Vascas y gallegas: horizonte de la «ley del silencio» de los barones

Una abstención previa perjudicaría las opciones electorales del PSOE

Una abstención previa perjudicaría las opciones electorales del PSOE

El calendario institucional marca, desde hace meses, los tiempos en el PSOE. Y eso obliga a trasladar el horizonte temporal de la toma de decisiones hasta después de las elecciones vascas y gallegas. Hasta entonces, tampoco se espera rebelión interna, sino todo lo contrario. Más bien otro estudiado y ficticio ejercicio de escenificada unidad dentro del PSOE para intentar que el resultado electoral en estas contiendas no adquiera las dimensiones trágicas esperadas. Será, por tanto, a partir del 26 de septiembre cuando se abrirá cualquier debate interno en el partido –de cara a poner fin a la ingobernabilidad– y se rompa la «ley del silencio» de los barones, por mucho que algunos dirigentes lo demanden en público y en privado.

Con un rotundo «no», casi tanto como el que le prodiga a Rajoy, el líder del PSOE, Pedro Sánchez, negó ayer que ningún dirigente territorial se hubiera dirigido a él para pedirle directamente la convocatoria de un Comité Federal. Esta revelación llegaba minutos después de que el secretario general socialista se hubiera reunido con su Ejecutiva federal, de la que forman parte algunos de los barones que sí lo han demandado públicamente. Entre ellos, el presidente de la Comunidad Valenciana, Ximo Puig, que en una entrevista a Ep se mostró partidario de que tras la investidura fallida de Rajoy y durante el mes de septiembre se abra un periodo de «reflexión y debate», que acabará necesariamente en un Comité Federal para buscar la «mejor solución» y evitar unas terceras elecciones. La convocatoria del máximo órgano entre congresos puede partir de un tercio de sus integrantes, entre los que están representados los diversos territorios, o a la propia Ejecutiva de Sánchez, reunida ayer.

También el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, cree que debe convocarse el cónclave, aunque es consciente de que cualquier movimiento debe producirse, en todo caso, tras las elecciones en Galicia y el País Vasco. Este posicionamiento es compartido por la federación más numerosa del PSOE y por su líder, Susana Díaz. Nadie debe esperar, por tanto, que la presidenta andaluza abandone la postura de prudencia que le ha caracterizado desde las últimas elecciones. Ella no está dispuesta a poner en solfa su prestigio entre la militancia manteniendo una postura responsable, sí, pero contraria al sector más ideologizado del socialismo, que se siente cómodo en la confrontación a ultranza con el PP. No es persona proclive a situarse en posturas impopulares y menos con la celebración del 39º Congreso del PSOE en el horizonte, donde serán precisamente las bases las encargadas de dirimir el futuro liderazgo del partido.

Díaz es una firme defensora de dejar gobernar al PP para que los socialistas se rearmen en la oposición y puedan concurrir, tras una legislatura corta, con garantías de éxito a unas nuevas elecciones. Sin embargo, desde su entorno consideran que «todavía no ha llegado el momento de iniciar el debate de la abstención. Primero, se tiene que estrellar Rajoy y después, hay que intentar sacar un resultado honorable en el País Vasco y Galicia. A Pedro Sánchez se le exige un gran sacrificio pero, por lo menos, hay que respetarle el calendario».

En estos círculos no se concibe la posibilidad de que Sánchez intente una alternativa de izquierdas capaz de competir con el pacto alcanzado entre PP y Ciudadanos. Una hipótesis que sí barajan, sin embargo, el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, que incluso empujaría al PSOE a pactar con los independentistas si Rajoy fracasa o la líder del PSE-EE, Idoia Mendia. No obstante, las posturas en el PSOE no son inamovibles y aún resuenan las palabras de un locuaz Guillermo Fernández Vara, que apeló a «a ver quién es el guapo que se opone a Rajoy si logra 170 diputados». Una cifra que el candidato popular alcanzará esta semana en el Congreso. Sin embargo, el calendario ha interpuesto los comicios vascos y gallegos en el camino a La Moncloa y estratégicamente el PSOE no puede permitirse la división interna ni la abstención.