¿Por qué mienten los niños?

La mentira es una habilidad aprendida que a veces puede resultar beneficiosa

Una de las cuestiones que habitualmente más preocupan a los padres es descubrir que sus hijos les han mentido. Lo cierto es que, aunque pueda resultarnos sorprenderte, la capacidad para mentir es el resultado de una habilidad aprendida que en ocasiones resulta muy beneficiosa.

Una de las cuestiones que habitualmente más preocupan a los padres es descubrir que sus hijos les han mentido. Lo cierto es que, aunque pueda resultarnos sorprenderte, la capacidad para mentir es el resultado de una habilidad aprendida que en ocasiones resulta muy beneficiosa. ¿Qué ocurriría si no supiéramos engañar? Posiblemente nuestro entorno social, laboral y personal sufriría consecuencias negativas en algunos momentos ¿verdad? Gema Valenzuela, psicóloga en el Grupo Laberinto, nos lo cuenta.

Pero, ¿cómo evoluciona esta capacidad?

Alrededor de los tres años la imaginación de los niños se vuelve muy viva, pueden con total seguridad afirmar que han visto al Ratoncito Pérez rondando por su cama, a los Reyes Magos bebiendo leche en el salón o los ojillos de un monstruo a través de su armario.

El “mundo fantástico” es uno de los aspectos que nos diferencian de los más pequeños y que posiblemente más añoramos en nuestra vida adulta. Sin importar cuál sea la realidad del niño, la imaginación lo guiará por las historias más inverosímiles, sin que diferencien, con esta edad, la mentira de la imaginación.

No debemos asustarnos ni preocuparnos por estos comportamientos pues los niños no se dan cuenta de que otras personas saben cosas que ellos no perciben, por lo que no realizarán un engaño intencionado.

¿Qué ocurre a partir de los 3 o 4 años de edad?

Para mentir es necesario inventarse algo con la intención de que otro lo crea, esto requiere poder adivinar lo que alguien piensa y sabe. A esta capacidad la denominamos, teoría de la mente, y aparece alrededor de los cinco años. Es a partir de entonces cuando podemos mentir de forma intencionada, creando historias más elaboradas que hagan plausible lo que ha ocurrido.

En definitiva, los más pequeños pueden inventar fruto de su fantasía. Más adelante, en torno a los 3-5 años, se puede recurrir a ocultar la verdad: negando algo que ha hecho o echando la culpa a otro. Luego las narraciones se vuelven más complejas y en torno a los 10 años, pueden percibir los matices del engaño valorando las intenciones que hay detrás y por tanto, entender las famosas mentiras piadosas.

¿Qué no debemos hacer?

-Juzgarlos: No es lo mismo decir “eres un mentiroso” que “has dicho una mentira”.

Los juicios conllevan etiquetas y éstas no ayudan a establecer un cambio en el comportamiento, sino que lo perpetúan. Vamos a centrarnos en lo que hacen, no en lo que son.

-Poner consecuencias desmedidas: Si le castigamos duramente a pesar de haber confesado reforzaremos el hábito de mentir. Si somos muy exigentes, los niños pueden tener la sensación de no ser suficiente y recurrir al engaño para conseguir nuestra aprobación.

-Mentirles: Como predicar con el ejemplo es importante, no establezcas un modelo a seguir que se base en la mentira. Los niños, especialmente antes de los 10 años, viven el engaño de sus padres con gran decepción. Responde con sinceridad a sus preguntas, adaptándote a su edad, aunque algunas te resulten incómodas.

-Pasar por alto las mentiras: Mintiendo, a veces nuestros hijos consiguen lo que quieren. Para que no se acostumbren a utilizar este método para afrontar los problemas, debemos establecer una consecuencia proporcionada al hecho de llevar a cabo ese engaño. Además, vamos a proponer una alternativa más adecuada de solucionar lo ocurrido.

Recuerda, para educar en la sinceridad, no juzgues antes de escuchar, facilita una comunicación sincera, no permitas que se libren de las tareas o consigan lo que quieren por medio del engaño y pregúntate qué puede haber detrás en el caso de que lo hagan ¿Miedo al castigo? ¿Necesidad de aprobación? ¿Existe un contexto donde ser sincero sale caro?

Comunica abiertamente que te alegra mucho cuando dicen la verdad, aunque lo que te cuenten no te agrade del todo. Esto les permitirá desarrollar su propio sentido de la independencia y tomar decisiones, aumentando la seguridad en sí mismos y reduciendo la posibilidad de mentir en las cosas que realmente importan.