Por qué debes cuidar al máximo tu suelo pélvico si eres mujer (y has sido madre)

Guadalupe Vega, fisioterapeuta

El embarazo, el parto y el postparto son tres circunstancias que pueden deteriorar mucho el suelo pélvico de la mujer si no lo evita con ejercicio y buenos hábitos

Se le denomina suelo pélvico al conjunto de músculos, fascias y ligamentos que cierran por debajo al compartimento adbomino-pélvico. Se extiende en el área por debajo de la pelvis, entre el pubis en la parte frontal, y el sacro y coxis en la parte posterior.

Su normal funcionamiento asegura la continencia urinaria y fecal, la estabilidad de los órganos pélvicos en su lugar, particularmente por ser bípedos, y una satisfactoria función sexual. Como también tiene una importante función en la estabilidad lumbo pélvica y acompaña en la función respiratoria.

A fin de poder cumplir bien su función, necesitan estar en su normal estado y competencia, tal como cualquier otra estructura del cuerpo. Anatómicamente la pelvis femenina, a diferencia de la masculina, tiene características que la hacen padecer con más frecuencia disfunciones. A saber, tiene la uretra (conducto por el que se expulsa al exterior la orina contenida en la vejiga) más corta; un órgano más (útero), que genera más peso que sostener; y un orificio más, lo que hace que tenga menor capacidad de cierre frente al esfuerzo.

Sumado a esto las mujeres estamos expuestas a variaciones hormonales, y con eso la calidad de sostén de nuestros tejidos. Es por esto mismo, que hay muchas cosas y situaciones muy frecuentes del día a día nuestro que son perjudiciales para nuestro suelo pélvico. No hay que esperar al embarazo o menopausia para acordarnos de esto.

Los principales causas de disfunción de suelo pélvico son: sobrepeso, edad avanzada, alteraciones respiratorias, tabaquismo, embarazo, paridad (cantidad de bebés nacidos), partos, actividad física hiperpresiva.

Como se observará, muy lenta y silenciosamente se van exponiendo estas estructuras a situaciones negativas como la falta de educación frente a la actividad física que realizo, los malos hábitos miccionales y defecatorios, la no preparación al parto, y consulta después de este, las pésimas posturas laborales... Por lo tanto de esto hay que hablar, y esto hay que empezar a prevenir...sobre todo si eres mujer y has tenido embarazos, partos...

En el embarazo, son varios los factores que ponen en juego la buena función del suelo pélvico. En primer lugar, la hormona relaxina, actuando en tejido conectivo, principalmente en los ligamentos, preparando a la pelvis para el parto. Esta situación hace que la pelvis se encuentre mas inestable, sumado a un bebé que progresivamente crece en tamaño y en peso, al cual hay que llevarlo 9 meses. Físicamente hay muchas modificaciones en los ejes del cuerpo y las mecánicas musculares, que se ven empeorada si la mamá se queda frente a la computadora, mal sentada durante horas, si no se hace una actividad física adaptada a la etapa del embarazo. Y una no menor, y muy importante, preparación psicofísica al parto. Y esto es clave. Nuestra realidad nos presenta a mamás primerizas de mayor edad, sometidas a un ritmo de vida y trabajo muy grande con gran desgaste de energía, sedentarias en algunos casos.

Entonces, no es que el parto sea malo o dañino en sí mismo, sino en todo caso hay que prepararlo. De la misma manera que uno se entrena mucho tiempo antes para una maratón. O para el último examen final de la universidad, el que daré el título profesional. Así debería hacerse una preparación al parto.

Esta preparación lo que se busca es concienciar a la mamá que ella es la que hace el parto, y la que tiene las herramientas para hacerlo. Por lo tanto, el desacelere, el organizarse con menos carga horaria en el trabajo, comenzar a conectarse con el bebé, visualizando su parto, sacar la adrenalina que nos invade a todos casi de forma normal, y facilitar la producción de oxcitocina. Esto con música, con respiraciones, con ejercicios de movilidad, relajación, etc.

Se le enseña la forma de evacuar y pujar beneficiosa, para que sea más efectivo para ella, y menos lesivo a su suelo pélvico. Y a la hora del trabajo de parto se la prepara para que lo haga utilizando pelotas, caminando, manteniendo la cama, y favoreciendo con la gravedad el descenso del bebe. Con todo esto las mamás cursan un embarazo con muchas menos molestias y hace que tengan partos menos lesivos para el suelo pélvico.

Otro punto no menor es lo que pasa después del nacimiento del bebé. Es un momento feliz, de adaptación al bebé, con el tema de la lactancia que prima, y cuando nos empezamos a organizar en casa, con las cosas diarias más el nuevo integrante. Resulta que el médico le dice que haga “vida normal” y esa vida normal era correr diez kilómetros semanales, o era ir al gimnasio a saltar la soga y hacer abdominales tradicionales, o estar sencillamente sentada frente a la computadora largas horas.... Entonces ¿quién le mira y evalúa cómo está ese abdomen, columna y suelo pélvico, y si este esta en condiciones de soportar semejante exigencia? ¿Quién evalúa la cicatriz de la episiotomía, si la hubo, o de la cesárea y ayuda a que no sean perjudiciales? Si le cuesta evacuar, si las relaciones sexuales se vuelven dolorosas, ¿a quién le consulta?

Considero muy oportuno la consulta a la fisioterapeuta especializada en suelo pélvico, al menos una vez durante el embarazo que haga su evaluación y determine qué es lo mejor. Y al menos una consulta postparto, para asegurar que esa mamá está bien, no se lastime innecesariamente, y le aseguramos una buena calidad en su área pélvica no menor.

Cuadros como dolor en las relaciones sexuales, incontinencias de orina al saltar, estornudar, levantando las bolsas del súper, al bebé, urgencias miccionales, dolores pélvico que saben dar una respuesta de dónde proceden son situaciones que requieren de la visita al fisioterapeuta para prevenir males mayores.