Michelle, reina de las «first ladies»

Michelle Obama
Michelle Obama

Michelle Obama ya entró en la lista de «las grandes» elegantes y su estilo, encauzado en el 2013, se consolida en el año recién iniciado. Cada salida es una aparición. Impacta, sorprende, deslumbra, y deja boquiabiertos a unos norteamericanos que no sé si entenderán semejante transformación, ya icónica. Primero fue el flequillo, luego la domada –hasta entonces indomable– melenita; la «first lady» es digna de envidia por el resto de consortes internacionales, incluidas reinas que pasman ante tamaña estilización de cuerpo y modales. Michelle en nada se parece a la que hace varios veranos aterrizó en una jubilosa Marbella para alojarse en el Hotel Villa Padierna, que ahí tuvo su mejor momento ampliado con la primera fiesta realmente irrepetible de Antonio Banderas, quien organizó allí la primera edición de su gala Starlite. Forma buen tándem organizador con Sandra García-Sanjuan y con la experiencia lima errores de novato. Acaso lo fue, y no poco, asociarse con Eva Longoria, que ahora, unida a María Bravo, sólo recoge migajas de lo que ofrece el verano costasoleño. El caso es que Michelle lucía entonces un aspecto casi descuidado, luego repetido en la audiencia real de Marivent, cuando el retiro palmesano irradiaba aparente armonía –un espejismo aclarado con el tiempo y los fallos, no era oro todo lo que relucía–. En su visita española, la primera dama sólo dejó el recuerdo de su mandato consorte, y en Palma hasta criticaron despiadadamente alguno de sus trajes. Pero enseguida se enmendó, quizá ya aligerada del sofoco de los primeros tiempos de «first lady». Un nuevo libro sobre primeras damas la exalta ahora como a ninguna otra, todas personalísimas, incluída una Nancy Reagan bárbaramente evocada por Jane Fonda –esa costumbre de brazos cruzados sobre la cintura– en «El mayordomo», película que retrata a la servidumbre que atiende y cuida a los residentes de la Casa Blanca. Es un prodigio de recreación político-social y en EE UU ya hablan de su protagonista como premio de interpretación a los Globos de Oro en puertas y los Oscar, que ya acechan. Qué no sabrán desde Daniel Craig y Rachel Weisz, que forman atrayente dúo treatral, o un Orlando Bloom que no llena como Romeo de una Julieta poco impactante en Times Square. Ellos son en estos días el principal atractivo de Broadway, donde siguen triunfando, tras años en cartel, «Cabaret» y «El rey león». Imagínense. Por eso es mejor entretenerse con estas «first ladies», entre las que también se incluye Mamie Eisenhower. Todas están juntas en un museo que lo mismo recuerda sus trajes y las veces que los usaron, como el diseño de sus vajillas y sus menús. Hillary Clinton no destaca como no sea en alarde de collares de perlas, que remarcan su cuello corto. Me quedo con la arrogancia de Betty Ford o la cursilería más que superada de Jackie Kennedy, apegada a su discreto Chanel rosa ribeteado en tiralla negra. Ellas fueron hitos, mientras las de aquí se limitaron a pasar como simples amas de casa hasta nuestros días. ¿Qué huella exquisita tenemos de Amparo Illana, siempre tímida, de la discrección de Pilar Ibáñez, del retraimiento nada llamativo de Carmen Romero, del prudente guardarropa de Ana Botella, siempre a la sombra marital (hablamos de tiempos pasados, como alcaldesa reafirmó discutible vestuario y apariencia), o del tipazo de Sonsoles, a quien Elena Benarroch no le encontró el punto? No harán historia ninguna de ellas porque esto no es Estados Unidos, ni Moncloa tiene el magnetismo que irradia la Casa Blanca. Modosas y menos personales, las nuestras seguirán sin dejar huella o estilo personal. Hasta Doña Carmen Polo marcó otra impronta, ¡menudo empaque con el ordeno y mando!

LOS 50 AÑOS DE LA PRIMERA DAMA

El próximo 17 de enero, Michelle Obama (en la imagen) cumplirá medio siglo de vida y, la Casa Blanca emitió ayer un breve comunicado en el que aseguraba que «como parte del regalo de cumpleaños del presidente, la primera dama permanecerá en Hawái para estar con sus amigos antes de cumplir 50 años». Así, mientras su marido ha vuelto al trabajo, ella permanecerá en las islas unos días.