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«Soria ha sido un mentiroso compulsivo»

Dirigentes populares confirman el «ocaso político» del ex ministro y aseguran que ha pasado de gozar de la confianza de Mariano Rajoy a decepcionarle «en lo más hondo»

Dirigentes populares confirman el «ocaso político» del ex ministro y aseguran que ha pasado de gozar de la confianza de Mariano Rajoy a decepcionarle «en lo más hondo»

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«Éste buscaba la gloria y se ha quedado en el ocaso». La frase corresponde a un diputado del PP en Canarias con veteranía en el Congreso y define la personalidad y ambiciones de José Manuel Soria López, un hombre con políticos aires de grandeza, ex ministro del gobierno de Rajoy, de cuya amistad personal siempre presumía. Pero su vertiginosa carrera desde la Alcaldía de Las Palmas hasta el poder nacional se vio truncada por su propia manera de ser y actuar. «Soria ha sido un mentiroso compulsivo», aseguran algunos ministros antiguos compañeros de Gabinete, dirigentes populares y periodistas en el archipiélago que han seguido su trayectoria. Quien fuera ministro de Energía, Industria y Turismo cavó su final por unos papeles en Panamá y una lujosa estancia pagada en República Dominicana. Siempre negó todos los hechos, pero la realidad y la Justicia le dieron un sonoro varapalo. Dimitido del Gobierno, aislado del partido en las islas y condenado frente a unas acusaciones informativas que un juez ha dado por ciertas, hoy es un hombre caído en desgracia. Como dice alguien que trabajó varios años a su lado: «El Caribe y sus mentiras se lo llevaron por delante».

La historia política de José Manuel Soria es de ascenso fulgurante. Acumuló todo el poder regional del partido, donde le llamaban «el Aznar de las islas» por su gran parecido físico con el ex presidente del Gobierno. Llegó a Madrid con una cartera ministerial de enorme influencia estratégica. Se ganó la confianza de Mariano Rajoy, que siempre le agradeció el trato personal con su padre cuando, ya viudo y anciano, pasaba largas temporadas en Las Palmas de Gran Canaria, dónde Soria era alcalde. Y hasta estuvo en las quinielas como un posible sucesor, algo que él filtraba mientras tocaba «muchos callos» en los influyentes sectores de su departamento. Pero todo se derrumbó no sólo por unos papeles y una estancia «a todo tren y de gorra», en palabras de diputados del PP, sino por su enorme torpeza ante las exigencias de una explicación pública. Ello ha sido el final de José Manuel Soria López, un hombre mediático y ambicioso, que no calculó bien la peligrosa ecuación entre política y negocios. Hace ya tiempo que su nombre era un clamor en el entramado societario de Panamá y, peor aún, en el oasis fiscal de Jersey. En su entorno reconocen que no quiso, y tal vez ni supo, verlo y controlarlo. En el Congreso aún recuerdan sus desplantes ante el propio grupo parlamentario popular para viajar a Canarias por asuntos particulares.

El siguiente torpedo fue su estancia en uno de los más lujosos «resort» de Punta Cana, en República Dominicana, propiedad de su íntimo amigo Enrique Martinón. Soria aseguraba haber pasado solo dos noches en el Hotel Breatheless pagadas de su bolsillo, pero la realidad fue bien distinta. El entonces ministro de Turismo se alojó cuatro noches junto a su esposa en una lujosa suite con derecho a salón, comedor, jacuzzi y mayordomo privado, invitado por Martinon, tal como denunciaron en su día dos periodistas, uno de ellos muy conocido en Canarias. Soria montó en cólera, se paseó por todos los platós televisivos negándolo y demandó a los informadores por atentado contra su honor. Perdió de calle y el juez de instrucción número 99 de Madrid, Ramón Badiola, emitió un durísimo auto, dio la razón a los periodistas y le condenó a pagar las costas. El juez acreditó que la estancia del matrimonio Soria fue íntegramente abonada por su anfitrión, el empresario Enrique Martinon, que les acompañó durante esos días en agosto de 2015. El ex ministro había justificado sus pagos con un resguardo de su tarjeta Visa de setenta euros, cuando el precio de la «suite» es de 1.300 por noche. Las relaciones entre Soria y Martinon vienen de lejos, pues el ex ministro suele veranear en otro hotel propiedad del empresario en Lanzarote declarado ilegal. El alcalde que autorizó su construcción está hoy en la cárcel por corrupción.

En círculos políticos y económicos, su ocaso se veía venir. Hace tiempo, cuando todavía estaba en el Gobierno y su nombre ya sonaba en la trama panameña, dos destacados empresarios del Ibex, pioneros en el sector energético, coincidieron en el reservado de un restaurante madrileño con un alto dirigente del PP. La frase de uno de ellos fue elocuente: «Al canario le van a cortar las alas». Acertó de pleno. José Manuel Soria había estado muchas veces en el punto de mira. Unas, por esas vacaciones caribeñas sospechosamente pagadas. Otras, por sus desafíos a empresarios de los sectores de su potente ministerio, eléctricas, energía, turismo. «Le gusta tocar las narices y es bastante ineficaz», decían destacados empresarios. Y, sobre todo, por los profundos enfrentamientos con Soraya Sáenz de Santamaría y el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. Con la primera, mantuvo fuertes divergencias por el área audiovisual. Y con el segundo, estaba a la greña por la regulación energética y la política tarifaria. «Iba de sobrado, con mucha pose y poco contenido». Así define un ministro «pata negra» del Gobierno, incluso amigo suyo, la actuación de Soria en los conflictos de su departamento. Sin hacer leña del árbol caído, es la misma percepción de varios dirigentes en Génova trece, donde se le instó repetidamente a controlar mejor el PP en Canarias. El malestar creció cuando hubo filtraciones sobre la figura de Soria para suceder a María Dolores de Cospedal al frente de la Secretaría General. Según fuentes del PP, el canario alardeaba siempre de su amistad con Rajoy, de pertenecer a su círculo próximo y de liderar el llamado G-8. Es decir, el grupo de ministros enfrentados a los llamados «sorayos», fieles a la vicepresidenta. En su juego de ambiciones, no calculó la jugada. «A Mariano le ha decepcionado hasta lo más hondo», admiten ahora en Moncloa y Génova. Prueba de ello fue el altercado que tuvo en los pasillos del Congreso, escuchado por algunos periodistas: «Calladito estás mejor», le espetó el Jefe de Gabinete de Rajoy, el catalán Jorge Moragas, cuando afloró la trama de Panamá.

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El hombre que hoy es un cadáver político creció en una familia muy conocida de terratenientes y exportadores de hortalizas cultivadas en los invernaderos de Teide, en Las Palmas de Gran Canaria. Su padre, Manuel Soria Segovia, era un empleado de Iberia en la isla quien, al casarse con la hija de un acaudalado empresario agrícola, Pilar López, heredó la empresa familiar. Tuvieron seis hijos, pero al fallecer su padre, fueron José Manuel y su hermano Luis Alberto, los únicos varones, quienes tomaron las riendas del negocio familiar. Según cuentan en la isla, la familia se exilió en Londres durante un tiempo por problemas fiscales, por lo que el menor, Luis Alberto, nació en la capital británica y todos ellos hablan un perfecto inglés. Amigos canarios coinciden en que ambos están muy unidos, aún con diferencias de carácter. Luis Alberto es un economista tímido, gris y tecnócrata. Mientras José Manuel es técnico comercial del Estado, brillante, locuaz y siempre tuvo ambiciones políticas.

Soria incrementó las raíces empresariales en las islas también en su vida personal. Se casó con su novia de la infancia, Carmen, hija de un ilustre empresario agrícola canario, Antonio Benítez Calixto. Ella es procuradora de un influyente despacho de abogados y ejerció de primera dama en su etapa como alcalde de Las Palmas. Muy atractiva, «de gracejo», como dicen sus amigos, trabajó en temas polémicos como el caso de Caja Canarias y otras empresas del sector eléctrico y energético reguladas por el ministerio de su marido. Ello provocó fuertes críticas en el PP de Canarias, por entender que perjudicaba la imagen de Soria y el partido. «El tema estaba larvado y por eso estalló del todo», reconocen dirigentes populares en el archipiélago. La pareja tiene dos hijos, Manuel y Margarita, vinculados al mundo del derecho y la empresa, aunque en su entorno niegan que hayan sido unos «enchufados» de su padre. Tras su dimisión, Soria se recluyó en su finca familiar de Las Palmas, que cambió por una casa anterior más sencilla en el municipio de Tafira, dónde hace meses se produjo un extraño robo de documentos nunca explicado. Lo cierto es que José Manuel Soria vive el ocaso de su vida política. Obsesionado por el deporte, la dieta y su forma física, quiso volar y se quedó con las alas rotas en el camino. Así lo describe un alto dirigente del PP que bien le conoce: «Pisó el plátano sin saber que resbalaba». El canario mintió y ha dejado de cantar.

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La sentencia

Soria demandó a los periodistas que publicaron que el entonces ministro de Industria Energía y Turismo disfrutó de unos días de vacaciones pagados por el empresario hotelero Enrique Martinón en República Dominicana por considerar que se vulneró su derecho al honor. La jurisprudencia del Constitucional y del Supremo da prioridad al derecho de libertad de información cuando concurren dos requisitos: relevancia pública de la noticia y veracidad de la información. El juez de Primera Instancia Ramón Badiola considera que en caso de Soria estos dos requisitos se cumplen. Por un lado el demandante era ministro del Gobierno cuando tuvieron lugar los hechos de la noticia y, por otro, Soria no consiguió acreditar que se le cobrara la estancia en el hotel de lujo dominicano. Sólo aportó un recibo de un pago de escaso valor realizado con su tarjeta cuando la suite costaba más de 1.000 euros al día. Al desestimarse la demanda, el juez impone las costas del juicio a Soria.

►Interés General

El magistrado considera que la noticia por la que demandó Soria queda protegida por el derecho a la libertad de información por ser el demandante ministro del Gobierno.

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►Veracidad

Los periodistas que firmaron la noticia se desplazaron a República Dominicana para comprobar la veracidad de la información.

►1.300 euros la noche

El recibo presentado por Soria no llegaba ni de lejos al precio de la suite de lujo a la que fue invitado.

►Costas judiciales

Al desestimarse la demanda, Soria deberá pagar los costes del procedimiento judicial que el mismo inició.