Familia

Los adolescentes nos plantean retos continuamente y a los adultos nos ofrecen la oportunidad de aprender

La creadora del II Congreso Internacional gratuito, que termina mañana, Convivir con un adolescente: Misión posible, reflexiona sobre esta etapa tan temida por muchos y a la vez tan apasionante.

Patricia Gutiérrez es una mujer rápida, lista, apasionada de todo lo que hace y una "atrevida" que un día decidió hacer un Congreso Internacional gratuito sobre "adolescentes". Ingeniera Industrial (ICAI), una profesión que nada tiene que ver con esto, aunque sí útil para gestionar muchas cosas, tuvo un éxito arrollador con la primera edición y decidió repetir la segunda, que termina mañana.

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Convivir con adolescentes: Misión Posible ha tenido la friolera cifra de casi 40.000 inscritos y subiendo y "de los países más inverosímiles que puedas imaginar ¡como Pakistán o Arabia Saudí, síntoma de que esto de la adolescencia es algo absolutamente universal que trasciende fronteras, culturas, religiones y todo!

¿Cómo se le ocurre hacer un Congreso sobre adolescencia si usted ni siquiera tiene hijos?

Aunque no tengo hijos biológicos, convivo con tres adolescentes, ¿le parece poco? Precisamente por esta razón, se me ocurrió hacer un congreso sobre adolescencia por una necesidad personal.

Hace 5 años me fui a vivir con mi pareja actual y sus 3 hijas. La mayor tenía entonces 13 años. Muy rápidamente estas niñas crecieron, se convirtieron en adolescentes y yo me encontré en una situación nueva e incómoda. Me había incorporado a su vida por el camino. Las conocía, pero no eran mis hijas. Cuando empezaban a abrirse, se cerraron. Yo tenía que lidiar con la situación y conmigo. Cuando estas niñas entraron en la adolescencia, sentí que no sabía por dónde cogerlo. No sabía cómo hacerlo, pero sí tenía claro que no quería ser una observadora: quería participar. Era la vida de estas niñas, la de mi pareja y la mía.

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Y pensé: o me pongo las pilas, o me pierdo esta etapa. Empecé a investigar, a leer, a buscar a expertos en adolescencia… y así fue como surgió la idea de realizar este congreso.

Fue, y está siendo un aprendizaje muy intenso, desde el principio. Desde el momento en que puse mi intención en querer ser partícipe con ellas de esta etapa, mi relación con estas niñas cambió.

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¿Tan terrible es la adolescencia?

Yo pienso que la adolescencia es una etapa maravillosa. Es una etapa de cambios, de ilusiones, de nuevos descubrimientos cada día.Los adolescentes están llenos de energía, nos plantean retos continuamente. Y lo que es para mí más importante: a los adultos que tenemos la suerte de convivir con ellos, nos ofrecen la oportunidad de aprender.

Es cierto que también es una etapa de crisis, tanto para ellos como para nosotros, ¿qué ocurre? Que la crisis de la adolescencia, se junta con la crisis de la madurez de los padres y educadores, sobre todo ahora que hemos retrasado la edad en la que nos convertimos en padres. Nos podemos ver reflejados en nuestros adolescentes continuamente. En ocasiones veremos rasgos, situaciones o comportamientos que nos chocan, que nos chirrían de alguna manera.

Es precisamente ahí donde está nuestra oportunidad de aprender y crecer personalmente.

¿Qué es en lo que se pierden generalmente los padres?

Pienso que en lo que nos perdemos es en querer que todo esté en orden y en buscar que sean hijos e hijas perfectos, cuando nosotros somos imperfectos, o “perfectamente imperfectos”.

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Las prisas, las exigencias y el ritmo de vida de la sociedad actual también hacen que nos perdamos: pensamos que lo sabemos todo, y no es así. Para educar, lo mismo que para desarrollar una vida profesional, pienso que hay que estar continuamente formándose. Merece la pena pararse a pensar en qué podemos mejorar.

No podemos pensar en educar en esta sociedad con los mismos patrones y las mismas herramientas que lo hicieron nuestros padres, porque no funcionan.

Sí que es importante tener claros los valores que queremos transmitir a nuestros hijos, y a partir de ahí, desde la calma, construir.

El Congreso tiene unas ponencias de lo más potentes, especialmente aquellas en los que los expertos ponen el acento en que muchos padres han dejado de ejercer como tales en el sentido de que no han sabido poner límites y luego pagan las consecuencias cuando llega la adolescencia....

La educación de los hijos comienza desde que nacen: cada mensaje que reciben desde la cuna, lo absorben. Cada situación que ven, se les queda grabada.

Los padres somos los modelos en los que ellos se fijan. Son absorbedores de nuestros patrones. Nos copian, en lo bueno y en lo malo. Esto ocurre cuando son niños, y ocurre con mayor intensidad cuando entran en la adolescencia. Aunque parezca que no nos escuchan, lo cierto es que no nos pierden de vista: están atentos a todo lo que decimos y a todo lo que hacemos.

No perdamos de vista que somos sus padres: no por “ir haciéndose mayores” dejamos de serlo, somos sus figuras de referencia.

En esta etapa son especialmente importantes los límites y las normas. Sin límites y normas, nuestros adolescentes están perdidos. Los necesitan. Intentarán saltárselos y se los saltarán. Pero son necesarios: ellos agradecen tener límites porque les da seguridad.

Ahora bien, tenemos que buscar el equilibrio: demasiados límites limitan la libertad; ningún límite hace que se pierdan

¿Cree usted que es peor la adolescencia de chicos que la de chicas?

Cada adolescencia es diferente. Hay tantas adolescencias como adolescentes: en una misma familia, por ejemplo en la mía, cada adolescente es diferente, ¡y las tres son chicas!

Cada un va forjando su personalidad, su identidad, sus gustos, y cada una tiene sus propias inseguridades.

Hay adolescentes -ellos y ellas – introvertidos, extrovertidos, cariñosos, impulsivos, calmados… todos ellos maravillosos tal y como son.

El Congreso está siendo un exitazo, ¿cuánta gente se ha apuntado? ¿cree que es porque de verdad es una gran necesidad?

El congreso está teniendo una acogida increíble: ¡más de 39.000 personas inscritas y sumando porque todavía queda hoy y mañana.

Los recursos y el contenido que se ofrece en este congreso son respuesta a una necesidad: nuestros hijos crecen, se hacen adolescentes, y ahí se desbarata cualquier “manual de instrucciones” que funcionaba en etapas anteriores de la vida.

Es muy bonito ver todo lo que se está moviendo en este congreso, los mensajes que llegan por email o a través de las Redes Sociales. Mensajes de agradecimiento que llegan de todas las partes del mundo.

En varias ponencias se repite: es justamente en la adolescencia donde tenemos que estar más a su lado, aunque nos muestren rechazo...ufff, esto es bastante complicado, ¿no?

Efectivamente, en la adolescencia es cuando más necesitan que padres y adultos de referencia estemos a su lado. Y está bien, como dices, que tenemos que estar más “a su lado”: en esta etapa, nuestro rol requiere de dar un paso a un lado, para permitir que nuestros adolescentes experimenten, aprendan equivocándose y adquieran cada día más autonomía.

Es importante escucharles. Escucharles de verdad: no adelantarnos y ofrecer soluciones a cada uno de los problemas que les plantea la vida. Esa es la forma de que adquieran la independencia que van a necesitar para ser adultos jóvenes. Y eso va a ocurrir en muy poco tiempo.

Reflexiones finales...

Todavía quedan doss días de congreso Convivir con un Adolescente: Misión Posible. Todavía queda muchísimo contenido para aprender a ser cada día mejores guías de nuestros adolescentes