Actualidad

El duro sufrimiento de la "abuelaza"Isabel Pantoja

El enfrentamiento con su hija le impide ver con asiduidad a su nieto Albertito.

El enfrentamiento con su hija le impide ver con asiduidad a su nieto Albertito.

Publicidad

Su nietos le hacen evadirse de las penas, con ellos recupera las alegrías perdidas por una situación vital plagada de problemas económicos, la enfermedad de su madre y la nula relación con su hija. Por desgracia, el distanciamiento entre Isabel Pantoja y su hija Chabelita tiene duros efectos colaterales, el más importante tiene como protagonista principal a Albertito, hijo de Isa y Alberto Isla, quien, ante el desencuentro materno filial ya no ve con la asiduidad de antaño a su queridísima abuela. Porque la cantante y el niño son uña y carne, se quieren y juegan juntos en “Cantora”, allí donde la bisabuela doña Ana deja pasar los días recibiendo palabras de cariño de su hija y su nieto.

Ante la difícil coyuntura, la tonadillera ha encontrado una tabla de salvación en su “yerno” Alberto Isla, con el que antes no tenía buena relación. Las circunstancias propician el acercamiento y dicen que el hoy trabajador sanitario se ha ofrecido a llevar al niño a la finca para que pase buenos ratos con su abuela, un gesto lleno de generosidad y que pilló por sorpresa a la mismísima Isa. Nadie se esperaba algo así.

Publicidad

Isabel vive, de momento, entre “Cantora” y Madrid, donde reside uno o dos días por semana para grabar el concurso infantil “Idol kids”. El resto del tiempo lo pasa en el campo con su progenitora. Una fuente “cantoreña” nos desvela que “Isabel está preocupadísima por el estado de salud de doña Ana, si antes se volcaba en su cuidado, ahora, el doble. No se separa de ella, todo son caricias y besos, no quiere ni llegar a imaginarse que su madre llegué a una situación crítica. Sería la puntilla a todas sus desgracias familiares. Nunca pudo imaginarse que iba a llegar a estas alturas un enfrentamiento tan grande con su única hija.”.

Publicidad

Pero para Isa Asraf y Albertito son los faros que iluminan su vida, y, desgraciadamente, el resto le sobran. Los afectos de las amistades se van como vienen, pocos son los que forman parte de la “Corte” permanente de Isa P. y la mayoría se acerca más por interés que por cariños sinceros. El día que se acaben las fiestas y el dinero, ya veremos si los amigos de hoy siguen siendo los mismos en el futuro, o acabarán tomando caminos distintos como ocurrió con el fiel Sema. Pasó de ser escudero y llevar bolsos, a desaparecer en medio del olvido. En este aspecto, Isa y su madre siguen caminos paralelos, una y otra han “renegado” de quienes bailaban al son que ellas tocaban en tiempos pasados. Una verdadera pena que no beneficia a ninguna de las dos