Comer por ansiedad, un problema (con solución) que genera obesidad

Más que hacer dieta, hay que aprender a reconocer qué nos pasa.

En pleno siglo XXI, aproximadamente el 22% de población tiene obesidad y el 50% tiene sobrepeso. Datos alarmantes y en progreso ascendente a pesar de toda la información nutricional de la que disponemos. ¿Por qué?

En pleno siglo XXI, aproximadamente el 22% de población tiene obesidad y el 50% tiene sobrepeso. Datos alarmantes y en progreso ascendente a pesar de toda la información nutricional de la que disponemos. ¿Por qué? Pueden existir factores genéticos, problemas metabólicos, enfermedades que causan sobrepeso... Sí, pero una vez descartados estos problemas y dejando de lado aquello sobre lo que la ciencia aún no sabe actuar, nos quedamos con que en cuestiones de nutrición, una cosa es saberlo, otra es saberlo bien y otra es hacerlo.

Lo que queremos es llegar a un buen resultado que se mantenga en el tiempo y que la intervención médica o nutricional que hagamos sea lo más respetuosa posible con el cuerpo. Esto implica cambiar los hábitos desde la raíz.

La pregunta es: ¿por qué lo sé pero no lo hago? Estas son las respuestas habituales que me encuentro en consulta:

- No tengo voluntad.

- Necesito que alguien me controle.

- Tengo ansiedad.

- Se me va de las manos.

- No lo sé, lo he intentado mil veces.

Desde mi experiencia como endocrinóloga y como facilitadora de programas intensivos de salud consciente, puedo decir que una mala gestión mente-emoción es la causa de más del 90% de los fracasos de este tipo.

La ansiedad se manifiesta como una sensación física desagradable e incontrolable, habitualmente percibida en el cuerpo, que en múltiples ocasiones te lleva a realizar una acción contraria a la que quieres más allá de tu voluntad. Muchas veces simplemente es percibida como nerviosismo y muchas personas la calman comiendo. Tengo una buena noticia y otra mala: la buena es que temporalmente se consigue calmar la ansiedad; la mala es que vuelve a aparecer y, si siempre la calmas así, si la comida es tu vía de escape, tu cuerpo sufre las consecuencias. Porque mi experiencia me dice que la ansiedad no se calma con fruta y verdura, sino con bollos, galletas, patatas fritas, etc

¿Te cuento un secreto? Yo lo viví hace muchos años. Y las consecuencias fueron: alternancia de abuso-restricción de comida, candidiasis generalizada, problemas digestivos, problemas de piel, algo de sobrepeso y, lo peor, la baja autoestima y el daño que me estaba haciendo. Como decía mi madre en aquella época: “tan lista para unas cosas y tan tonta para otras”. Esa frase marcó mi vida durante mucho tiempo, pero hoy puedo decir que haber vivido toda esa experiencia fue de lo más enriquecedor para el descubrimiento de mi misma y para mi actividad profesional.

Bien, ya sabemos que la ansiedad es un factor clave a la hora de tomar tus decisiones con respecto a lo que comes. Y ahora, ¿qué quieres hacer con ella?

Te doy opciones:

1) Ignorarla y luchar toda la vida contigo mismo. Generalmente, cuando actúas así acabas machacándote psicológicamente por caer una y otra vez en lo mismo. ¡Por favor, no lo hagas!

2) Ir al psiquiatra y tomar fármacos antidepresivos y ansiolíticos. En mi opinión, se abusa demasiado de esta opción.

3) Ir al psicólogo y practicar terapia cognitivo-conductual. Buena opción si estás empezando a darte cuenta de esto.

4) Ir al endocrino para que “te controle”. Habitualmente, solo actuarás sobre la parte nutricional/farmacológica y no profundizarás sobre tu comportamiento y qué lo causa.

5) Practicar yoga y meditación. Ayuda a la relajación y a generar espacios de escucha interior.

6) Hacer un proceso de autocuidado, autoescucha y evolución consciente. O lo que es lo mismo, desarrollo personal. Ésta es la opción que yo elegí, que practico a diario como parte de mi vida, y que enseño a mis pacientes. Sólo sirve en personas comprometidas, responsables de sí mismas y que quieran transformar sus vidas.

Supone darse cuenta de que tú eres mucho más que tus pensamientos, tus emociones y tu propio cuerpo. Te colocas en un lugar de observador de la situación y descifras por qué y para qué tienes ansiedad, de dónde viene, qué te quiere decir, qué cosas de tu vida necesitan revisión y cambio, aprendes a encontrar tu paz interior. Necesita práctica y constancia, pero es la mejor forma de generar recursos internos, de mantenerlos y es lo más bonito que yo he descubierto en mi vida. Es un camino de amor, respeto y encuentro con lo que eres de verdad. ¿Te atreves?

No me quiero despedir sin darte 5 claves básicas que puedes implementar por ti mismo:

1) Ordena los horarios de tus comidas y respétalos. Que tu alimentación esté adaptada a tus necesidades.

2) Si vas corriendo todo el día, separa lo que es importante de lo que no y baja el ritmo. El estrés y la ansiedad son primos hermanos.

3) Camina por la naturaleza y oxigénate.

4) Medita a diario al menos 10 minutos.

5) Empieza a hacerte preguntas: ¿Dónde noto la ansiedad? ¿Cuánto tiempo lleva ahí? ¿Qué me quiere decir? ¿Qué la provoca? ¿Qué necesito para que se vaya? ¿Estoy viviendo la vida que quiero y merezco? ¿Estoy comprometido conmigo mismo? ¿A quién estoy sirviendo? ¿Quién es la persona más importante de mi vida?

En definitiva: Hay personas que se someten a cirugías de la obesidad porque no han profundizado lo suficiente en sí mismas para descubrir los regalos que les trae la ansiedad.

Dra. Laura Pelaz Berdullas. Médico especialista en Endocrinología y Nutrición y creadora de NTI (Nutrición Transpersonal Integrativa)