Un gobierno sólido, reformista y con las ideas claras

La economía siempre está sometida a crisis. La experiencia que se obtiene en cada una de ellas no impide la llegada de la siguiente. Es un proceso cíclico y ni siquiera las economías dirigidas pueden sortear esta realidad. Otra cosa diferente es que en los países comunistas se pudiera esconder la verdad, como era habitual, y que la propaganda proyectara una imagen irreal que escondía la miseria. La ineficacia del comunismo y de sus actuales herederos como gestores de la economía no es una hipótesis sino una terrible realidad que ha dejado millones de muertos en los países que han gobernado. No me refiero a las guerras o la represión, sino a los desastres humanitarios que provocaron, por citar algunos ejemplos, en la URSS, China o Corea del Norte. Los regímenes autoritarios tienen una tendencia irrefrenable a la autarquía fruto de su ignorancia y sus perjuicios. Todos ellos coinciden, curiosamente, en su odio al capitalismo, a las empresas y a los banqueros. La realidad es que el capitalismo y el liberalismo han sido la base en que se ha sustentado el progreso de la humanidad desde que comenzó el ciclo del constitucionalismo con las revoluciones inglesa, francesa y americana, así como la irrupción de las democracias liberales en Europa. Las reformas que se emprendieron en el siglo XVII fueron la base que permitieron la Revolución Industrial y las transformaciones sociales que nos han llevado a la realidad actual.

España ha vivido la mayor crisis desde la posguerra. Hay que tener en cuenta que las economías son interdependientes y que en el caso europeo no existen soluciones nacionales como en el pasado. La estructura social de nuestro país, basada afortunadamente en la familia y en un tejido solidario sustentado en el catolicismo, y el papel del Estado han permitido que la catástrofe no fuera mayor. La macroeconomía adelanta la llegada de las crisis, pero también la salida. Los datos muestran que España está saliendo de esta grave recesión. Es lo que sucedió en 1996, cuando comenzaba la recuperación, pero no éramos todavía conscientes de ello. La salida de la crisis no ha sido por medio de las soluciones de la izquierda, afortunadamente, sino por las profundas reformas emprendidas por el Gobierno de Rajoy gracias a la mayoría absoluta que consiguió en las urnas. A esto hay que añadir, por supuesto, la capacidad de respuesta de la zona euro, que estuvo algún tiempo al borde del abismo. Es cierto que será bueno aprender de la experiencia, pero desde la crisis de los tulipanes hasta hoy la realidad es que los ciclos se repiten con características diferentes que los hacen poco previsibles. Lo fundamental es emprender reformas y salir fortalecidos.