Torra vació de presos conflictivos los módulos de los líderes del «procés»

Se desalojaron las celdas colindantes para que su estancia «no fuera más complicada de lo que ya supone estar en prisión»

El presidente de la Generalitat, catalana, Quim Torra, durante la visita que hizo a los políticos presos en la cárcel de Estremera el pasado mes / Cipriano Pastrano
El presidente de la Generalitat, catalana, Quim Torra, durante la visita que hizo a los políticos presos en la cárcel de Estremera el pasado mes / Cipriano Pastrano

Se desalojaron las celdas colindantes para que su estancia «no fuera más complicada de lo que ya supone estar en prisión».

El pasado día 4 de julio, el ex vicepresidente de la Generalitat Oriol Junqueras, el ex conseller Raül Romeva, el diputado de la extinta JxCAT y los ex responsables de la Asociación Nacional de Cataluña y de Ómnium Cultural, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, respectivamente, ingresaban en la prisión de Lledoners (Barcelona), donde fueron trasladados desde el centro penitenciario de Can Brians, también en Barcelona. Poco días después seguían ese mismo camino Josep Rull, Jordi Turull y Joaquim Forn. Hasta aquí, todo normal, toda vez que con ello se daba cumplimiento a una decisión de Instituciones Penitenciarias a las que el juez del Tribunal Supremo Pablo LLarena, instructor del «procés», no había puesto obstáculo alguno.

Sin embargo, en ese traslado de pocos kilómetros ya hubo una diferencia notable: mientras que desde Madrid a Cataluña fueron en un furgón de la Guardia Civil, lo habitual cuando se trata de cambiar a presos a cárceles de otras provincias, desde Can Brians a Lledoners lo hicieron en furgonetas camufladas custodiados por dos vehículos policiales de los Mossos d´Esquadra. Esta circunstancias significó, según destacaron a LA RAZÓN fuentes penitenciarias, no seguir el protocolo habitual de conducción establecido. «Alguna vez, cuando se trata de presos peligrosos, testigos protegidos, etc, se extrema la seguridad y en esos casos sí pueden trasladarse en vehículos similares, pero en esos supuestos excepcionales», afirman al respecto.

Una vez en las inmediaciones de las prisiones de Lledoners y Puig de les Basses –en esta última ingresaron inicialmente Carme Forcadell y Dolors Bassa, aunque la ex presidenta del Parlament fue posteriormente traslada al centro de Mas d´Enric, en Tarragona–, tampoco los responsables penitenciarios catalanes cumplieron con la obligación de proteger suficientemente los accesos a esos centros penitenciarios, «al permitirse pintadas y concentraciones en la zona del perímetro de seguridad» de los centros penitenciarios.

De esta forma, los procesados por el «procés» ingresaban en unos centros penitenciarios que están destinados a internos condenados, no preventivos, algo que también llama la atención. Para darles «alojamiento» y que su estancia en esas prisiones no fueran «más complicadas de lo que supone estar en prisión», se produjo un «esponjamiento» en los módulos a los que iban a ser destinados. Es decir, se llevó a cabo un desalojo de celdas laterales e individuales y se trasladó a algunos reclusos de esos módulos que podían generar «algún conflicto».

Así, los cuatro encarcelados en Lledoners se encuentran en el Módulo II de la prisión y, al igual que el resto de módulos de esa cárcel son «de respeto», excepto uno que es el «módulo especial» cerrado, es decir, se autogestionan en el día a día. En el módulo donde se encuentran se había solicitado el traslado de varios internos conflictivos, pero todo se agilizó cuando se supo que Junqueras, Cuixart, Sánchez y Romeva iban a ser nuevos «inquilinos» del mismo: «Se agilizaron todos los traslados y se han podido ir unos diez, la mayoría de ellos sin arraigo». De esta forma, quedaba libre ese módulo de internos que pudiesen «molestar» a los recién llegados.

Sus compañeros tiene una tipología delictiva «media-baja»: no hay condenados por delitos violentos, sexuales, violencia doméstica. El módulo está ocupado por 93 internos, todos ellos condenados excepto los siete del «Procés» que son preventivos, y tiene una capacidad para 128 internos. Ocupan celdas individuales y disponen, como la práctica totalidad de internos, d e televisión en sus propias celdas.

Este centro penitenciario, de los más modernos de Cataluña dispone, además de otras instalaciones, de una piscina, de la que dan buen uso Junqueras y demás acusados por el desafío secesionista catalán. Acuden a la piscina dos veces por semana, por espacio de unos 35-40 minutos cada día, «cumpliendo con los mismos requisitos que los demás». Y en natación uno de ellos destaca muy por encima del resto: Raül Romeva. «Empieza con los largos y no para. Tiene una forma física impresionante», señalan quienes le han visto en plena actividad deportiva.

El régimen de vida de todos ellos es el «normal» y, en contra de lo que pudiera parecer en un principio, no han hecho un «grupito», hasta el punto de que «ni siquiera se sientan todos juntos». Por contra, intentan hacer amistades individualmente y mantienen un trato más que correcto con los demás internos y funcionarios. De hecho, la actitud que han mantenido desde el primer día es de «integración» en el «régimen de vida» habitual del módulo de la prisión.

Lo único que ha llamado la atención las primeras semanas es que han recibido la visita de sus abogados de forma más que frecuente; de hecho, al principio era a diario las conversaciones entre los encarcelados y sus letrados en los locutorios destinados para tal finalidad.

El más participativo en las actividades es Jordi Cuixart, junto a Romeva y Junqueras. El ex presidente de Ómnium Cultural se ha apuntado a distintos cursos, como uno de audiovisuales, y junto a Junqueras ha limpiado voluntariamente los cristales del módulo. Los internos se distribuyen las tareas y hay algunos trabajos que están remunerados, «pero ellos no han aceptado nunca un trabajo pagado. Realizan trabajos, pero nunca han pedido ni aceptado uno remunerado –unos 13 internos sí perciben pequeñas cantidades por hacer algunas tareas, por ejemplo, las relativas a la limpieza del comedor)», destacan al respecto las fuentes penitenciarias consultadas por este periódico.

Más espacio para Forcadell

Algo que también llama la atención es el hecho de que este centro penitenciario haya sido reforzado este verano con 10 funcionarios nuevos, mientras que apenas se ha reforzado otras prisiones que registran una mayor conflictividad, como Quatre Camins (cuatro funcionarios), Brians II (con dos funcionarios) o Joves, donde no se ha reforzado nada.

La ex presidenta del Parlament fue trasladada a la prisión de Mas d´Enric y, curiosamente, también es la única presa preventiva de este centro penitenciario. En el módulo al que ha sido destinado hay unas 35 internas, la mayoría de ellas con condenas graves y donde hay una «cierta conflictividad». En los días previos a su llegada se realizaron «conducciones de internas conflictivas» hasta la cárcel de Brians I (Barcelona). Es decir, al igual que sucedió en el módulo de la cárcel de Lledoners donde están sus siete compañeros del «Procés», también se «esponjó» el centro de internas conflictivas.

Así, al menos se realizaron inicialmente tres traslados, aunque lo previsto era que se llegara incluso a siete. «Eran internas muy conflictivas, de la zona, y ahora, curiosamente, se ha aprobado su traslado», para evitar, de esa forma, que la ex presidenta del Parlament «pudiese tener una convivencia problemática en prisión».