«Me gusta España hasta con la M-30 colapsada»

Juan Peña / Cantante. El artista presenta «Infinito», su nuevo trabajo en el que alterna temas inéditos y versiones

Juan Peña
Juan Peña

Cuando actúa y quiere buscar la intimidad entre las miradas que se clavan hacia su persona, cierra los ojos. Entonces, su voz llena la sala y engancha al que tiene en frente. Juan Peña también tiene la virtud de lograrlo a través de «Infinito», su nuevo trabajo discográfico con el que se asienta como uno de los baluartes del flamenco pop. «He tenido la suerte llenar teatros y contagiar, pero cantar en una fiesta privada te permite emocionar más, incluso ver llorar a alguien», confiesa antes de una de esas actuaciones en el hotel Me Madrid Reina Victoria.

–«Infinito». ¡Pero si ahora todo tiene fecha de caducidad!

–Caduca para aquellos que lo viven así en su vida y en su corazón. Creo en el amor eterno y en la fidelidad eterna, porque lo he visto en mis padres. La música también es eterna: no hay mayor recompensa para un artista que sus canciones permanezcan cuando él no existe. Por eso mi disco es «Infinito», porque no es una lata de conservas.

–Usted es de otra época...

–Yo no soy hombre de modas, me considero tradicional y apuesto por esos valores que permanecen en el ser humano.

–Entonces, ¿el pasión de una noche loca no entra en sus planes?

–En la vida de una persona joven tiene que haber de todo. Siempre hay noches de pasión, pero uno aspira a ese amor infinito que conocen todos aquellos que han creado una familia y un hogar.

–¿Cuándo uno canta al amor suena menos cursi que cuando se declara sin música?

–No soy mucho de hablar, más bien de cantarle al oído a quien tengo al lado.

–Se atreve con «El Rey», de los Fernández, patrimonio de México. ¿Un osado?

–Siempre que versiono alguna canción, me imagino que es nueva y que la han compuesto para mí. Así logro no tener corsés y llevarla a mi estilo. Dudo que haya alguien que no conozca «El Rey», pero de repente si hay una persona joven que se topa con ella en mi voz, me gustaría hacerle creer que es mía.

–¿Cuál es la niña de sus ojos en este disco?

–«Cuando los sapos bailen flamenco», de Ella Baila Sola. Nunca las había escuchado cantar. Cuando se hicieron populares, yo escuchaba otra música y cuando alguien me presentó el tema para adaptarla a mi estilo, he descubierto la calidad del tema y la herencia musical que han dejado. Siguen sonando en todos los sitios...

–¿Y cómo se siente usted cuando entra en una tienda y se escucha?

–Hace poco acudí a Roma para cantar en dos eventos privados. De camino a la Fontana de Trevi, comencé a escuchar «Otra cobardía» de mi anterior disco. De inmediato, me puse muy nervioso y se me saltaron las lágrimas.

–La etiqueta que lleva colgada en la chaqueta dice: el artista de la jet set.

–Me considero más artista del pueblo. Para mí, «jet set» es cualquier persona que le guste mi música y que decida contratarme para cantar en su fiesta. Es cierto que he tenido el privilegio de haber cantado a muchos de mis ídolos: Lenny Kravitz, Leonardo Di Caprio o Denzel Washington.

–¿Uno se achanta al verlos cerca?

–Cuando suena la primera nota en mi garganta, aparece el sentimiento y me olvido de todo. Lo que sí que noto, es que aunque no conozcan ese idioma sí logran captar la magia de nuestra tierra y es un puente para que al final sean amigos tuyos. Tuve la suerte de que me contrataran para cantar en un megayate en Costa Esmeralda (Cerdeña) para un empresario de la Fórmula-1 que hizo una fiesta con la gente más impresionante del momento. Cuando después de cantar se iban acercando para hacerse fotos conmigo, no me podía creer que vinieran a mí.

–¿Son malos tiempos para el flamenco?

–El flamenco es patrimonio de la humanidad, no tiene límites. El flamenco le gusta a todo el mundo, como justa un buen jamón de pata negra o una copa de vino de Tío Pepe.

–¿Camarón tendría que ser declarado Patrimonio de la Humanidad?

–Para mí lo es, junto con Paco de Lucía.

–Un día cogió las maletas y se fue de Jerez a Madrid. ¿No le tienta huir del bullicio de la capital?

–A mí me gusta Madrid y España, hasta cuando está colapsada la M-30. Soy un enamorado de esta ciudad y cien por cien español. Aquí vine en 2007 a cumplir mi sueño porque aquí están todas las infraestructuras musicales y aquí se hizo realidad cuando me vine con un contrato bajo el brazo.

–¿Qué le cantaría a Artur Mas?

– «Cómo se puede querer a dos mujeres a la vez y no estar loco». Adoro Cataluña, pero con estas propuestas corremos el peligro de convertirnos en islotes dentro de una misma península. Que cada uno defienda su comunidad Autónoma, pero desde una España unida.

–¿Cómo se marida el estar siempre rozando la prensa del corazón y no caer en las redes del «photocall»?

–Jamás en la vida he pretendido ser famoso a costa de nadie, sólo a golpe de esfuerzo y sacrificio, fruto de mi trabajo, para lograr una carrera sólida. Me defraudaría a mí mismo si hubiese sido una de esas estrellas efímeras de las que no se acuerda nadie después de una canción.

–Terminó los estudios de Gestión Administrativa. Intuyo que no tiene muchas ganas de ejercer...

–Justo cuando empecé a hacer las prácticas, también comenzaba a cantar en algunos sitios. Mientras me mandaban a rellenar facturas, yo me ponía a componer letras para mis canciones. Me echaron de las prácticas diciéndome que estaba loco por quererme dedicar a la música hasta tal punto que el director de las prácticas intentó ofenderme y se rió de mí. Al cabo de los años, me lo encontré en una firma de discos en el mismo centro comercial donde hice las prácticas. El hombre me miró y agachó la cabeza.

–¿Y sus padres? ¿Cómo vivieron su apuesta por la música?

–A mis padres les he demostrado, ante todo, que soy un buen ser humano que puedo ir con la cabeza bien alta. Siempre me ha gustado el mundo del artisteo. Con siete añitos hice un cameo en «El imperio del sol», de Spielberg. Buscaban chicos rubios con ojos claros y me cogieron a mí. Desde el momento que vi una claqueta, descubrí que me quería dedicar al mundo del arte.