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La Marbella de Jesús Gil: excesos de día y fiestas eternas de noche

Fueron tiempos excesivos en los que Jesús Gil era el centro. La fiesta, mañana, tarde y noche, estaba asegurada.

Fueron tiempos excesivos en los que Jesús Gil era el centro. La fiesta, mañana, tarde y noche, estaba asegurada.

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La serie documental sobre Jesús Gil que se emite HBO ha vuelto a poner de actualidad la ciudad de Marbella. La llegada del que fuera alcalde y presidente del Atlético de Madrid supuso un antes y un después en la vida social y política de esta localidad de la Costa del Sol. La «era Gil», como se la denominó en aquellos años, fomentó una actividad lúdica con personajes de lo más variopinto que formaban parte de la vida loca, divertida y excesiva.

En este listado se encontraba Sean Connery, vigilado siempre por su mujer Micheline Roquebrune, que le ponía firme si se entretenía más de la cuenta con alguna chica joven y guapa. El agente 007 que sacaba dos cabezas a su esposa se achantaba y volvía al redil. Formaban una de las parejas más curiosas que durante años disfrutaron del clima de Marbella. Al principio el matrimonio mantuvo una buenísima relación con Gil, que se enfrió cuando el alcalde empezó su carrera contra reloj para convertir la ciudad y sus alrededores en una especie de Manhattan a lo ancho.

En una de las zonas en la que vivían los Connery, en la finca Malibú, se construyeron apartamentos de lujo que arruinaron la tranquilidad del actor. Y sobre todo las vistas. Vendieron y se marcharon. De la buena relación del agente con Gil pasaron a un desencuentro total. La manera de ver la política de uno y de otro también les separó. Gil no entendía las reivindicaciones independentistas del escocés y Connery las maneras abruptas del alcalde.

El actor fue el primero que reprobó públicamente al edil marbellí por utilizar su imagen sin su permiso en un vídeo corporativo. En esos autobombos aparecían otros famosos, como el matrimonio formado por Gunilla y Luis Ortiz, Alfonso Hohenlohe, el conde Rudi, Antonio El Bailarín, Linda Christian, viuda de Tyrone Power, y hasta se utilizaba la imagen del palacio del rey Fahd como recurso ilustrativo. Nadie se quejaba y todos ganaban dinero.

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Jaime de Mora, uno de los hombres claves de Marbella para atraer a personajes estrafalarios como fueron el dictador del Zaire Mobutu o el traficante de armas Khashoggi, fue el primer candidato a la alcaldía de Marbella. En un almuerzo pantagruélico con ostras, caviar y champán le propusieron encabezar una candidatura para optar al bastón de mando. Dijo que no. En esa reunión gastronómica tambien estaba Gil y Gil que pensó, «¿y por qué no yo?» Y pasó del pensamiento a la verbalización.

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Vacas demasiado gordas

Así fue como el constructor con una imagen muy alejada de lo que se suponía el encanto y la seducción pública marbellí decidió colocarse en primera línea de salida y nació el partido GIL (Grupo Independiente Liberal). Una de sus frases en aquellas reuniones preliminares era muy clarificadora: «Si se venden mis pisos yo gano dinero y los demás también». Y efectivamente así fue como la mirada de los críticos a la figura del constructor cambió de horizonte y ya no hubo censuras. Jesús Gil tuvo mayoría absoluta el 26 de mayo de 1991.

Fueron apareciendo colaterales sin nombre conocido que se aprovecharon en la época de las vacas gordas de esa autocracia que no criticaban. La guinda llegó cuando Marbella se convirtió en ciudad sin ley con Julián Muñoz, José Antonio Roca, Pedro Román, Marisol Yagüe, Isabel García Marcos y demás subalternos de Gil del que fueron alumnos aventajados y con premio «cum laude». La Operación Malaya dejó al descubierto las tropelías en las que había derivado esa época en la que llenó las playas de esculturas de elefantes a tamaño natural. Una imagen inédita dónde habría sido más útil colocar tumbonas gratis

Cuando mandó construir el gran arco con la palabra Marbella que abre y cierra la ciudad , puso en funcionamiento la máquina de hacer dinero de la que se aprovecharon muchos personajes famosos y desconocidos. La corrupción se implantó en la ciudad con la Junta de Andalucía mirando para otro lado. Gil no empezó a ser peligroso para el sistema que era conocedor de las tropelías hasta que no quiso optar a las alcaldías de Ceuta y Melilla. Eso ya era otra cosa. Y más al anunciar que «limpiaré las calles como ya he hecho en Marbella». Incluso llegó a comentar que si ganaba estas dos ciudades podrían tener una fiscalidad diferente. Algo así como convertirlas en paraísos fiscales. El sistema se puso en funcionamiento y afloró la corrupción y las tropelía. Y Gil acabó en la cárcel.

Volvamos a la parte más social que quién esto firma vivió durante ocho veranos como corresponsal de la revista «Tiempo». Las noches se alargaban más allá del alba y al mediodía volvía la juerga con parada en los chiringuitos de la playa como «Marisa», donde era posible encontrarse con la duquesa de Alba o al fundador de El Corte Inglés, Ramón Areces, bebiendo cerveza helada y fritura malagueña a precio de caviar iraní. En este local a los pies de «Las Cañas», la villa de Cayetana, se iniciaron Los Morancos engañando a la parroquia con su parodia del turista inglés. Después a los postres llegaban Los del Río, que en aquellos años aún no habían triunfado con su «Macarena», y animaban el ambiente hasta que se iba el sol. Y otra vez empezaba la juerga nocturna que podía acabar en «Lunares», un local flamenco donde Lola Flores se arrancaba a bailar de madrugada «y que no me falte el güisquito», decía.

Otro de los lugares emblemáticos era el lujoso beach del elitista y carísimo hotel Marbella Club. La bebida más solicitada para recuperarse de las resacas era el cocktail «bullshot». Los camareros eran expertos en este brebaje compuesto por vodka, consomé de rabo de buey Campbell, tabasco y pimienta negra que servían como si fueran refrescos. La sangría se dejaba para los extranjeros, como Sean Connery, y el champán más exquisito era el aperitivo de la princesa Soraya. La esposa repudiada del que fuera el Sha de Persia, se instalaba todos los veranos en una casa alquilada que otros años fue el hogar de Lita Trujillo y Jaime Ostos. Hasta que rompieron fueron una de las parejas que cerraban los locales junto a los hijos de Khashoggi, el multimillonario saudí traficante de armas. Ostos recuerda aquellas fiestas interminables: «Nunca he bebido y no me hacía falta nada externo para divertirme. Con el tiempo todo cambió y nos hicimos mayores».

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Desde los personajes nacionales como Lola Flores, Antonio El Bailarín y la propia duquesa de Alba, a nombres de personajes extranjeros como la princesa Michael de Kent, Shirley Bassey o Liz Taylor de camino a Tánger, eran la cara publicitaria de una Marbella que perdió su encanto cuando se asoció a la corrupción. Isabel Pantoja entró a formar parte del trío familiar que encabezaba el que fuera alcalde, Julián Muñoz, y su mujer, Mayte Zaldívar. Una etapa post Gil y que terminó con casi todos ellos en la cárcel.