron de las más utilizadas, con 13 y 14 usos, respectivamente. De entre las palabras que Rajoy manejó en un mayor número de ocasiones destacan, especialmente, «España», utilizada 25 veces; «Justicia», doce veces; y «confianza», repetida hasta once veces. También llaman la atención los vocablos «fin» y «cita», que fueron pronunciados en diez y nueve ocasiones, respectivamente, y que protagonizaron la anécdota de la jornada en las redes sociales. Los usuarios llegaron a convertirlos rápidamente en un «trending topic» a nivel mundial tras escuchar a Rajoy repetir una y otra vez el mantra «fin de la cita» en su discurso inicial. Una alusión indirecta al líder de la oposición para enfrentar su pasado con su actitud presente.