Manzanares deslumbró en Ginebra

Parecía una tarde maestrante en la feria abrileña. «¡Torero, torero, torero!», le gritaron entusiasmadas ante su planta y elegancia, emulando los desmadres béticos que provoca José María Manzanares. Siempre es equivalente a elegancia masculina, y forma dúo con Enrique Ponce, que siempre va como un pincel, gracias a las elecciones exquisitas de la dulce Paloma Cuevas, que tanto viste y calza de Gucci, aunque también alterna con Tom Ford. Dolce & Gabanna no está entre sus preferencias. Y si Nati Abascal me detalló que, en París, Rolland mezcló en su colección churras con merinas –no era perfecto todo lo paseado–, lo de Ginebra fue algo nunca visto. Convocaban los relojes IWC para lanzar un nuevo modelo submarino, Aqua Master. Cita de rostros internacionales, cuyo realce se vio amortiguado por la intensa lluvia. No llegaron a empeñar la brillantez de fiestas que ya no volverán, como aquella Lisboa antigua y señorial. Quedan para el recuerdo porque las firmas –igual que las grandes empresas– usan la crisis para aumentar los recortes. Todo languidece en los atardeceres madrileños y el 080 barcelonés, que mañana inaugura Mas en loor de multitudes expectantes, traerá atisbos de prosperidad aparente. Los de «Cibeles» andan de dientes largos al no poder igualar a Andic y su cásting con Alessandra Ambrosio, ofreciendo propuestas compartidas con Elcacho y Kortajarena, y la modista de Michelle Obama en su primer desfile europeo. Un pase sobre otro. O casi paseíllo como el ofrecido por Manzanares en esta cita de relojes excepcionales donde también estuvieron Karolina Kurkova, azulada pero cálida para acentuar el ambiente submarino, la espléndida Susan Sarandon, también heredera de grandes monstruos hollywoodienses como Bette o la pérfida y retorcida Joan Crawford, que empezó cantando y tuvo que dejarlo harta de que le silbaran. La pasada Navidad pude constatarlo en Nueva York, donde Daniel Craig hace comedia con Rachel Weisz, animando la post-pascua. Aunque lo bueno viene en marzo, fecha de grandes estrenos anticipadores de Pascua, gracias al Turner Classic Channel, del que fue marido de Jane Fonda, Ted Turner. Lo conocí en el vestíbulo del cubano «Habana libre» de la cadena Meliá, cuando con Fidel Castro preparaba la llegada del ya casi santificado Juan Pablo II. Su cadena repasaba los títulos de Crawford, que fue dueña de Pepsi-Cola y algo más que «vamp» del cine americano, con un carrerón rematado por «Baby Jean». En esta revisión dieron sus primeros títulos cantando en todo cante. Mejor pasarse al dramón, ya que no podía competir con la delicada Irene Dunne o la descacharrante pero estilosa Rosalind Russell.

Manzanares sí lo hizo en la cita suiza, equiparado a otros guaperas mundiales. Incluso subió a la cabina del DJ, que le puso un pasodoble torero del repertorio clásico, la «Chiclanera» que entusiasma a Alejo García en las tardes animadas por la banda del maestro Tejera. Deslumbró como no puede hacerlo Urdangarín, a quien allí miran mal, no sólo por lo presunto sino también por el bullicio desacostumbrado con tanto paparazzi tras él en las plácidas y hasta bucólicas orillas del enorme lago.