Toda la presión (interna) para Iglesias

Sectores críticos acentúan los reproches a Podemos por empecinarse en exigir un gobierno de coalición y señalan la responsabilidad de su líder.

El líder de Podemos, en un imagen en el Congreso / Foto: Alberto R. Roldán
El líder de Podemos, en un imagen en el Congreso / Foto: Alberto R. Roldán

Sectores críticos acentúan los reproches a Podemos por empecinarse en exigir un gobierno de coalición y señalan la responsabilidad de su líder.

Rocío Esteban - El fracaso de las negociaciones entre PSOE y Podemos en estos dos meses vuelve a retrotraer a la formación morada a sus difíciles meses internos de crisis interna – las últimas por los resultados en las urnas – y las miradas vuelven a fijarse en la figura de su secretario general. Planteamientos distintos en cuanto a la estrategia seguida por Pablo Iglesias respecto a su oposición frontal a propiciar un Gobierno socialista si su equipo de confianza no entra en el Gabinete del Ejecutivo son las principales razones para que su liderazgo vuelva a cuestionarse.

Dentro del partido hay voces que, en público y en privado, ligan a su nombre el resultado de la investidura fallida y señalan ya su culpabilidad y su incapacidad para negociar un acuerdo con el PSOE. Creen que Iglesias «fiaba la entrada de Podemos en el Gobierno para blindarse ante sus malos resultados en las urnas» y abiertamente piden ya un «gobierno a la portuguesa», es decir, apoyo externo al Gobierno en solitario socialista ante la posición de Moncloa que da por enterrada la vía de la coalición para septiembre.

Mientras, el partido trata de frenar la crisis enarbolando como defensa el «ejercicio democrático» que hizo el propio Iglesias renunciando a entrar en el Gabinete ministerial. El fin, no salir debilitado ante sus votantes, con la vista puesta en unas hipotéticas elecciones, de no fructificar en septiembre una segunda investidura. Son conscientes de las diferencias que existen dentro del grupo en cuanto a seguir reclamando o no un gobierno de coalición, pero cierran filas en torno a su líder asegurando que se encuentran debatiendo todas las sensibilidades existentes y que asumen esa diversidad de opiniones. Este no es el único debate que sostiene la formación, que también deberá sortear la amenaza de un Vistalegre 3, el órgano con mayor capacidad de decisión dentro del partido y que de cobrar fuerza su adelanto, precipitaría la renovación del liderazgos.

Andalucía e IU

Desde el sur, el portavoz de Podemos en Andalucía, Raúl Camargo, critica abiertamente en una entrevista con Ep que el liderazgo de Iglesias «no ha sido positivo» para la formación y reflexiona que una vez finalice el ciclo de elecciones e investidura, la izquierda alternativa debe ir hacia una «reconfiguración del espacio en el que se den fórmulas de cooperación entre actores políticos más abiertas y menos dañinas que las llevadas a cabo por la dirección del partido». Se suma la líder de Podemos en Andalucía, Teresa Rodríguez, que se ha desmarcado de la línea impuesta por Iglesias y pide cerrar un acuerdo programático con el PSOE, sin entrar en el Ejecutivo.

Dentro de la coalición electoral, Izquierda Unida apunta en la misma dirección. Fue la primera marca dentro del grupo parlamentario que, hasta minutos antes de que se produjera la segunda votación del 25-J, trató de convencer al núcleo de Podemos de virar de la abstención al «sí». De hecho, un día antes había estudiado romper la disciplina de voto si Podemos optaba por el «no», aunque finalmente, en el debate que mantuvieron una hora antes del pleno, el grupo optó por no romper la disciplina de grupo y votar abstención en bloque. Ese día, un grupo nutrido de diputados optaba también por aceptar la última oferta socialista, una vicepresidencia de Asuntos Sociales y competencias en tres ministerios (Vivienda, Sanidad e Igualdad) para evitar alargar la parálisis institucional. Tras malograrse la investidura, el coordinador federal del partido comunista dio un paso más y elevó la presión sobre Podemos tras constatar que Iglesias no facilitaría la investidura en septiembre si no había coalición. Emitió un duro comunicado en el que instaba a los morados a explorar la vía del gobierno a la portuguesa –firmando un acuerdo programático previo–si finalmente no había posibilidades de negociar una coalición. El partido de Garzón ve con buenos ojos mantener, como desde la moción de censura, los apoyos a Sánchez desde fuera del Gobierno, lo que, por otro lado, le permite ganar visibilidad en el grupo y acallar a la oposición interna que le censura por haber supeditado IU a Podemos. Las críticas también llegan ya desde Barcelona, donde la alcaldesa Ada Colau, se ha sumido en un silencio delatador desde que fallara la investidura en julio. Aunque voces dentro de la marca catalana piden autocrítica a los morados y negociar antes de que llegue la «sentencia del procés», cuando, creen, será más difícil pactar.

Ante la crítica frontal en el partido, se torna imprescindible un acuerdo con el PSOE, para blindar a Iglesias hasta 2021, cuando se celebre Vistalegre 3.