Escassi bate su récord como enamorado fiel por Jesús MARIÑAS

A Marina Danko no dejan de colgarle sanbenitos, inventarle romances nuevos –en tiempo le endilgaron uno bastante irreal– y supuesta pasión manchega muy al estilo Dulcinea.

El jinete y su novia Patricia en el estreno de «Crimen perfecto»
El jinete y su novia Patricia en el estreno de «Crimen perfecto»

Un sueño imposible. Mientras, glorifican a Nati Abascal en su última salida-reaparición en la noche de la moda, donde volvió a opacar a Carmen Lomana. Nadie la discute como «la más» en precisión, exactitud y estar a la última: frente al traje estrellado –como de bruja resucitada «made in» Dolce&Gabanna– de la rubia oxigenada de talante provincianito, deslumbró la internacionalidad de Nati sobre zapatos multicolor. Impactó como el primer estreno de la temporada escénica. Anson tenía curiosidad por vislumbrar aciertos en la ya colocadísima María Castro. Con Jorge Sanz y un Pablo Puyol sobresaliente cuando empieza en paños menores, María forma perfecto tándem junto a la juvenil maestría de Sanz, que resulta el más entonado de esta versión escénica de «Crimen perfecto» en la que la actriz gallega incluso recuerda a Grace Kelly.
«Reentré» expectante con Ana Escribano, Ana Aguilé y Perla Cristal. Cornejo lo monta como nadie y Mamen tiene mucho gancho; desde Antonio Resines repitiendo zapatos ante Lara Dibildos en morados mirando envidiosa la dedicación de Álvaro Muñoz Escassi a Patricia, una valenciana con la que convive por primera vez en su agitada vida sentimental. Es un cielo de niña. Rotunda físicamente. «¿Qué le das para tenerlo tan enganchado desde hace dos años? Es un récord...», le dije. «No sé, quizá zumo de naranja de mi tierra», esquivó mientras el galán remataba con Israel Bayón un futuro proyecto televisivo.
La Campos y Aline Romanones destellaron con rojos y brillos realzando este «Crimen perfecto» que sigue emocionando. Juncal Rivero deslumbró ante una Beatriz de Orleans como de Primera Comunión. María Porcel se estremeció viendo el homenaje a Nati Mistral previo a la función: su nombre bautizó el primer asiento de la fila uno del Reina Victoria, «¡donde debuté en 1946!, parece que fue ayer», afirma. Es de las últimas grandes que quedan en nuestra escena. Arrancó risas evocando a Escobar y Cortés Cavanillas:
–El corresponsal romano vino a Madrid y contó a Luis que «colocan una lápida en mi casa natal»...
–Será una placa–, objetó el marqués de las Marismas.
–No, no, una lápida, te lo aseguro–. A lo que Escobar añadió:
–Colocan placas conmemorativas y la placa te la echan encima cuando mueres. Entiéndelo porque es así–. Relumbró Nati, fiel a su sonrisa al ver que su asiento celebrador está delante del de Antonio Gala. Al fin ha logrado aventajarlo.