Fiestas, el gran negocio de Davos

En Davos, entre trajes de raya diplomática y zapatos Oxford, se cuelan algunos «looks» más festivos
En Davos, entre trajes de raya diplomática y zapatos Oxford, se cuelan algunos «looks» más festivos

«Festival de ideas en la nieve». Así llaman sarcásticamente a la reunión anual del ForoEconómico Mundial (WEF en sus siglas en inglés), que está teniendo lugar esta semana en el corazón de los Alpes suizos, en Davos. El congreso que aglomera a las mentes más brillantes, emprendedoras y sí, a las que guardan los códigos de seguridad de las cuentas bancarias con más ceros del mundo se precia de tener entre su «guest-list» nombres como David Cameron, Benjamin Netanyahu, Christine Lagarde o Hasan Rouhani, además del presidente de JPMorgan y Google, la directora ejecutiva de Yahoo o el fundador de Zuckerberg Media. Pero según los propios asistentes al foro, se trata de un nivel «premium» de «postureo» ejecutivo. Porque aunque es cierto que se discuten temas de vital importancia y que la gente más influyente del planeta se estrecha la mano en los salones de sus hoteles, las verdaderas reuniones ocurren a puerta cerrada y muchos buscan más un «selfie» con su pase colgado al cuello que una revolucionaria idea de negocio. Por eso, estos días las redes sociales se llenan de mensajes que parecen extraídos de un informe del Fondo Monetario Internacional... Pero también de afiladas bromas sobre el autobombo que se percibe en los afortunados visitantes del pueblo del somonte alpino, que cuentan incluso con una red social secreta. Y entre irónicos comentarios y concienzudos análisis de la situación económica actual, aparecen algunos de los directores de las empresas más importantes del mundo degustando suculentos canapés o brindando, estrambótico cóctel en mano, con alguna de las muchas «celebrities» que se dejan caer por los salones de conferencias.

Y es que ésa es una de las principales atracciones –si no es la primordial– de Davos: los famosos. La oportunidad de compartir el postre con Matt Damon; de ir a la fiesta de Reuters junto a Bono, el vocalista de U2; de practicar los célebres pasos del «Gangnam Style» en directo, aprendiendo de PSY; o de escuchar al ex futbolista Ronaldo hablando sobre lo preparado que está Brasil para acoger el Mundial de Fútbol son ocasiones de oro y un buen incentivo para pagar el caro billete hasta las montañas europeas. Jimmy Wales, cofundador de Wikipedia, cuenta que en 2012, se encontraba bailando en una de las múltiples fiestas al ritmo de «Moves Like Jagger», la canción de Maroon 5, cuando se encontró al mismísmo Mick Jagger imitando sus movimientos junto a él. «Tarde o temprano, todo el mundo viene a Davos», se escucha en los pasillos del WEF.

Fiestas de postín

Pero por muchos discursos que ensayen, niguna de las «celebrities» se permitió el lujo de abandonar Davos sin dejarse ver en alguna de sus increíbles fiestas. Las más alocadas tienen lugar en el Pöstli Club (donde los éxitos de ABBA suenan hasta el amanecer) o en el Hotel Steigenberger Belvédère, en cuya fastuosa sala brindó Charlize Theron el año pasado hasta que salió el sol y donde personajes de la talla de Brad Pitt y Angelina Jolie se dejaron agasajar cuando acudieron en 2006. En esta edición, Ronaldo y Bono bailaron y brindaron en la fiesta que Reuters organizó el miércoles por la noche, que coincidió con la del «Wall Street Journal», aunque una de las más movidas fue la «Korea Night» el martes: el cantante y rapero PSY atronó las montañas con su famoso «Gangnam Style». Otra noche muy animada tuvo como protagonista los Juegos Olímpicos de Invierno: la «Sochi Nightcap», patrocinada por Coca-Cola y unas cuantas empresas rusas, ofreció un concierto de la reina del R&B Mary J. Blige y los combinados pasaron de mano en mano, pero la fiesta –como ocurre con todas las buenas fiestas en Davos– acabó en el Piano Bar, el centro neurálgico del jolgorio y la alegría del pueblo. Absolutamente todos los empresarios y hombres de negocios acuden allí después de cenar para continuar con un poco de «late night networking», según afirman en su propia web. Está en la plaza de Davos y sus asiduos se gastan una media de 180 euros cada vez que brindan.

Sin embargo, no hay que olvidar que ésta es una de las reuniones más elitistas del mundo, y sus precios van acordes al estatus de sus invitados. En el Morosani Posthotel –donde se sirven la mayoría de almuerzos de negocios y los cócteles vespertinos estos días– el cubierto tiene un precio de 155 euros y alquilar su barra para dar una fiesta para 60 personas, 12.000. Las fiestas más grandes, como la de Google, que tuvo lugar ayer viernes, suponen un gasto de 185.000 euros y ofrecen excentricidades como una barra de oxígeno o una pista de baile con los colores corporativos (Rania de Jordania y Lauren Bush son asiduas a sus cócteles e incluso participaron en la fiesta inspirada en el universo marino de 2010). Y lo mismo ocurre con el alojamiento y los servicios: alquilar un chalet, más de 100.000 euros la semana; el servicio de coches del WEF ofrece un Mercedes y un conductor por 7.000 y, para aquellos más elitistas, un avión privado les saldrá por 50.000 euros el viaje y una vuelta en helicóptero hasta Zúrich, por 2.500. Después de todo, ¿qué minucia es esa para una reunión cuya entrada alcanza los 115.000 euros y que recauda 140 millones cada año?