La boda que sí se celebró de Gina y Rigau

Gina Lollobrigida y Javier Rigau, en 2006 en la gala de la Cruz Roja en Mónaco
Gina Lollobrigida y Javier Rigau, en 2006 en la gala de la Cruz Roja en Mónaco

«Gina Lollobrigida no está bien». Así de tajante es el testimonio que ha conseguido obtener LA RAZÓN acerca de las informaciones que han aparecido en los últimos años sobre «la mujer más bella del mundo». Actualmente «La lollo» se encuentra inmersa en varios procesos judiciales abiertos relacionados con un cambio en su actitud que preocupa a sus allegados. Su hijo, Milko Škofic Jr, fruto de su matrimonio con el médico esloveno, solicitó hace unos meses que los tribunales designen a un administrador que controle la utilización del patrimonio de su madre, por temor a injerencias externas que estén aconsejando mal e interesadamente a la protagonista de «Pan, amor y fantasía». Por otro lado, Gina interpuso una demanda contra el empresario Javier Rigau tras denunciar que nunca firmó unos poderes para contraer matrimonio con él en Barcelona en 2010. Y más recientemente se ha sabido que Lollobrigida está siendo investigada bajo la acusación de haber sobornado presuntamente a dos testigos para que declarasen a su favor en un antiguo juicio contra un amigo al que acusó de haber robado un diseño que hizo ella para luego vendérselo a Swarovski.

Según ha podido saber este diario existen varias incongruencias en estas historias que hacen temer por las decisiones que ha ido tomando la diva italiana. Gina, entonces de 56 años y Javier Rigau, de 23, se conocieron en el verano de 1984 en casa de Sandra y Ricky, barones Di Portanova. Los asistentes recuerdan cómo enseguida hubo química entre ambos, y ahí empezó una relación que duraría más de 28 años. Los dos mantenían relaciones sentimentales aparte, pero se reunían con frecuencia en la casa que él posee en la Costa Brava o en las de ella en Roma y Mónaco. Después de romper con sus respectivas aventuras se inició una etapa que llegaría hasta sus primeros planes de boda. En 2001 quisieron contraer matrimonio en Montecarlo sin conseguirlo por oposición de la familia del empresario. La siguiente cita fue en 2006. «Ha sido requerido el placer de tu compañía por Gina Lollobrigida y Javier Rigau a la celebración de su matrimonio el miércoles 29 de noviembre de 2006 en la iglesia de San Malaquías, capilla de los actores en Nueva York. Seguidamente habrá cena y baile en la sala arcoíris de Cipriani en el Rockefeller Center», reza la invitación, como ha podido comprobar este periódico. Al enlace iban a asistir estrellas como Jack Valenti, Liza Minelli, Lauren Bacall, Hillary Clinton y Elizabeth Taylor –que Gina no quería que fuese la madrina porque daba mala suerte asistir en silla de ruedas–, entre otros. Las cámaras de los medios empezaron a colocarse sin permiso para captar la boda y los contrayentes decidieron cancelarla por logística y trasladarla a Roma (enviaron una nota a los medios: «En vista del interés y el afecto de tantos amigos europeos, nosotros hemos decidido posponer la fecha hasta el 27 de enero en Roma donde habrá una ceremonia religiosa en la basílica de Santa María de Aracoeli»). Pero ese matrimonio tampoco se celebraría, ya que Rigau lo canceló unilateralmente, y envió una nota a Europa Press el 5 de diciembre de 2006, lo que supuso un enfado entre la pareja que duró cuatro meses, hasta agosto de 2007.

El aislamiento de Gina

Después de una reconciliación, una tarde comenzaron a preparar el que sería su cuarto intento de contraer matrimonio. A la actriz, escultora y fotógrafa se le ocurrió una idea, ya que la presión mediática había frustrado al menos dos de los intentos. Lollobrigida quiso copiar a Sophia Loren. Ella y Carlo Ponti se casaron en 1957 por poderes y la pareja Lollobrigida-Rigau acordaron hacer lo mismo. Se instó a dos abogadas, Teresa Bueyes, letrada española de Gina –a la que negó conocer en la vista del mes de mayo de 2014–, y Giulia Citani, abogada histórica de la actriz, a que preparasen la documentación necesaria. «La Lollo» aterrizó en agosto de 2010 en Barcelona y, según los testigos, firmó los papeles ante notario en el hotel Princesa Sofía. En abril y mayo de 2011 Gina se tenía que ir a Nueva York para solucionar una demanda contra Lorenzo Zichichi, por el plagio de una de sus esculturas en la que estaba implicada la joyería Swarovsky. Ella, presuntamente, quería presionar con una rueda de prensa a la marca para conseguir una indemnización. Su abogada, Giulia Citani, le sugirió que fuera con Andrea Piazzolla, un chico que a finales de 2009 empezó a trabajar para Lollobrigida por mediación del hijo de Maria Grazia, persona que acudía a casa de Gina a retocar las fotografías de la diva. Este personaje es uno de los más polémicos en torno al cambio de actitud de «la Lollo» hacia su círculo de confianza.

La actriz permaneció un mes en EE UU, volvió una semana y regresó a Nueva York. Durante ese tiempo confesó que Piazzolla «me ha abierto los ojos» y aseguraba que su abogada, Citani –casada y con dos hijos–, le había estado robando durante siete años el producto del alquiler de tres apartamentos que poseía en Roma. Además, la acusó de ser lesbiana y de tener un interés sexual por ella. Mientras estuvo en Nueva York, el joven había causado presuntamente varios problemas entre acusaciones de robo –que acabaron en la embajada– y dificultades con el matrimonio con el que Lollobrigida se hospedaba en América. El entorno de Andrea –su familia se dedica profesionalmente a impartir cursos de persuasión de la mente– gestionó el despido de la abogada. Un mes más tarde también fue expulsado Giorgio Bonini, un arquitecto amigo íntimo de la actriz durante 30 años. La siguiente en perder su confianza fue Alma, el ama de llaves. Piazzolla consiguió después, según ha expresado Milko en la Prensa italiana, alejarle paulatinamente de su madre. Parece ser que llegó a argumentar que su nieto, Dimitri, poseía varias webs en las que realizaba actos obscenos con crucifijos y la Virgen María. Desde 2012 ambos, hijo y nieto, pierden completamente el contacto con ella y se cambian las llaves del domicilio de la Via Appia Antica.

Dudosa subasta

A partir de ahí Piazzolla comienza a convertirse en protagonista de la historia. Parece que intenta que se publicite un negocio que consiste en alquilar un bar en Canarias bajo el gancho de «tómese una copa con Gina Lollobrigida», e intenta conseguir los fondos. Ya en julio de 2007 la situación es insostenible y se organiza una fiesta sorpresa por el cumpleaños de la actriz a la que asisten personas del círculo del joven, pero nadie de la confianza de ella, que también se niega a aportar dinero para que Dimitri pueda ingresar en una escuela de arte dramático. Entonces, Gina comienza a hacer movimientos para favorecer económicamente a Piazzolla a través de documentos legales mientras él parece convencerla para vender en 2013 parte de sus joyas en una subasta en Sotheby's para aportar capital a la empresa Stamina, dedicada a tratamientos con células madre, y que está enjuiciada en Italia, de la cual Andrea es miembro del patronato. En la actualidad, el proceso legal contra Rigau está en suspenso mientras se revisa una prueba caligráfica para comprobar que la firma del documento es realmente la de la actriz y cuando se obtenga el resultado, la Justicia decidirá.