Urnas hasta en los cumpleaños

El referéndum del 1-O ha llevado la tensión entre los partidarios y los detractores hasta a las mejores familias. A veces, ni siquiera el humor logra funcionar como antídoto

El humor como antídoto para celebrar los 40 años de una amiga, a 7 días del 1-O, le regalan una urna y en una boda el 30 de septiembre habrá «referéndum»
El humor como antídoto para celebrar los 40 años de una amiga, a 7 días del 1-O, le regalan una urna y en una boda el 30 de septiembre habrá «referéndum»

El referéndum del 1-O ha llevado la tensión entre los partidarios y los detractores hasta a las mejores familias. A veces, ni siquiera el humor logra funcionar como antídoto.

«Haceos esta pregunta durante las fiestas de la Mercè, mientras bailáis y quedáis con vuestros amigos y los perdéis entre la multitud. Haceos también esta pregunta en los días difíciles que vienen. ¿De todo lo que vivo, qué es lo que realmente importa?» Con esta pregunta, la filósofa Marina Garcés terminó el pregón con el que hace cuatro días arrancaba la Fiesta Mayor de Barcelona, la Mercè. Una fiesta «excepcional» este año y no porque llegue tras un tremendo atentado que golpeó la calle más alegre de la ciudad, sino porque se celebra a una semana del 1-O, con los gobiernos de Mariano Rajoy y Carles Puigdemont enzarzados en una disputa que ha contagiado de tensión hasta a las mejores familias. Ahora, no sólo hay un cuñado que hable como un catedrático de Ciencia Política, el sobrino, el abuelo y la prima también conocen el artículo 155 de la Constitución. Todos conocen a un policía que «tiene información de última hora». Y todos se han formado una opinión del proceso, aunque ¡qué bien irían unas clases de filosofía para aprender a distinguir la verdad de la mentira y formar el criterio! ¡Qué error que el Consell Interuniversitari de Cataluña haya eliminado esta asignatura de la fase común de las pruebas de acceso a la universidad!

El whatsapp arde: vídeos de «españoles» con bengalas y banderas rojigualdas tarareando el himno de España frente a la sede de la Asamble Nacional Catalana; el audio de una mujer hiperventilando que dice trabajar en TV3 y cuenta que el director, Vicenç Sanchís, está sentado junto a un ejército de cámaras apuntando hacia una puerta por la que esperan a que entre la policía para detenerlo, y artículos, muchos artículos. La política interesa, se lee más prensa que nunca y programas como la entrevista de Jordi Évole al president de la Generalitat, que lideró el «prime time» del domingo con un 19,4 % de cuota de pantalla, revientan las audiencias. Pero en medio de este estado de excepción, la vida continúa, solo que en las cenas, bodas y fiestas de cumpleaños, la política ha relegado al fútbol.

Y si antes pasaban cosas como que una seguidora del Espanyol lanzara el mando de distancia a un amigo «culé» por celebrar un gol del Barça en un partido contra los «pericos», ahora hay disputas broncas por culpa de la política. Que se lo digan a Teresa, una viuda de 65 años que cuenta apenada que una amiga de la «pandilla» de «abuelas» que cada martes queda para desayunar ha abandonado el grupo de whatsapp, harta de que las más independentistas inunden de propaganda soberanista el chat. Macarena, que así se llama la prófuga, sigue yendo a los desayunos, pero su decisión ha obligado al resto a no hablar de política, «no sea que se coja un berrinche y le tire el café a alguien».

¿Qué es Lo que más importa?

Respondiendo a la pregunta que dejó el pregón de la Mercè, a Clàudia, lo que más le importa es su familia y amigos y celebrar con ellos sus 40 años. Hace cinco meses que empezó a preparar la fiesta, antes de que Puigdemont anunciara su propósito de celebrar un referéndum. Pero su cumpleaños, que había preparado con mimo e ilusión, llegó el día en que la Fiscalía ordenó a un coronel de la Guardia Civil que dirija el operativo policial –Mossos inclusive–, contra el referéndum del 1 de octubre. Llega también tres días después de que la macrooperación policial contra altos cargos de la Generalitat levantara una ola de indignación en la calle.

En todos los corrillos de amigos de su fiesta, el 1-O era el estrella. Ignasi lo tiene claro, «a veces uno sabe de qué lado estar, simplemente viendo quiénes están del otro lado», dice, parafraseando a Leonard Cohen. «Con las actuaciones de esta semana nos han hecho soberanistas a todos», asegura. No todos están de acuerdo, aunque es difícil alzar la mano, pese a que hay dos tercios de la población catalana que no abraza la ruptura y estaría más acuerdo con una fórmula política negociada. ¡Que se lo digan a Joan Manel Serrat o Jordi Évole! La maquinaria soberanista hizo circular ayer una carta de Toni Xuclà, músico, que empieza reprochar a Évole que humillara al presidente de la Generalitat en la entrevista que le hizo para «Salvados». Le acusa de cortar respuestas y de hablar más de legalidad que de política, para acabar enviándole a «tomar por saco». En Cataluña, decir que el Parlament aprobó un referéndum ilegal es correr el riesgo a que le llamen a uno antidemócrata.

«El enroque de los dos gobiernos es delirante. Puigdemont ha desafiado todos los criterios de prudencia y legalidad para poder celebrar un referéndum aunque sea sin garantías», se atreve a decir Paula. Y antes de que Ignasi le juzgue, reprocha al Estado que «haya puesto en marcha todo el potencial de la maquinaria judicial, en vez de empezar a dialogar, negociar y pactar». «Aunque lo único que hace es cumplir con la legalidad», añade. Antes de que el debate se caliente más, aparece el pastel, se sirve cava y se reparten regalos, entre ellos, una urna, con una joya dentro. El humor actúa como bálsamo. Por eso, Paula e Ignasi, que pese a discutir de política, se casan la víspera del referéndum, pondrán una urna para que los invitados voten si quieren que la suya sea «la última boda española».