Las políticas que sí son necesarias en la llamada violencia de género

He comprobado que no todas las víctimas de violencia de género reciben ayuda. Conozco personas con familiares asesinados y que no han recibido nada. Ni la indemnización impuesta judicialmente a los asesinos porque mayoritariamente son insolventes.

Varias mujeres se manifiestan el 8 de marzo en Bilbao en pro de la igualdad
Varias mujeres se manifiestan el 8 de marzo en Bilbao en pro de la igualdad

Merece la pena que en el Día Internacional de la Mujer recordemos estos datos. No se preocupen, difícilmente los encontraran en ninguna estadística oficial. Pero son ciertos. Los avalan más de 30 años de profesión como pedagoga orientadora en centros educativos privados, concertados y públicos y manejando información personal y confidencial. Lo que no existe no genera problemas. Pero sí existen. Y han de saberse.

En mi último año en un Instituto de Secundaria de los denominados de Atención Preferente denuncié “el canje” de una alumna gitana rumana por parte de su familia con fines matrimoniales. Un anillo de 6.000 euros y viajar a Francia para reunirse con su marido. Tras todo el día peleando, por fin la DGAI, (Dirección General de Atención a la Infancia en Cataluña) decidió, a pesar de que los padres salieron imputados de comisaria, que todos se fueran a su casa tan tranquilos. Desconozco como acabó el tema porque desgraciadamente la movilidad de estas familias es continua. Se justificaba en que era costumbre. No olvidemos que hace unos años hasta grupos “feministas” declaraban que la mutilación genital era costumbre y tradición.

Durante años denuncié decenas de maltratos físicos y psíquicos realizados especialmente a niñas. No puedo afirmar si se producen más a chicas o chicos porque las niñas tienen más tendencia a explicar sus emociones o porque al ser mujeres sus familiares se ceban más con ellas al verlas más indefensas. Violencia que era ejercida por hombres y mujeres indistintamente. Cierto que los casos de agresiones físicas más graves, se producen a varones por otros hombres de la familia. La mayoría eran de nacionalidades u origen no español. Práctica, hasta hace pocos años, también aceptada en una parte de la sociedad española como método educativo. Señalar que a pesar de poner las denuncias, de ir a declarar, de demostrar las lesiones físicas y constatar las psíquicas, siempre aparecían en mitad de todo este proceso una legión de mediadores interculturales o cualquier otro nombre rimbombante que se les pueda ocurrir con el objetivo de pacificar la situación creyendo que la cultura y la biología han de ser respetadas por encima de la defensa de los derechos de los menores.

He denunciado el absentismo en todas las edades que incide en las chicas especialmente. Existe y se sabe. Especialmente en las mujeres de religión musulmana y gitanas españolas o del Este de Europa. Bien por alcanzar edad “casadera”, o por cuidar de la familia se quedan en su casa. Se sabe y no se hace nada. Bueno sí, rectifico. Decenas de reuniones para establecer protocolos y planes de mejora del absentismo y del abandono escolar. Reuniones en las que normalmente hay más especialistas que alumnos objeto de la acción.

Me entrevisté con mujeres que se han quedado sin trabajo y cuando han acudido a solicitar ayudas a servicios sociales se les “aconseja” reclamar pensión para los hijos si existe un padre. Padre que desapareció en su momento y del que nadie quiere volver a saber nada. Muchas se niegan a hacerlo por temor a que ese hombre vuelva a aparecer en sus vidas y reclame derechos de visita.

He comprobado que no todas las víctimas de violencia de género reciben ayuda. Conozco personas con familiares asesinados y que no han recibido nada. Ni la indemnización impuesta judicialmente a los asesinos porque mayoritariamente son insolventes.

Sepan, que en el caso de muertes violentas, si ocurre en el domicilio, deberán hacerse cargo de la limpieza especial de la casa. Ni ofrecimiento para costear los gastos del funeral tendrán. Eso sí… El trágico suceso se contabilizará para regar de dinero alguna agencia o asociación para el estudio, prevención o seguimiento de la violencia machista. Pero la limpieza y el entierro van a cuenta de la víctima o de su familia.

No se habla del problema de las drogas y el alcohol. El consumo masivo y sin control está causando estragos en la población. En los institutos notábamos que los lunes y jueves eran días especiales de brotes violentos. Motivo. El fin de semana y el miércoles, sin actividad lectiva, se ha consumido determinadas drogas que inciden en la conducta.

No se habla del problema de la “píldora del día después”. Se está utilizando sin control sanitario y sin evaluar los riesgos que conlleva su uso. Falla la prevención de la salud en la mujer.

Tampoco, y es otro tema tabú, se habla de las bandas latinas que utilizan las mochilas escolares de las chicas para transportar armas punzantes y usan sus libretas escolares para control de las cuentas de las bandas. Sin olvidar que muchas de estas chicas son obligadas a pasar pruebas de dominación por los miembros varones.

En conversaciones privadas muchas adolescentes musulmanas confiesan que no quieren llevar velo islámico. Son obligadas por sus familias y por la presión de su comunidad. Incluso se les prohíbe llevar pantalones tejanos que son asociados a mujer occidental.

Esos y otros muchos son los verdaderos problemas que sufren determinadas mujeres. La figura de los semáforos, el lenguaje inclusivo, o nombrar cargos por la genitalidad, son falsos problemas de “progres”.

Siempre he detestado el postureo cultural, que sustituye la acción de llevar a la práctica políticas efectivas. El postureo y la agitación pública y política no sirven para construir nada. Solo para seguir gritando al viento e impulsando normas sobre cuestiones irrelevantes, sin contribuir a que las cosas cambien.

Por elllo defiendo que lo que provoca cambios son, por ejemplo, las políticas que se desarrollan, las sanciones a las empresas que aplican discriminación por razón de género, la detención y la condena de los maltratadores y la protección de las mujeres en situación de riesgo. Creo que lo que importan son los hechos y no los discursos.

Me arriesgo a lanzar dos propuestas. Primera: Si todos sabemos que la maternidad es una circunstancia que frena la carrera profesional y genera estrés, luchemos por políticas efectivas de conciliación de la vida laboral y social. La Administración debe aportar soluciones y alternativas de apoyo real a las mujeres trabajadoras, en especial a las madres ya que los datos confirman que son las que mayor abuso laboral sufren.

Segunda: Incidamos especialmente en las comunidades culturales que por tradición o cultura tienen más conductas machistas y violentas. Digamos la nacionalidad de los maltratadores. Trabajemos en esas comunidades. Vayamos directamente al núcleo del problema. Destinemos los recursos para la atención directa a las víctimas o a la prevención.

Yo me declaro no feminista. Abogo porque mujeres y hombres tengamos los mismos derechos y deberes, la misma libertad para decidir qué hacer o dejar de hacer con nuestras vidas e incluso para poder elegir qué errores cometer.

¿Somos iguales mujeres y hombres? Pues no. Pero es que tampoco lo somos las mujeres. Ni siquiera lo son los gemelos que han crecido en ambientes homogéneos. ¿Es el mismo papel como mujer el de mi madre, el mío o el de mi hija? Ha tenido el mismo papel mi madre originaria de Aragón y dedicada siempre a la familia y hogar, que otras mujeres con vida profesional y de origen urbano?

¿Soy igual que todas las mujeres de mi edad sin tener en cuenta nuestra procedencia social, étnica, formación académica, responsabilidad profesional, etc?

La respuesta es no. No hay una sola mujer. Afortunadamente.

“Las mujeres que han cambiado el mundo no han necesitado nunca mostrar otra cosa que su inteligencia”. Rita Levi Montalcini

Pilar Barriendos es pedagoga Terapeuta y logopeda.