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Tita y Borja Thyssen, unidos (por el ministro de cultura)

Desde que el 13 de julio se diese carta de naturaleza al pacto firmado entre cultura y la baronesa, la relación de la familia se ha estrechado

Tita Cervera y Borja Thyssen salen del restaurante donde han disfrutado de una cena con José María Michavila y Ángel Acebes. En Madrid (España) a 19 de abril de 2021.
THYSSEN;RESTAURANTE;HORCHER;
Óscar Ortiz / Europa Press
19/04/2021
Tita Cervera y Borja Thyssen salen del restaurante donde han disfrutado de una cena con José María Michavila y Ángel Acebes. En Madrid (España) a 19 de abril de 2021. THYSSEN;RESTAURANTE;HORCHER; Óscar Ortiz / Europa Press 19/04/2021 FOTO: Óscar Ortiz Europa Press

La relación de Carmen Cervera y su hijo ha sido como una noria de amores y desamores cuando aparecían juntos en actos del museo Thyssen o compartiendo travesías por el Mediterráneo en el Mata Mua. Aparentemente madre e hijo se entendían, pero, como dice el refrán, «la alegría dura poco en la casa del pobre». Una manera de señalar que la fatalidad y la mala suerte se ceban en los más desfavorecidos. No es el caso ni de Borja ni de su madre, cuyos afectos cambian dependiendo de cuestiones económicas. Hay que recordar las batallas judiciales que mantuvieron durante unos años con demandas de ida y vuelta, peticiones de ADN por parte de Carmen al nacer el primer hijo de Borja, sus reivindicaciones sobre determinadas obras que colgaban en el museo y el intento de subastar obras de su propiedad y muchos desencuentros que hicieron que la relación se deteriorara. Los años y quizá la estabilidad que Blanca Cuesta marcó en la vida del primogénito fue fundamental para que los vaivenes afectivos cada vez fueran a menos. También influyó el nacimiento de los cinco hijos que sirvieron para que Borja entendiera las razones a veces inamovibles de su madre. Por ejemplo, cuando le aconsejó que pactara con Hacienda por la multa millonaria y la consiguiente petición de cárcel por parte de la Fiscalía. Se negó a llegar a un acuerdo como sí que hizo la baronesa y aconsejaban sus abogados. Borja con el suyo no lo hizo y la sentencia le dio la razón y le fue favorable. A partir de esa decisión, la madre se percató de que el hijo había madurado, que sus decisiones eran válidas y volvieron a tratarse. El año de pandemia les volvió a separar pero solo físicamente. La baronesa se encerró en su villa de Andorra y Borja en su chalet de La Finca. A todo esos desencuentros se unían los nervios de la mecenas y coleccionista ante el retraso y las consecutivas prórrogas por el acuerdo para la firma del alquiler de su colección privada al Estado Español. Hubo nueve ministros de Cultura en esas negociaciones, en las que determinadas reivindicaciones no eran solo monetarias sino personales y que tenían que ver con asuntos de Hacienda. La petición era que tanto ella como su hijo no tuvieran que pagar el IRPF al ser ciudadanos andorranos y pasar más de 184 días en España para temas relacionados con actividades culturales del museo. Por fin, el pasado 13 de julio el Consejo de Ministros daba carta de naturaleza al pacto firmado en enero entre el entonces ministro Rodríguez Uribes y la baronesa de 6.500.000 anuales por quince años. Durante ese tiempo de negociación era importante considerar que Borja tenía un treinta por ciento de la propiedad y debía estar informado aunque su decisión no fuera vinculante. Carmen Cervera le tuvo al tanto y este detalle volvió a unirles. La baronesa está ya instalada en su casa de San Feliú con sus mellizas y aún está pendiente cerrar fecha para encontrarse todos en Baleares, pero antes deberá solventar su miedo al Covid a pesar de estar vacunada. Lo que si ha quedado claro es que gracias al acuerdo con el Ministerio de Cultura, las relaciones familiares también se desatascaron. Ahora habrá que esperar al regreso del Mata Mua al Thyssen.