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Las vacaciones secretas de Don Felipe y Doña Letizia

Los Reyes y sus hijas han terminado su estancia en Mallorca y se abre la incógnita veraniega: ¿dónde pasarán sus vacaciones no oficiales?

Los Reyes han dado por finalizado su verano «oficial» en Mallorca. Han sido diez días con sus correspondientes apariciones en diferentes escenarios, incluido el tradicional posado en los jardines del palacio de Marivent y la recepción en el palacio de la Almudaina. Algunas veces estos encuentros públicos estuvieron protagonizados solo por la unidad familiar principal y otras con la compañía de Doña Sofía, que este año ha ejercido de abuela con la Princesa de Asturias y la Infanta Sofía. Quizá una manera de hacer olvidar el desencuentro que tuvieron la Reina y su suegra en la Catedral de Santa María de Palma hace dos años. Aparentemente la relación es cordial.

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Mientras, Doña Sofía permanecerá en la isla que para ella es uno de los lugares donde ha sido más feliz, por no decir el más, donde reunía a sus hijos cuando aún no eran independientes y después a los nietos.

A Don Juan Carlos no se le espera. Estuvo unos días a principio del mes de agosto y luego puso rumbo a Finlandia para participar en el campeonato del mundo de vela, donde la tripulación del «Bribón» ha vuelto a revalidar el título de los mejores del mundo en la clase 6 metros. Para el monarca, estas escapadas marineras son las que le han dado la vida, según explicaba Pedro Campos, armador del barco y una de las personas que forman parte del grupo de amigos gallegos.

Es probable que Don Juan Carlos se instale en su casa de Sanxenxo como ha hecho cada vez que ha viajado a esa localidad. Allí, el padre de Felipe VI se encuentra muy cómodo sin la presión que rodea cada salida suya en Mallorca. Una sensación muy parecida a la que vive Doña Letizia, aunque por motivos muy diferentes.

Para la consorte real este ha sido su decimosexto verano con más apariciones públicas que en ediciones anteriores. Incluso su visita al club náutico donde el Rey formaba parte de la tripulación del «Aifos» ha sido mucho más larga que en años anteriores. Esta vez paseó por las instalaciones durante más de media hora. Llamaba la atención que la Reina prefiriera hacer ese recorrido sola con sus niñas. La explicación tenía que ver con la poca relación de la que un día fuera periodista con el mundo que tanto le gusta al Jefe del Estado.

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En Mallorca, Doña Letizia no frecuenta las amistades de su marido, salvo por la del cantante y compositor Jaime Anglada y su mujer Pilar. Con ella, farmacéutica de profesión, se entiende muy bien. Es madre de dos hijos y se mantiene alejada de la popularidad del artista. Pilar visita regularmente –sola o en compañía de Anglada y los hijos– Son Vent, la residencia oficial de los Reyes en verano. Nunca se ha visto a los monarcas compartir juntos en verano cenas y reuniones de amigos fuera de su residencia. Si las hay, no se conocen.

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VIEJAS AMISTADES

En cambio, Don Felipe sí se divierte con su grupo de amigos y acude en Palma a lugares que nadie se imaginaria. El año pasado repitió cena en el restaurante Nitos. Se trata de un local donde se sirven pollos asados tanto para llevar como para degustar en el propio comedor. No tiene estrellas Michelin y no forma parte de la ruta gastronómica de los entendidos en cocina gourmet, pero al Rey y a sus amistades lo prefieren antes que algunos restaurantes lujosos de Puerto Portal o similar. A estas escapadas nunca ha acudido Doña Letizia.

Antes de que la periodista apareciera en su vida, el Rey compartía salidas con Kyril de Bulgaria y los hermanos Gómez-Acebo, además de los compañeros de regatas. Con algunos de ellos sigue manteniendo relación, como los hermanos Juan Carlos y Jaime Rodríguez Toubes, Domingo Manrique, Juan Luis Wood Valdivielso y Ricardo Maldonado. Si se reúnen lo hacen solos con el amigo regio y sin las mujeres respectivas.

Tampoco hay ya relación con los primos Bulgaria. Hace unos días a Kiril le entregaron el premio de Mallorquín del verano y al preguntarle si tenía previsto verse con Don Felipe contestó que no era probable: «Pasé unos veranos fantásticos en Marivent, pero por ahora es diferente. Cada uno tiene su vida y además mi casa está lejos de Son Vent». Y así resolvió el interrogante de si él y su novia compartirían encuentros con sus primos Borbón.

Muy lejos quedan aquellas excursiones marítimas a la isla de Cabrera o a pequeñas calas donde los Príncipes de Asturias presentaban una imagen de pueblo soberano. Don Felipe caminando con Leonor en brazos y una bolsa nevera con el picnic. Doña Letizia con gorra, pantalón corto, camiseta de tirantes cubriendo el bikini y bolsas de playa al hombro.

Esas imágenes no volvieron a repetirse, igual que las fotos en la cubierta del «Fortuna» junto a su suegra, sus cuñadas y sobrinos Urdangarín y Marichalar. En esos primeros veranos como Princesa de Asturias la agenda la marcaban Don Juan Carlos y Doña Sofía y las cenas en Flanigan, propiedad de Miguel Arias, eran obligatorias.

Se contaba en Mallorca como chascarrillo que los habitantes de Marivent se escondían cuando aparecía el anterior Jefe del Estado para convocarlos en el local de su amigo Arias. Ahora estas reuniones familiares solo existen con la abuela real.

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Mientras en Marivent Doña Sofía mantiene su puesto de guardiana del palacio, Son Vent, la residencia del Jefe del Estado, se cierra hasta el año que viene. Si la tradición de otros veranos sigue en pie, una vez que desaparecen de Palma regresarán directamente a finales de septiembre a Madrid sin pisar su residencia vacacional en la isla ni tampoco Marivent.

A partir de ahora el itinerario vacacional se convierte casi en un secreto de Estado. Salvo que haya filtraciones por parte de ciudadanos anónimos que se convierten en paparazzi ocasionales no hay información oficial. Son vacaciones privadas y por lo tanto no hay agenda ni información a los medios. Este año tampoco podrán ir muy lejos, ya que la situación política tampoco es la mejor (con un Gobierno en funciones y ciertos partidos que no se ponen de acuerdo ante el enfado de buena parte de los ciudadanos).

Una de las opciones preferidas por el matrimonio real y sus hijas es compartir crucero con un grupo de amigos que tienen hijos de edades parecidas. La ruta preferida, una vez que Mallorca y alrededores quedan descartados, es navegar por el Mediterráneo. En dos ocasiones eligieron la costa griega con parada en las islas más exclusivas. Una manera de mantenerse fuera de la visión pública. Hasta estos lugares no llega todo el mundo porque muchas de ellas son privadas. Otra vez recorrieron la Costa Amalfitana y sí quedó documentado por varios ciudadanos que resolvió el paradero secreto de los entonces Príncipes de Asturias. Más difícil ha sido localizarlos cuando Don Felipe llegó a la Jefatura del Estado, pero también se rumoreó que habían repetido crucero con parada en Mikonos donde el Rey no se despegó de su gorra al desembarcar. Dado su físico no era fácil pasar desapercibido, como tampoco lo será esta vez si han elegido un periplo donde pueden coincidir con ciudadanos que los reconozcan. En este aspecto la Reina tiene más fácil su camuflaje.

La Reina: «influencer» de moda en Reino Unido

A Doña Letizia le llaman «la Kate Middleton española». Las comparaciones son odiosas, pero en este caso supone un piropo que la Prensa extranjera haya bautizado a la Reina con este sobrenombre. Los «looks» que ha lucido durante los días que ha pasado en Mallorca han sido sometidos a examen internacional y, de nuevo, su elegancia y estilo han sido alabados de manera unánime. La monarca española se ha metido a todos en el bolsillo con las propuestas estilísticas, desde la más «casual» hasta la más ceremoniosa. Han sido «Harper's Bazaar» y «Marie Claire» los que han alabado a Letizia en situaciones más relajadas, como el mono de Mango que llevó para ir al cine o el vestido camisero con el que se paseó por el Náutico de Palma.