Sánchez e Iglesias se citan el día 30 para formar un gobierno anti-Rajoy

PSOE y Podemos no ceden en sus respectivas posturas y sólo se ponen de acuerdo en «poner fin al Gobierno del PP».

El líder del PSOE, Pedro Sánchez y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, en la reunión que mantuvieron el pasado mes de febrero.
El líder del PSOE, Pedro Sánchez y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, en la reunión que mantuvieron el pasado mes de febrero.

PSOE y Podemos no ceden en sus respectivas posturas y sólo se ponen de acuerdo en «poner fin al Gobierno del PP».

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias mantuvieron ayer una conversación telefónica donde, por enésima vez, se manifestaron mutuamente la voluntad de «abrir un nuevo marco de diálogo» y «abrir un nuevo tiempo político». Más allá de en fórmulas vacías de significado como las entrecomilladas en la frase anterior, lo único en lo que ambos secretarios generales parecen estar de acuerdo es en «la necesidad de que haya un gobierno alternativo al de Mariano Rajoy». Lo esperpéntico de la conversación de ayer queda patente al recordar que Sánchez e Iglesias ya estaban de acuerdo en este punto el 21 de diciembre y que han pasado tres meses en los que el representante de la vieja política y el de la nueva –los dos por igual– han mantenido un florido intercambio de declaraciones y escenificado una confusa coreografía de giros estratégicos que, finalmente, les ha dejado exactamente en la misma casilla en la que estaban al principio: hay que echar a Rajoy de La Moncloa. Mientras, España no está más cerca hoy de lo que lo estaba en diciembre de tener un nuevo gobierno. La noticia de que Sánchez e Iglesias han quedado en reunirse el próximo miércoles 30 de marzo «para abrir el diálogo entre el PSOE y Podemos» no invita a disipar el escepticismo de que el país pueda librarse en un futuro próximo de la situación de inestabilidad institucional en el que le mantienen la incapacidad del conjunto de fuerzas políticas para formar gobierno de un signo o de otro.

La nota que hicieron pública los servicios de prensa de ambos partidos informaba de que la conversación telefónica fue finalmente realizada por Sánchez después de coordinarse con Iglesias a través de Telegram. Los 30 minutos de charla entre ambos líderes se desarrollaron, según la misma nota, en «tono muy cordial». A continuación –cabe pensar que para romper el hielo– Sánchez e Iglesias se pusieron a hablar «de la situación internacional» y «la crisis de refugiados». En este punto parece que sí hubo sintonía entre ambos secretarios generales, si bien el acuerdo fue en una obviedad del calibre de que «la defensa de los derechos humanos debe trazar las líneas de la política europea». Tampoco causó una gran sorpresa enterarse de que tanto Sánchez como Iglesias «comparten también la preocupación por la amenaza del terrorismo yihadista» y creen importante «defender la unidad de las fuerzas políticas por encima de cualquier otra diferencia». Sin embargo, Podemos sigue negándose a suscribir el Pacto Antiyihadista, al que sólo asiste en calidad de observador, sin comprometerse a defender las decisiones suscritas, una actitud que no ha merecido aun la censura pública del partido socialista. Sólo el vicesecretario general de Ciudadanos, José Manuel Villegas, señaló esta contradicción el día de los atentados, a la que se refirió como una «anomalía».

Otro punto en el que existe aparente acuerdo en la preocupación que sienten por «las formas de un gobierno interino que no respeta al parlamento». Sánchez e Iglesias departieron asimismo de las diversas reformas que necesita España, no sólo «en materia constitucional sino también fiscal y laboral y de regeneración democrática». «Hay muchos puntos en común», afirma la nota publicada sin concretar ninguno. Pedro Sánchez cree que «muchos de ellos» están incluidos en el acuerdo firmado con Ciudadanos, un acuerdo que para el PSOE «está vigente y abierto a otros partidos». Para «Pablo» –la nota habla de ambos secretarios generales por sus nombres de pila– «la mejor inspiración para el futuro de España es el gobierno de la comunidad valenciana». Afortunadamente, la nota asegura que «en cualquier caso, hay respeto mutuo por las visiones respectivas y en ningún caso impiden el diálogo». El comunicado deja claro también de que existe una «firme voluntad de evitar nuevas elecciones y conseguir un gobierno de cambio y estable».

A pesar de las fórmulas retóricas utilizadas en la nota que informaba de la conversación telefónica queda claro que ni el líder de la izquierda ni el de la extrema izquierda se encuentran más cerca de alcanzar un acuerdo ni han cedido en sus posicione iniciales. Por un lado, Sánchez sigue insistiendo en que su acuerdo con Ciudadanos es firme y Podemos debería sumarse a el para enviar que Mariano Rajoy siga en La Moncloa. En cuanto a Pablo Iglesias, su defensa de un pacto a la Valenciana es igual de férrea desde que el 13 de enero ofreciera su apoyo al PSOE a cambio de una «supervicepresidencia» para él mismo y la mitad de las carteras del nuevo Gobierno para Podemos. «Inmovilismo» y «bunker» son dos palabras que acuden a la mente al contemplan el ritmo de las conversaciones entre ambos partidos, si bien en un contexto distinto al que suele utilizar el propio Iglesias.

Durante el día de ayer el gran ausente fue Ciudadanos. Como suele ser habitual en la formación que dirige Albert Ribera, no hubo ninguna valoración sobre la conversación entre Sánchez e Iglesias. Si bien es cierto que Ciudadanos suele dejar pasar 24 horas antes de ofrecer una valoración, no deja de sorprender el mutismo del partido naranja mientras sus socios ponen la nave socialista rumbo a un pacto incompatible con su ideario en numerosos puntos, principalmente el de la unidad de España. La complacencia con la que Ciudadanos está viendo la cauta aproximación entre PSOE y Podemos podría hacerse comprensible si el diálogo entre ambos partidos estuviera encaminado a facilitar la abstención de los de Iglesias.