Un plebiscito personal

Sabemos que las encuestas señalan el descrédito y desconfianza de los españoles hacia la política. Esto me duele y me preocupa, pero ya no me sorprende. Lo sucedido durante estos últimos cinco meses, debe calificarse como de grave irresponsabilidad, rayando la frivolidad, tanto por el resultado alcanzado —manteniendo la incerteza hasta el último minuto—, como por la formas utilizadas.

Hace menos de tres años vivimos una situación muy parecida: entonces Sánchez —con su «no es no» a Rajoy—, obligó a repetir unas elecciones por primera vez en cuarenta años de democracia. Pero la cosa no acabó ahí, ya que nos vimos en el trance de tener que volver a las urnas ¡por tercera vez! Ante esto, el PSOE tuvo que llegar al traumático relevo de su Secretario General, que incluso abandonó el escaño para no abstenerse.

Ahora el «no es no» va dirigido a todos: Sánchez les pide que se abstengan “técnicamente”, para que él pueda gobernar solo. Tras la respuesta lógica de que los votos no se regalan, otra vez nuevas elecciones.

En todo este tiempo, ¿dónde ha estado presente el bien común y el interés general de España? El espectáculo ha parecido un mero juego de poder e intereses personales. Tras la vista, el juicio queda listo para sentencia popular, aunque —tal y como se plantea— parezca más un plebiscito personal que unas elecciones de una Monarquía parlamentaria. El fallo, el próximo 10-N.