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¿Por qué mi hijo me miente?

El niño obra conforme a sus deseos, con el fin de conseguirlos, y también por su imaginación e imitación

Analizar y encontrar las posibles motivaciones que llevan a un niño a mentir o a pseudo mentir permite al adulto acompañar al niño en el desarrollo o maduración afectiva.

Para los adultos mentir es un acto social que tiene como objetivo engañar al otro; y lo importante es que para que sea una mentira, el otro no debe darse cuenta. Las dos condiciones para la construcción de la mentira son:

-Conocer lo real

-Construir lo imaginario (para construir la fábula de la mentira se necesita la imaginación)

Si queremos responder más adecuadamente al acto mentiroso de un niño, debemos por un momento dejar de lado el aspecto moral de la mentira, ya que tendremos que intentar comprender cuál es la motivación que lleva al niño a mentir, para, en consecuencia, saber cómo actuar de la forma más adecuada. Lo que más le preocupa a los adultos cuando se produce una mentira es la violación de las reglas y, sobre todo, la debilitación de la confianza en una relación. Podemos decir que la mentira atenta contra la franqueza de una relación. Uno de los beneficios del mentir podría ser, lograr anticipar de alguna manera el éxito sin arriesgarse, eliminando el factor sorpresa que no garantiza el éxito de aquello que se quiere conseguir.

Lo que hay que tratar no es “la mentira” en sí, ya que la mentira es un medio. Lo que el adulto debe intentar descifrar son los motivos que llevan al niño a decir una mentira.

¿Qué son las pseudo-mentiras?

Para los adultos las pseudo mentiras son como las mentiras, afirmaciones contrarias a la realidad, por lo menos a la imagen que el adulto tiene de la realidad. Es común que los niños realicen afirmaciones o negaciones improvisadas, tratando de invertir la evidencia, los datos de la situación. La pseudo mentira tiene aparentemente, un carácter lúdico del cual debemos sospechar. La imaginación está en juego muy directamente. El niño obra conforme a sus deseos, con el fin de conseguirlos, y también por su imaginación e imitación. Nos parece que la imaginación puede ser creadora, pero nos olvidamos de sus fuentes: la sugestión, la imitación... El material primario somos también nosotros, los adultos, y nuestros mensajes. Podríamos pensar que si un niño miente de un modo impulsivo, con espontaneidad, y sin poder casi medir las consecuencias, quizás esté en un primer momento del camino que deberá recorrer hasta llegar a ser una persona con noción de falta y responsabilidad. Los adultos tenemos previsión, pero los niños no nacen con ella. Si nos conducimos con las pseudo mentiras como si el niño fuera plenamente capaz de medir las consecuencias, de seguir el trayecto pleno de su incidencia sobre su personalidad y sobre sus relaciones sociales, o su sentido moral, nos adelantamos a juzgar antes de acompañar, escuchar y guiar. Para comprender y saber cómo debe conducir un adulto una situación en la que se produce una acción “mentirosa”, lo importante es detectar la motivación que activó dicha mentira en el niño.

Motivaciones del mentir o pseudomentir

Analizar y encontrar las posibles motivaciones que llevan a un niño a mentir o a pseudo mentir permite al adulto acompañar al niño en el desarrollo o maduración afectiva.

Algunas de las principales motivaciones que llevan a un niño a mentir son:

Beneficio inmediato: Los niños pequeños ven muy ventajoso el beneficio inmediato de la mentira o pseudo mentira, ya que aún no pueden anticipar tanto las consecuencias.

Buscar acercamiento afectivo: También podemos decir que con una pseudo mentira un niño puede buscar el acercamiento afectivo y así tolerar la ansiedad de separación y sentirse unido afectivamente.

Asegurarse algo: Hay mentiras con las que el niño se ha dado cuenta que se asegura algo. Por ejemplo, un niño que miente porque sabe que así se evita un castigo o un pequeño que dice no tener tarea para asegurarse la tarde libre.

Sentimiento de grandiosidad: Es una mentira que les permite sentirse libres de la humillación del sometimiento al adulto. Por ejemplo los niños que dicen haber obtenido una buena calificación en la escuela, no para evitar el castigo que ello podría ocasionar, sino para sentirse grandes y poderosos frente a un sentimiento de humillación por el fracaso.

Evitar un daño: Muchas veces, los niños mienten a los adultos para evitarles sufrir. Tienen la idea de que algo puede hacerle sentir mal, y mienten para evitarlo.

En muchas ocasiones puede darse la situación en la que el niño tenga varios motivos diferentes para una misma conducta mentirosa. Parece difícil pensarlo, pero estas motivaciones de la conducta son inconscientes, y operan en el niño llevándolo a actuar de determinada manera. Para finalizar, lo importante es destacar, que no es la “mentira” lo que hay que tratar en sí, ya que la mentira es un medio. Lo que el adulto debe intentar descifrar son los motivos. Debemos llegar al móvil de la mentira y trabajar sobre ello, evitando adjudicarle una intencionalidad y un sentido a sus conductas sin tener en cuenta las verdaderas motivaciones que lo llevaron a mentir.

María Elena De Filpo Beascoechea es psicóloga