Literatura

Festival de Berlín / Berlinale

Polanski, las gallines y el punto lila

¿En qué momento dejamos de comportarnos como adultos? ¿Cuál fue exactamente el punto de inflexión en el que mutamos y nos convertimos en seres necesitados de tutela constante?

Imagen de las “activistes” que separan a las “gallines” de los “galles” para que estos no violen a “les primeres”.
Imagen de las “activistes” que separan a las “gallines” de los “galles” para que estos no violen a “les primeres”.larazon

la semana ha transcurrido tan de disparate en disparate que soy incapaz de decidirme. Así que va a ser mejor que los comentemos todos o me dará ansiedad. De verdad que no puedo quedarme con uno solo, no me obliguéis a decidir si quiero más a mamá o a papá. Me siento incapaz.

Esta semana es de esas en las que me siento como un niño gordo delante del escaparate de una pastelería con billetes en la mano. Supongo que empiezo mal con la imagen del niño gordo porque estaré, como poco, perpetuando clichés negativos o fomentando una alimentación poco saludable o vaya usted a saber qué dislate. No os preocupéis. He habilitado un punto lila al final de esta columna para que todo el que se sienta ofendido por mis palabras, las que sean, pueda acudir a él y desahogarse. No prometo que vaya a hacer nada al respecto, porque ya adelanto que me va a dar bastante igual, pero considero que puede ser una buena oportunidad para extraer material impagable con el que confeccionar una futura columna, una oda al despropósito actual.

A lo que íbamos. Que me siento como un niño gordo, insisto, porque la semana ha transcurrido tan de disparate en disparate que soy incapaz de decidirme. Así que va a ser mejor que los comentemos todos o me dará ansiedad. De verdad que no puedo quedarme con uno solo, no me obliguéis a decidir si quiero más a mamá o a papá. Me siento incapaz. Dentro carrusel delirante del cinco al uno:

En el puesto número cinco nos encontramos la polémica de chichinabo de Marta Nebot. Se viraliza en redes una vídeo, con un pésimo audio, en el que la presentadora parece llamar “puta” a Cayetana Álvarez de Toledo. En realidad la llama “culta”, pero eso es lo de menos porque lo importante aquí es tener una razón, la que sea, para discutir. Así que, durante unas horas, las RRSS se dividen en los que entienden perfectamente “culta” y los que no tienen dudas de que dice “puta”. Un apunte: todos los participantes en la contienda eran adultos muy enfadados. Yo interpreto este caso como una sutil señal de que el armagedón está a la vuelta de la esquina.

En el puesto número cuatro, y por razones meramente sentimentales, tenemos el berrinche que se han pillado las muchachas de la Plataforma Feminista de Alicante a cuenta de una columna mía de la que ya ni me acordaba. Fue precioso y enternecedor verlas etiquetar en random, intentando buscar una polémica que no tenía razón de ser, a toda famosilla susceptible de venirse arriba y llamarme machista. A unas cuatro o cinco señoras mayores con limitada capacidad argumentativa y pocos amigos, además, les parezco poco graciosa y misógina. Vaya novedad. Otras se ofrecen para conseguirme derechos. Voy a mirar, pero juraría que los tengo todos y que ninguno de ellos me lo habéis conseguido vosotras, chatas. Aún así, yo, que soy de natural apacible y conciliador, me he ofrecido para redactarles gratis los comunicados a partir de ahora. Y les dedico este párrafo, además, porque quiero poner mi granito de arena para ayudarles a conseguir más seguidores en sus baldías redes. Si esto no es sororidad, yo es que ya no sé. Solo me ha faltado escribirlo vestida de Bellea del Foc.

En el puesto número tresnos topamos con el affaire del Festival Bioritme y SFDK. Os resumo: durante el concierto de SFDK dentro de este festival, una mujer se dirige al punto lila (espacio habilitado para recibir asistencia si se perciben actitudes sexistas) y manifiesta que las letras de las canciones están hiriendo su sensibilidad. Mira, yo aquí tengo que parar un momento porque me da la risa. Me imagino a una mujer madura dirigiéndose muy seria a un mostrador a decir “hola, verás, es que las letras de las canciones del concierto al que he venido voluntariamente están hiriendo mi sensibilidad y necesito que hagáis algo al respecto” y me da la risa nerviosa. Me imagino a otra mujer, también crecida, muy seria y afectada, valorando durante unas décimas de segundo la posibilidad de presionar el botón rojo de autodestrucción. ¿En qué momento dejamos de comportarnos como adultos? ¿Cuál fue exactamente el punto de inflexión en el que mutamos y nos convertimos en seres necesitados de tutela constante? No sé exactamente cuántas personas asistieron al concierto de SFDK, espero que muchas, pero de todas esas solo una se sintió herida profundamente. Hasta un punto tal que tuvo que dirigirse al lugar habilitado para denunciar actitudes sexistas y hacérselo saber a alguien esperando que lo solucionase. No, en serio. Me siento herida en mi sensibilidad y profundamente ofendida ante un comportamiento tan pacato e infantiloide. ¿Este es el empoderamiento de la mujer al que se aspira? Pues lo tenemos claro.

En el puesto número dos (ha sido dificilísimo decidirme) nos encontramos a la presidenta del jurado de La Mostra de Venecia. En un alarde de poca profesionalidad y párvulo histrionismo, ha manifestado su intención de no asistir a la gala en la que se proyectará la película de Polanski, que participa en la sección oficial. Le parece fatal, además, que el director Nate Parker estrene su película “American Skin”. Nate Parker fue acusado de violencia sexual y posteriormente absuelto. Pero parece ser que a Lucrecia Martel lo que diga la justicia no le merece ningún respeto si no coincide con lo que ella piensa. En este caso, claro. En el de Polanski le parece determinante, pese a haber transcurrido cuarenta años y que el caso tenga evidentes claroscuros. La directora argentina reconoce abiertamente que es incapaz de separar al hombre de su obra, motivo más que suficiente en mi opinión para inhabilitarla como presidenta de un jurado en un festival de cine. Menos mal que el director de La Mostra, Alberto Barbera, pone cordura en todo esto y considera fundamental separar al hombre y al artista, en contra de lo manifestado por Martel y aún no tomando ninguna medida al respecto. Además, y en un acto de valentía para los tiempos que corren, afirma que nunca favorecerá a ninguna película por el simple hecho de ser dirigida por una mujer, en una clara alusión al tema de las cuotas de mujeres directoras, y que siempre se debe imponer el criterio de la calidad. No puedo menos que aplaudir estas palabras, que no deberían llamarnos la atención por lo obvio pero que, en este momento y por el contrario, es un acto casi subversivo.

Y en el número uno, y como no podía ser de otra manera, tenemos a les chiques del santuario animal Almas Veganas. Se autodenominan “colectivo antiespecista, transfeminista y libertario que lucha por la liberación animal y de la tierra” y me han regalado las risas más grandes de esta semana desde que mi amigo Miguel Ángel me envió por whatsapp su vídeo. Lo he visto en bucle, una y otra vez, llorando de la risa y sin dar apenas crédito. Entre el uso disfuncional del lenguaje inclusivo, lo de devolver los huevos a las gallinas porque para algo son suyos y que separaron a los gallos de las gallinas para que no las violen y así dejen de sufrir, no sé qué parte me parece más fascinante de todas. Creo, de hecho, que voy a verlo otra vez.

Aquí os dejo el punto lila, por cierto. Cualquier cosita, decidme