Literatura

Nuria Espert sorprende con su nuevo pelo

Los actores son un incansable batallón de las sombras, aunque viven de la luz y los escenarios. Batallan sin abandonar su empeño, a veces improductivo, de sacar adelante la Casa del Actor, como bien lo subrayó ante Anson nuestra máxima diva teatral Nuria Espert: «Llevan treinta años sin dejar la batalla, son admirables». Y se refería a sus compañeras Julia Trujillo, la dulce María José Alfonso, inolvidable «niña de luto» de Manolo Summers, y una Beatriz Carvajal que retoma serie con «Cabaret», donde hace el personaje principal. Trata sobre la nostalgia y la exaltación de locales emblemáticos ya pasados de moda, lo del «Hole» no se le parece en nada, y el barcelonés molino supuso otra cosa, fue único.

Cabarets –donde lo mismo actuaba Josephine Baker que Nati Mistral, Gilbert Bècaud o Lorenzo González– fueron Pasapoga, tan representativo de la Gran Vía, el Bolero barcelonés y hasta Scarlett's, donde Bibi Andersen escandalizaba a una ciudad que jaleaba su grandeza física, entonces ambigua. También el Florida Park, que acaba de cerrar sus puertas, imposible seguir con un negocio tan romántico como los desfasados tablados. En Madrid sobreviven el Café de Chinitas y el Corral de la Morería, pero la Ciudad Condal perdió los emblemáticos Tarantos, donde Dalí se enardecía con Maruja Garrido mientras Ella Fitzgerald cantaba en Jamberes.

Los actores, tan distintos de los de la politizada Unión, reconocieron a un dúo inigualable. Nuria Espert iba bajo un floreado chino, buen soporte a su blanca melenita, un cambio que impactó, como cuando pisa escena. «Rematé ''La loba'' y tengo cuatro o cinco cosas que ver para la próxima temporada». Será algo grande, su especialidad. «Camina mejor y sin vacilaciones», observó Fernando Fernández Tapias con su espléndida Nuria y los dos niños. Debutaban en «Cena para mayores» al lado de su tía Yolanda González, que ya no esconde lo suyo con Carlos Herrera. Vive a caballo entre Madrid y Sevilla. Sonríe dulcemente como sólo ella sabe. «Algunos aún me confunden con Mariló cuando no nos parecemos nada...». «Doy fe», aseguré, mientras Alejandra Torray paseaba su melena pelirroja, Fiorella Faltoyano anunciaba memorias, «personales y artísticas que han gustado mucho a Méndez-Leite (su pareja ya jubilada); Juan Palacios soñaba en Ibiza con los triunfos del Fernando Alonso que tiene en su galería relojera de buenas marcas; Carmen Quesada hablaba de su pastelería en San Pedro Alcántara, e Isabel, con la distinción materna, abrazaba a su padre de forma emocionada.

Arturo Fernández, «galán de galanes», me habló del entrañable Carlos Larrañaga, «el único que me echó una mano en momentos difíciles. Cuando hice ''La fiel infantería'' me puse a convivir con él porque yo no pedí adelantos, que siempre rebajan». Ochenta y cuatro años pimpantes y en Sevilla repite por segunda vez su alta comedia. Y cuarenta y nueve confesaba Remedios Cervantes, envuelta en flecos blanquinegros cerca de las Virtudes y un Enrique Cerezo imperturbable, como Verónica Forqué. Dejó «Shirley Valentine» «tras dos años, uff, de mucho éxito», reconocidos por Emilio Laguna y un Antonio Medina todavía galán que levanta suspiros en esta noche donde los actores dieron merecido triunfo a la inmensa Nuria, a la que prefiero con su pelo negro de malísima, y el eterno «chatín» robacorazones.