Los diez mil hijos de José Luis

La Razón
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En 1823, el duque de Angulema envió a España un ejército para restablecer el régimen absolutista. Aquellos soldados franceses pasarían a la historia como los cien mil hijos de San Luis. Hoy, casi doscientos años después, Zapatero, José Luis, nos ha dejado diez mil hijos reclutados entre las centrales sindicales para intentar mantener ese otro absolutismo que representa un sistema de relaciones laborales rígido y, en buena parte, heredado de aquel otro sindicalismo vertical del que chupaban del bote todos aquellos que se plegaron a la dictadura franquista. Pero sobre todo quieren preservar el absolutismo de arrogarse la única y legítima representación de los trabajadores, después de haber asistido impávidos, o aún peor falsamente indignados, a un crecimiento del paro en los últimos años del mandato socialista sin precedentes. Afirmar esto, seguramente me colocará entre los que, según el heredero a todos los efectos de don José Luis, están orquestando una «campaña repugnante» que pretende «criminalizar a CC OO y UGT». Rubalcaba, el compañero Alfredo, ha decidido unir su suerte a la de las centrales llamadas de clase. De clase alta, supongo, ya que esos diez mil liberados de los que daba cuenta LA RAZÓN del pasado domingo, nos cuestan a los españoles la friolera de 500 millones de euros entre pitos y flautas. La izquierda siempre ha utilizado la calle para desestabilizar a los gobiernos que no forman ellos. En algunas ocasiones, como en la jornada de reflexión previa a los comicios de 2004, esa desestabilización llegó a extremos verdaderamente repugnantes, por utilizar la terminología de Rubalcaba, que ahora pasa más tiempo en Andalucía que en Madrid, sin captar el «asco y la repulsión» que provocan los escándalos destapados en una tierra con el récord de paro y de fraude por ERE falsos por valor, según la investigación judicial en marcha, de 1.000 millones de euros entre los años 2001 y 2010.