Sencillo, pero irreal

El tamaño gráfico de la letra nos muestra una persona observadora, tendente al análisis y a la estrategia. La inclinación de la letra nos habla de alguien para quien es muy importante alcanzar sus objetivos, llegando incluso a ser impulsivo e impaciente. Le gusta asumir riesgos y posee una fuerte ambición. La escritura lanzada, como por ejemplo en la rúbrica de la firma, nos habla de iniciativa y una gran tenacidad, perseverando en una acción hasta que alcanza sus objetivos.

La dirección de las líneas marca una actitud diplomática, con capacidad para adaptar su discurso según convenga. Es una persona muy organizada con una sobrevaloración del orden, que puede llegar a usar la fuerza para imponerlo. Le agrada la rutina fija, pues su inclinación no muestra velocidad ni ímpetu, sino constancia, con curvaturas y guirnaldas tramposas («n» y «m») muy premeditadas. Su fuerza de voluntad es férrea. Existe una mayor presión en el lado izquierdo lo que indica una tendencia al pasado. El predominio general de las formas curvas, que se interpreta como cordialidad, no puede ocultar la rectitud excesiva y exacta de las líneas, ni la equidistancia entre ellas, lo que da lugar a una letra caligráfica pastosa y densa con predominio del cuerpo escritural. Refleja fortaleza física y rigurosidad en la actitud. La escritura carece de espontaneidad, no hay imaginación creativa alguna. Los finales subidos de las vocales nos hablan de fortaleza. El alargar alguno de estos rasgos al final de la línea refleja desconfianza.

La firma, invasiva y de mayor tamaño que el texto, sugiere el agrado por el protagonismo. La «f» no es mayúscula como cabría esperar, sino minúscula, lo que nos habla de hipercompensación de inseguridad. Se muestra sencillo pero no es real, posee un excesivo autoconcepto (gran tamaño de la inicial). Para ser una carta personal, no utiliza el nombre propio, sino el apellido, lo que indica la importancia que imprime al estatus social. La rúbrica de base extensa, y dirigida en su parte final a la derecha, en un deseo de autoafirmación.