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Brad Pitt dispara a matar

El actor vuelve a interpretar a un tipo duro, un asesino a sueldo contratado por la mafia, en la nueva cinta de Andrew Dominik, «Mátalos suavemente».

Cualquiera diría que Andrew Dominik y Brad Pitt comparten peluquero. Si nos perdonan la frivolidad, es lo primero que pensamos cuando vimos entrar al cineasta neozelandés en una suite del hotel Carlton de Cannes en su última entrevista del día para promocionar «Mátalos suavemente». La misma melena lacia, con oportunas mechas rubias matizando un castaño discreto y reluciente, las mismas puntas ligeramente curvadas hacia arriba, engominadas pero menos. Y la misma actitud que, horas antes, había mostrado en la rueda de Prensa: empezando algo displicente, bastante a la defensiva, y más tarde relajándose mientras daba caladas a un cigarrillo rubio.

Dominik y Pitt sellaron su código de lealtad en «El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford», el excelente western en forma de balada crepuscular que le valió una Copa Volpi al mejor actor en la Mostra de Venecia al marido de Angelina Jolie. Las bondades líricas de tan singular película no fueron bien recibidas en Estados Unidos. «Fue una decepción. Los críticos valoraban "Jesse James"según lo que podía sacar en taquilla», recuerda Dominik en medio de una bocanada de humo. «Y me di cuenta de que en América sólo importa el dinero». ¿Entonces suscribe la frase que cierra "Mátalos suavemente": «América no es un país, es un maldito negocio?» «Por supuesto». ¿Algo que añadir? «Como extranjero, creo que tengo la suficiente distancia para ver la hipocresía de una sociedad que entiende el éxito como una variable económica. No hay más que compartir unos minutos con un ejecutivo de Hollywood para comprobarlo. Y no puedo decir que eso me guste».

Una timba clandestina
El discurso antindustria de Dominik parece contradecirse con el hecho de haber trabajado con una de las estrellas mejor pagadas del planeta en dos de sus tres largometrajes. «Si no fuera por Brad, esta película no existiría». Tres años después del dignísimo fracaso comercial de «Jesse James», Dominik se encontró por casualidad con «El confidente» (1973) en un canal de televisión. Averiguó quién había escrito la novela en que se inspiraba la película de Peter Yates, advirtió que los libros de George V. Higgins estaban descatalogados y se compró unos cuantos por internet. El tercero que leyó, «Cogan's Trade» (que Libros del Asteroide acaba de publicar en castellano), le hizo decidirse. «Es una historia sobre la crisis del mundo del juego, y no me resultó difícil ver los paralelismos con la actual crisis económica», cuenta Dominik. Una llamada telefónica le separaba de «Mátalos suavemente». «Le conté a Brad la idea y en cuarenta y cinco minutos habíamos cerrado un acuerdo».

Un yonqui y un pobre diablo que atracan torpemente una timba de póker clandestino, un asesino a sueldo que mata sin mirar a los ojos de sus víctimas, un sicario alcoholizado y con tendencias psicopáticas y un abogado que ejerce de mensajero entre los aristócratas del crimen y sus más respondones súbditos, tejen el tapiz de una América que está al borde del desastre, un nido de serpientes de cascabel a punto de morder la mano que les da de comer. La película, de elegante puesta en escena y violentos golpes de efecto, parece un «neonoir» cínico y nihilista, del estilo de los que firmaban los hermanos Coen al principio de su carrera. Sin embargo, los referentes de Dominik van por otros derroteros. «Me fijé mucho en aquel documental sobre los vendedores de biblias de los hermanos Maysles… ¿Cómo se llamaba?». Se refiere a «Salesman», una de las obras fundacionales del «cinéma verité» norteamericano. «Esos hombres desesperados, de puerta en puerta, intentando sacar dinero de las creencias religiosas de la gente corriente…Ofrecen una imagen muy contemporánea de América», explica.

Desde su estreno en Cannes, la crítica europea se apresuró a señalar que quizá Dominik insistía demasiado en sazonar su fábula sobre el reverso del sueño americano con los discursos de Bush y Obama en la campaña electoral de 2008. Que, en fin, tal vez no era necesario subrayar tanto la dimensión política del filme cuando en él, bajo el envoltorio de vitriólica serie B, hay ya suficientes elementos como para poder entender su mensaje con claridad. ¿Para qué gritarlo con megáfono? «No estoy tan seguro de que los americanos comprendan lo que quería decir, imagínate sino lo llego a hacer obvio. Por desgracia, en Estados Unidos, el público de multisalas no está acostumbrado a pensar. Como para ponerme con sutilezas…»

EL CINE NEGRO COMO REFERENTE
Conocido también como «film noir» se desarrolló en Estados Unidos durante la década de 1940 y 1950. «Mátalos suavemente» se emparenta con este género, propenso a la acción y en el que los hechos delictivos poseen una especial importancia. La expresión fue acuñada por primera vez por el crítico Nino Frank y es «El halcón maltés», de 1941 (en la imagen), de John Huston (fue su primera película), con Humphrey Bogart y Mary Astor, la cinta que se considera que inaugura el género. Basada en la novela homónima de Dashiell Hammet centra su objetivo en la trayectoria de un detective privado, Sam Spade, a cuya oficina llega una miesteriosa mujer que busca a su hermana desaparecida. Lo que parece un caso ordinario se convierte en una espiral de mentiras. El expresionismo, al tratarse de una cinta en blanco y negro, está muy presente en su estética: la niebla, la manera de tratar la oscuridad, los claroscuros. Huston marca en «El halcón maltés» la que será una de las claves del género: las fronteras entre buenos y malos se difuminaban y el héroe se convierte en un antihéroe atenazado por un pasado oscuro. Dentro de esta década considerada como la época clásica del cine negro, destacan títulos como «La carta» (1941), de William Wyler, Un alma torturada (1941), dirigida por Frank Tuttle, «Perversidad» (1944), de Fritz Lang y «La dalia zul» (1945), de George Marshakll, entre otros grandes títulos.

 

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