‘Un niño que crece con gritos será un adulto lleno de baja autoestima'

Entrevista con Elisa Molina, creadora de Educar en calma.

Cada vez má mujeres, al convertirse en madres, toman conciencia de la importancia de educar de una manera diferente, con límites pero desde el respeto que todos los niños merecen. Precisamente para luego poder ellos tratar con respeto a los demás. La disciplina positiva que, tal y como se define en su web oficial es una metodología que tiene sus orígenes en los años 20 en las ideas de Adler, Psiquiatra infantil, junto con Dreikurs. Pero es a partir de los años 80, con Jane Nelsen, que se sistematizó, experimentó y se ha comprobado hasta el momento actual, el beneficio de esta manera de educar. Es un modelo educativo para entender el comportamiento de los niños y la forma de abordar su actitud para guiarles en su camino siempre de forma positiva, afectiva, pero firme a respetuosa tanto para el niño como para el adulto.

Se basa en la comunicación, el amor, el entendimiento y la empatía para disfrutar de las relaciones familiares y da herramientas a los padres para entender el comportamiento de sus hijos (incluso cuando no es adecuado) y reconducirlo con respeto, sin luchas de poder y siempre positiva.

Es un enfoque que no incluye ni el control excesivo ni la permisividad. Se basa en el respeto mutuo y la colaboración, todo con la intención de enseñar al niño competencias básicas para la vida. Hablamos con Elisa Molina, la creadora de la web Educar en calma especializada en acompañar a padres y madres que quieren comprender el comportamiento de sus hijos, buscar soluciones y poder disfrutar de sus hijos educando con valores, con empatía, responsabilidad, libertad, respeto mutuo y sentido común logrando el ambiente familiar que siempre han deseado.

-¿Cómo has llegado al mundo de la disciplina positiva?

-Soy maestra de educación infantil, mamá de cuatro pequeños y siempre he creído ese refrán que dice “quien se atreva a enseñan, nunca debe deja de aprender”. He estado haciendo formaciones complementarias regladas y no regladas desde siempre y reconozco que cuando escuché “disciplina positiva” fueron dos términos que me dejaron un poco contrariada. Luego empecé a leer a Jane Nelsen y vi que había mucho sentido común, que decía que se podía educar con respeto a los niños, y era algo de lo que yo también hablaba en Educar en Calma, así que me animé haciendo un curso, me enamoré de las dinámicas tan divertidas y vivenciales que tiene, a la par de la profundidad que se le puede llegar a dar a un taller para padres y terminé certificándome en familia, aula y pareja. Y es que las relaciones basadas en dignidad y respeto mutuo se pueden llevar a cualquier tipo de relación: laboral, personal y familiar.

-¿Qué se van a encontrar los padres en este congreso que lanzas ahora? ¿Por qué deberían hacerlo?

-Lo primero que van a encontrar es acceso gratuito a 48 ponencias maravillosas en las que podrán aprender sobre límites y normas, autocuidado, embarazo, premios y castigos, educar en valores, cómo fomentar la resiliencia en los niños, Montessori y el adulto preparado, pareja, comunicación, adolescencia, conciliación… variedad de temas que abarcan desde el embarazo, crianza, educación, autocuidado y gestión de talento. Es una formación completa para una semana muy emocionante.

-¿Tenemos los padres de ahora menos paciencia que los padres de antes? ¿Nos influye el hecho de vivir una vida más estresada?

-No creo que los padres de ahora tengamos menos paciencia que los de antes. Vivimos de otra manera, en muchas ocasiones, sin sostenes familiares que nos permitan criar con esa tribu en la que tener niños es algo de todos y no solo de dos, y eso se nota. Llegamos hasta donde llegamos y es cierto que huimos del autoritarismo del “porque lo digo yo y punto” y no sabemos cómo hacerlo de otra manera, así que a veces pecamos de no llegar y otras, para compensar, nos pasamos. Creo que por eso es bueno tener acceso a formaciones de este tipo.

También es verdad que debemos romper con ciertos mitos que incluyen que educar a nuestros hijos es instintivo porque no lo es. No es fácil educar a un niño y hacerlo con el mismo respeto con el que tratamos a una persona mayor o a nuestro jefe, es aún más complejo. Estas cosas también tienen que aprenderse porque en nuestras mochilas personales solemos llevar vivencias en las que no había respeto por los niños y nuestras herramientas se reducen a los gritos, los chantajes , los premios y los castigos. Si quitamos esas herramientas conductistas, muchas veces no sabemos qué hacer y optamos por dejar que el niño haga lo que quiera, que por cierto es una opción poco respetuosa con el niño, con nosotros y con los demás.

-¿Qué efecto provoca en los niños que los padres les griten constantemente?

-El mismo que provoca en una persona mayor. Las personas que sufren gritos todo el tiempo tienen una autoestima más baja, son más inseguras y se sienten menos capaces porque parece que todo el tiempo lo hacen todo mal. Genera mucho malestar personal y emocional y un ambiente en casa muy hostil. Dudo mucho que unos padres que quieren lo mejor para sus hijos quieran optar por esta forma de tratar a sus pequeños que tanto daño les hace. Todo esto está avalado por la neurociencia.

-A veces pasamos del “abrazo al grito y del grito al abrazo”, ¿por qué no deberíamos hacer esto?

-Porque genera dudas y es normal. Los niños pueden percibir que, dependiendo de nuestro estado de ánimo, nuestro estrés o cómo hayamos pasado el día pueden hacer ciertas cosas o no, y eso provoca inseguridad. Lo suyo es educar a nuestros hijos con unos límites claros que les permitan ir integrándose en la sociedad en la que vivimos, respetando a los demás, respetándose a sí mismos y contribuyendo de alguna forma en este mundo.

-Si gritas a tu hijo, ¿debes pedirle perdón y explicarle por qué has pedido los nervios?

Sí, le puedes pedir perdón disculpándote de él o con ella y explicándole que te has equivocado, que nadie merece ser gritado y que cuando una persona quiere a otra no le grita. El grito que sale de nuestra garganta no es responsabilidad del niño, es nuestra que no hemos controlado esa voz. Nuestros hijos no son los culpables de que no nos controlemos, esa responsabilidad es nuestra y debemos dar un paso al frente y asumirla. Quizá necesitemos un poco de ayuda para dejar de gritar a los niños y es de valientes pedirla.

Pensemos un momento en las explicaciones que les damos a los niños: “estamos cansados”, “tenemos mucho estrés”, “la lista de tareas se nos acumula”, “me he puesto nervioso”, “la falta de conciliación”… Sin embargo, estas cuestiones, que son importantes y nos afectan, no hacen que hablemos con gritos a nuestros compañeros de trabajo o a nuestras parejas. Por eso creo que más que pedir que los niños entiendan qué nos ha pasado para perder el control y gritar, debemos empatizar con ellos y saber que ellos son los pequeños, los que están aprendiendo con nosotros y de nosotros. Y, sobre todo, que es más importante lo que hacemos que lo que decimos.

-¿Cómo podemos mantener la calma y persuadir a nuestros hijos para que hagan las cosas que les pedimos?

-Mantener la calma pasa por cuidarte, conocerte y controlarte. Hay cosas que los niños desde muy pequeñitos quieren hacer como poner los cubiertos en la mesa, llevar la ropa a la lavadora… y no les dejamos porque pensamos que son pequeños. Luego, en el momento en el que nosotros consideramos, ordenamos que ya están listos para hacerlo y , además, que deben hacerlo bien. Seamos sensatos. El aprendizaje necesita observación, práctica, tiempo y si se hace en compañía mejor que mejor. Si necesitamos que nuestros hijos hagan cosas con nosotros, pidámoslas con cariño, con respeto, con humildad… no desde la exigencia. Los niños no nos deben sumisión. Debemos crear ambientes que favorezcan ser equipo, ayudarnos y cooperar unos con otros. Y esto parte por dar ejemplo, permitir que lo intenten aunque no les salga bien y aceptar el error como oportunidad para aprender.

Cuántas veces nos llaman los niños para enseñarnos cosas y no acudimos porque estamos atendiendo el teléfono, contestando un e-mail o haciendo cualquier gestión. Y luego, cuando nosotros decimos algo, hay que hacerlo en el momento ipso-facto. Empecemos mostrando empatía, comprensión, conociendo cómo es el desarrollo de los niños, para ver si están preparados o no para hacer ciertas cosas y creemos espacios familiares seguros en los que los niños perciban que siempre, siempre son queridos.