Ojo, Ayuso, que Pablo ya canta: “¡a por ellos, oé, a por ellos, oé…”

El candidato de Unidas Podemos a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Pablo Iglesias, participa en un acto de campaña celebrado este domingo en Collado Villalba.
El candidato de Unidas Podemos a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Pablo Iglesias, participa en un acto de campaña celebrado este domingo en Collado Villalba.Víctor LerenaEFE

Ahora que lo han botado del Tottenham, recuerdo la frase fetiche de Mourinho a sus jugadores ingleses, italianos, portugueses o españoles: «Sois un grupo de buenos chicos, pero los buenos chicos nunca ganan. Tenéis que ser una banda de cabrones». La ha debido recordar también Iglesias, reivindicándose en el fallido debate de la SER como autentico macho alfa ante Rocío Monasterio y diciéndose para sus adentros: «Me lo pusiste en bandeja, tía pendeja». Ahora llamará a las barricadas con más fuerza que nunca: «No llegará la fascista/ a lo alto del madroño/ os lo jura un comunista/ que apuesta en ello el moño». O sea, «¡a por ellos, oé!». Antes de la bronca, los buenos chicos del PSOE, los que nunca ganan, se acercaron sin recelos a la divina pastora de Madrid (santa patrona de la hostelería pregonada hasta en las pizzas) como pastorcitos en busca del calor que no encuentran en su viejo hogar. No sé qué le dirá MAR, pero creo que Ayuso debería lucir en todos los mítines del encabronado circo electoral una camiseta con la foto del otro día junto a Joaquín Leguina y Nicolás Redondo Terreros, fino mensaje subliminal en estos tiempos de broncas con dientes y pendientes en pos del voto radical. No servirá para nada, quizá solo para contar a sus niños lo bien que se llevaba con el centro izquierda y cantar con MAR al arpa: «Un centro grande quería/ un centro descomunal/ al final la fantasía/ quedó en centro comercial».

Y ahí quedan para la historia de esta campaña las imágenes de Ángels Barceló corriendo fervorosa detrás del líder morado cual novia abandonada al pie del altar, casi a punto de cantar con lágrimas en los ojos la popular sevillana: «No te vayas todavía/ no te vayas, por favor/ No te vayas todavía/ que hasta la guitarra mía/ llora cuando dice adiós». Le pide con vehemencia que se quede «por el bien de la democracia», pero a quién le importa eso cuando ya ha conseguido el añorado objetivo: la balacera en el saloon. Desenfundó Rocío y transformó a Pablo en el Clint Eastwood de «Por un puñado de votos». Confesaba Monasterio poseer un gen especial para detectar comunistas. Bien, hija, pero no me los reanimes, le gritará Ayuso.