Familia

El infarto de miocardio, segunda causa de muerte en las mujeres en España

La menopausia precoz, así como el tratamiento hormonal sustitutivo, se añaden al resto de factores de riesgo como ser fumadora, tener sobrepeso o colesterol alto

El estrés, la menopausia precoz, el tratamiento hormonal sustitutivo, llevar una vida sedentaria, no seguir una alimentación saludable (mediterránea), fumar, tener el colesterol alto e hipertensión, principales causas para sufrir un infarto de miocardio si eres mujer y tienes más de 50 años.

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La cardiopatía isquémica (infarto de miocardio y angina de pecho) es la primera causa de muerte en el mundo, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En 2018 fallecieron por esta patología más de 9 millones de personas, aproximadamente el 10% de las muertes a nivel mundial.

Entre las enfermedades del corazón, el infarto de miocardio afecta más a mujeres que a varones a partir de los 55 años. Se trata de una dolencia que aumenta de forma drástica tras la menopausia y que, actualmente en España, supone la segunda causa de muerte femenina. Un infarto de miocardio se produce por la oclusión de una de las arterias coronarias (las que llevan la sangre al corazón), lo que conlleva una falta de flujo sanguíneo y la muerte de las células cardiacas. Dependiendo de la arteria coronaria afectada, el infarto tendrá una localización diferente (anterior, lateral, inferior o posterior), hecho que influye en su pronóstico y evolución.

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Pero, ¿cuáles son los principales factores de riesgo para sufrir un infarto de miocardio? Algunos, no se pueden modificar, como la edad (a más edad más riesgo) o la predisposición familiar y factores genéticos. Entre ellos, “Mujer”, explica Dr. Manuel García de Yébenes Castro, cardiólogo del campus de Madrid de la Clínica Universidad de Navarra. Existen también otros factores de riesgo que sí son modificables. Entre ellos, destacan la hipertensión arterial, hipercolesterolemia, tabaco, diabetes, insuficiencia renal, mala alimentación, estrés y sedentarismo. El especialista incide en que, a pesar de estos datos tan alarmantes, durante las últimas décadas se ha producido un descenso muy llamativo de la mortalidad de esta enfermedad. Esto se debe, en primer lugar, a los últimos avances en su tratamiento, así como al desarrollo de protocolos de prevención primaria (dirigidos a la población sana) y secundaria (control de los pacientes que han tenido un infarto previamente).

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El primer tratamiento para una cardiopatía isquémica (tanto para el infarto de miocardio como la angina de pecho) es farmacológico. Cuando el problema es más severo y no se resuelve con medicamentos, la opción más destacada es la quirúrgica, realizando un cateterismo coronario urgente. Este procedimiento que permite abrir de nuevo la arteria obstruida (generalmente acompañado de la colocación de un stent, muelle de metal que evita que la arteria se vuelva a cerrar) ha aumentado considerablemente la supervivencia en las últimas décadas. Por este motivo, ante la sospecha de un posible infarto, es fundamental acudir de manera urgente al hospital más cercano, ya que está comprobado que la mortalidad por infarto dentro del hospital es muchísimo menor que la extrahospitalaria.

¿Pero cuáles son los síntomas y cuándo tenemos que acudir al médico? “Hay que ir inmediatamente a un hospital cuando se experimenta un dolor extraño en el tórax que sea opresivo, acompañado de malestar general, sudoración fría o palpitaciones durante varios minutos”, señala el especialista de la Clínica Universidad de Navarra. “Además, este dolor puede extenderse al brazo izquierdo, a la mandíbula, al hombro, a la espalda o al cuello”, indica. De hecho, es un dolor que, si se mantiene en el tiempo, puede aumentar en intensidad. A lo que añade: “Las mujeres, además de presentar este dolor, en ocasiones pueden experimentar otros síntomas más difíciles de reconocer, como fatiga, malestar general, indigestión, dolor abdominal e, incluso, debilidad generalizada”, destaca el Dr. García de Yébenes.

Aunque es fundamental estar alerta para detectarlo pronto, la prevención continuada es un factor clave en estas enfermedades. Para ello, se debe fomentar el estilo de vida saludable (seguir un patrón de dieta mediterráneo y realizar ejercicio físico tres o cuatro veces por semana), así como realizar controles de forma puntual de la presión arterial y de los niveles de colesterol en sangre, mantener un peso adecuado y no ser fumador. Estos hábitos sencillos, son los que, mantenidos en el tiempo, suponen en su conjunto un factor protector fundamental para la población. “Como recordatorio, aconsejo a las mujeres que hayan sufrido un infarto, además de apostar por hábitos de vida saludables, controlar el colesterol y evitar el tabaco y el estrés intenso, que acudan siempre a las revisiones cardiológicas que estime su médico, con el objetivo de prevenir la aparición de otras complicaciones cardiovasculares (otro infarto, insuficiencia cardiaca, arritmias, etc...)”, indica.

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Convivir con el infarto de miocardio

Antiguamente, durante los primeros días tras el infarto de miocardio se recomendaba a los pacientes llevar una vida tranquila en la cama. Hoy en día, este reposo absoluto está contraindicado en la mayoría de estos enfermos y los especialistas apuestan por recuperar la normalidad y la rutina diaria cuanto antes. En definitiva, se trata de vivir una vida ordenada para poder reincorporarse rápidamente a su vida habitual. Sin embargo, para aquellas personas que continúan con una enfermedad coronaria grave, en ocasiones, será necesario, antes del alta hospitalaria, repetir otro cateterismo coronario o realizar un procedimiento quirúrgico mediante bypass aorto-coronario (si más de una arteria está obstruida o hay lesiones múltiples en el corazón que son difíciles de tratar por cateterismo).

En este sentido, cabe destacar que, tras el alta, es fundamental realizar los “programas de rehabilitación cardiaca que ofrecen muchos hospitales en España y que han supuesto una gran revolución”, asegura el Dr. García de Yébenes. Gracias a estos programas integrales, los pacientes experimentan una mejora de su capacidad física y de su estado anímico, aprenden a gestionar el estrés emocional relacionado con el infarto, a incorporar los tratamientos farmacológicos en su rutina, así como la dieta que deben seguir y el ejercicio físico controlado. “Esto supone una mejora importantísima de su calidad de vida que, para un porcentaje de pacientes (cada vez mayor), será parecida a la que tenían antes del infarto”, destaca el especialista.