“Reconocer la plurinacionalidad del Estado es como meter escorpiones en una botella”

En “Diccionario de lugares comunes sobre Cataluña”, el diplomático y analista político Juan Claudio de Ramón Jacob-Erns analiza las frases hechas tan repetidas por el independentismo y desmonta sus argumentos falaces

En “Diccionario de lugares comunes sobre Cataluña”, el diplomático y analista político Juan Claudio de Ramón Jacob-Erns analiza las frases hechas tan repetidas por el independentismo y desmonta sus argumentos falaces.

El «procés» catalán ha generado este último año un aluvión de libros publicados, alrededor de doscientos. El «Diccionario de lugares comunes sobre Cataluña» (Deusto), de Juan Claudio de Ramón Jacob-Erns, lo aborda desde un ángulo distinto. Como dice el subtítulo, es un «breviario de tópicos, recetas fallidas e ideas que no funcionan para resolver la crisis catalana». El conflicto ha generado una retahíla de frases hechas repetidas como un mantra, muchas veces vacías de contenido. El libro del diplomático desmonta cada uno de los falaces argumentos del independentismo.

–¿Se ha ido demasiado lejos en Cataluña? ¿Por qué se ha llegado a esta situación?

–Principalmente, por dejadez e inacción de las élites que debían dirigir el país, a derecha e izquierda. La clase política se acomodó en un equilibrio que no era sostenible: el pacto con un nacionalismo subestatal, en la confianza de que este nunca rompería.

–¿El origen fue el Estatut?

–Este no es el origen del tema catalán, pero sí del actual ciclo del problema. Fue un error hacerlo, porque nadie lo estaba pidiendo y será un error hacer otro si se concibe como el primero: intentando encajarlo a martillazos en la Constitución y sin consenso.

–¿Es igual «nacionalista» que «independentista»?

–Potencialmente, es lo mismo. El nacionalista siempre quiere su Estado, es la definición estándar de nacionalismo.

–¿Son tramposos los independentistas? ¿Sobre qué construyen su discurso?

–Sobre mentiras, exageraciones, medias verdades. Sobre todo, lo construyen sobre la golosísima droga del victimismo.

–¿Están haciendo un uso perverso el lenguaje?

–No tanto perverso como estratégico. Dan a las palabras el significado que les interesa, a veces muy distinto del convencionalmente aceptado.

–¿Tiene miedo la izquierda a enfrentarse con el nacionalismo catalán?

–Miedo implicaría que piensan de manera distinta y que el temor hace que callen. No creo que sea eso. El mal de una parte de la izquierda –recalco, una parte, no toda– no es el miedo al nacionalismo, sino el sectarismo. Sencillamente, desprecian más a la derecha democrática que al secesionismo. Un amigo lo llama la maldición de la izquierda posicional: una parte de ella prefiere equivocarse con los nacionalistas que acertar con la derecha.

–¿Hay demasiados complejos por parte del Estado?

–Un Estado no tiene complejos, como mucho los pueden tener los políticos. Yo no hablaría de complejos, prefiero definirlo como falta de intensidad en las convicciones.

–¿Tienen supuestamente motivos para sentirse como una colonia asediada?

–Ninguno.

–¿Han entrado en una deriva emocional que imposibilita el razonamiento?

–Lo hace muy difícil, sí. Arias Maldonado lo llama «integrismo sentimental» y me parece buen término.

–¿El ascenso de Vox tiene que ver con la crisis catalana?

–Por supuesto, pero no es la reacción del resto de España, sino de algunos españoles, por ahora, pocos, en la que confluyen otros motivos e inclinaciones sin relación con la crisis catalana.

–¿Le preocupa la imagen de país represor sin libertades que venden fuera de España?

–Me fastidia más que me preocupa, porque el impacto es superficial y la imagen global de España es buena. Soy diplomático y sé por experiencia que España es un país que cae bien de manera espontánea.

–Algunos de los tópicos que rebate en su libro. «Hace falta tender puentes». «No hay que levantar muros».

–De acuerdo con tender puentes, pero no con los mismos defectos de construcción que los que se cayeron. No hay que levantar muros, pero tampoco verjas, que parece ser la solución preferida por algunos.

–«La lengua española no está perseguida. La inmersión lingüística es un modelo de éxito».

–La lengua española no está perseguida, es cierto. Está excluida. La parte de éxito que pueda tener la inmersión se consigue igual con un sistema monolingüe. La finalidad última es política: extinguir un nexo cultural con el resto de los españoles, como es el dominio del castellano.

–«Hay que reconocer la plurinacionalidad del Estado».

–Error. Es como meter escorpiones en una botella.

–«En España hay personas con distinto sentimiento nacional».

–Eso es cierto, pero de ahí no se sigue normativamente que el Estado deba ser plurinacional. Basta una nación identitariamente laica.

–«Hay que dialogar».

–Respetando la ley, que es lo previamente dialogado, como dice Savater.

–«El federalismo es la solución».

–La falta de federalismo no es el problema, pero la técnica federal, rectamente comprendida y aplicada, puede ser parte de la solución.