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Sánchez irá a una investidura entre el 5 y el 10 de julio incluso sin apoyos

Ferraz carga contra Rivera, mientras le pide la abstención: «Solo le falta integrarse en el PP».

  • El secretario de Organización del PSOE y ministro de Fomento en funciones, José Luis Ábalos, durante la rueda de prensa que ofreció este lunes en la sede de Ferraz / Foto: Efe
    El secretario de Organización del PSOE y ministro de Fomento en funciones, José Luis Ábalos, durante la rueda de prensa que ofreció este lunes en la sede de Ferraz / Foto: Efe

Tiempo de lectura 4 min.

18 de junio de 2019. 05:07h

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Ainhoa Martínez 17/6/2019

La hoja de ruta que Moncloa se ha fijado para revalidar el poder pasa por ejercer presión en lugar de persuasión. Con negociaciones a baja intensidad, los mensajes que el PSOE emite públicamente hacia sus eventuales socios plantean una suerte de escenario límite, en el que estos partidos deberán decidir si facilitan o bloquean la investidura, sin ofrecer –los socialistas– contrapartida alguna a cambio. «Los apoyos se decidirán en ese momento». Si hace una semana José Luis Ábalos amagaba desde Ferraz con una repetición electoral, en caso de que no se permita llegar a Sánchez al poder, ayer confirmó que el candidato socialista está dispuesto a someterse a una investidura aunque no tenga los votos necesarios para superarla. «No vamos a entrar en una espiral de condicionar esa investidura, de si hay apoyos o no hay apoyos.

A la investidura nos presentaremos porque la prioridad es que haya Gobierno en España», destacó. Esta es la situación que se da a día de hoy y la investidura fallida es el trámite imprescindible para poner en marcha el «reloj de la democracia» que fije día y hora a la disolución de las Cortes en caso de que en los dos meses siguientes no se alcance ninguna mayoría solvente que resuelva la gobernabilidad del país.

La jugada, aparentemente, se encuadraría en la estrategia «win-win» del gurú de Moncloa Iván Redondo, pues aunque Sánchez pueda sufrir un ligero desgaste al perder las dos votaciones en el Congreso, el debate de investidura le servirá para capitalizar el foco mediático como hombre de Estado y retratar de forma conjunta a todas las formaciones políticas que decidan bloquearle. Una estrategia similar a la que se desplegó con los Presupuestos y que daría al PSOE la coartada de que las derechas fomentan la inestabilidad, en caso de que se produzca una nueva cita con las urnas.

Además, iniciar la cuenta atrás para la disolución de las Cortes aporta un fuerte componente de presión sobre Unidas Podemos para que desista de su intención de formar parte del Consejo de Ministros.

Sánchez quiere tener «gobierno cuanto antes» y esto, según fuentes consultadas, supondría fijar el debate de investidura para dentro de tres semanas, entre el 5 y el 10 de julio. «Hay que asumir el mandato de las urnas y el mandato del Rey», señaló ayer el secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, confirmando lo que ya publicó este diario, que Sánchez está dispuesto a fracasar en un primer intento para presionar al resto de actores políticos. Los socialistas persiguen un doble objetivo: forzar la abstención de PP y Ciudadanos y que Podemos desista de entrar en el Ejecutivo. Ábalos volvió a cargar contra la formación de Albert Rivera a quien, tras fulminar la entente con Manuel Valls, cree que solo le queda «integrarse en el PP». «Podrían haber tenido un papel más relevante en la formación de los ayuntamientos, si hubieran optado por la moderación», se lamentó el secretario de Organización, al tiempo que censuraba la estrategia política de los naranjas, que venían a regenerar y han acabado aliados con la extrema derecha. «Venían a superar al PP y le han acabado apuntalando». No obstante, tras el reproche vino la demanda de que permitan un gobierno por la estabilidad del país.

Por el flanco izquierdo la opciones sí están claras en cuanto a Podemos, pero menos en cuanto a la forma en la que se procederá a la «cooperación» gubernamental. «Cooperación no es coalición», reiteró Ábalos, haciendo hincapié en que los números no salen y sin cerrar la puerta a que se puedan alcanzar acuerdos de Estado en todas direcciones y con otras fuerzas políticas una vez que se constituya el gabinete. «Las reuniones van a seguir», anticipó, aunque el calendario de Sánchez con citas internacionales como el Consejo Europeo esta semana y el G-20 en Osaka la próxima, no facilitan la interlocución directa.

Mención aparte merecen el resto de formaciones políticas que pueden hacer presidente a Sánchez. La «vía Navarra» sigue abierta, mientras María Chivite no sea investida presidenta de Navarra con la abstención de Bildu. También la opción de los independentistas, aunque en Moncloa no se sienten cómodos dependiendo de sus vaivenes y en un otoño que promete caldearse con la sentencia del «procés».

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