Teatro

Leo Nucci: «Hoy todo se canta igual no hay tradición»

Recibe hoy en Oviedo el premio a la mejor interpretación masculina de la temporada pasada por «Rigoletto», que ha cantado más de 500 veces.

Leo Nucci: «Hoy todo se canta igual, no hay tradición»
Leo Nucci: «Hoy todo se canta igual, no hay tradición»

Volvamos atrás en el tiempo. Estamos en junio de 2009. Leo Nucci (Castiglione dei Pepoli, Bolonia, 1942) canta la única función de «Rigoletto» que tiene de las 18 que se representan en el Teatro Real. Hace historia: por primera vez en el coliseo se pide un bis y «Vendetta, tremenda vendetta» le lleva a tocar el cielo. Mañana recibirá en Oviedo el premio Lírico Teatro Campoamor al mejor cantante masculino de ópera de la temporada pasada por ese montaje. No le hizo falta ensayar el papel porque lo lleva cosido a la piel. Cuando hablamos por teléfono dudamos si es él quien nos responde o el bufón verdiano.

-El papel le ha dado casi una satisfacción por función y premios como éste.
-Es un placer y un honor recibir este galardón en Oviedo y también una sopresa. Algo sucedió aquella noche en Madrid.

-¿Qué pasó?
-Fue extraño, ¡mamma mia! Tantos aplausos. Patricia Ciofi me preguntaba: «¿Qué vamos a hacer, Leo?», mientras el director musical me miraba con los ojos de par en par. Fíjese que he hecho cientos de bises, pero en un teatro como el Real es imposible de olvidar. Mi madre me preguntó una vez: «¿Qué sucede cuando el público aplaude?». Y es la emoción del trabajo bien hecho, la emoción más pura que puedas sentir. Y esa noche el público aplaudió de verdad, lo sentí.

-Usted es la reencarnación de Rigoletto, dejémonos de historias, señor Nucci.
-(Risas) Es el papel que más he cantado. Lo importante es que Verdi es un autor y compositor que me da algo especial a través del bufón. Nunca pienso como he de interpretarlo, salgo al escenario y quien canta es Rigoletto.

-¿Cuantás veces lo ha interpretado?
-Más de quinientas. Y eso quiere decir algo.

-Quinientos Rigolettos distintos...
-Cada uno posee algo nuevo porque no se puede caer en la rutina. La ópera tiene que darte en cada función algo diferente, una novedad. Tu das pero ella también te entrega y es necesario saber mirar dentro y ver su actualidad. Yo la busco cada vez.

-El próximo será en La Coruña, ¿verdad?
-Allí lo cantaré.

-Para escucharle de nuevo en Madrid intuyo que habrá que esperar bastante. ¿No le tiene Gerard Mortier en sus pensamientos?
-Madrid..., qué lejos. Con la dirección actual, no sé, no sé... A mí me gusta la modernidad, pero eso de matar el arte, cargarse una ópera tal y como la concibió su autor por darle un toque moderno, no. Con el nuevo responsable del Real esa atmósfera fantástica que había se ha perdido para mí.

-De algunos directores de escena dice que son «arrogantes y abusones». ¿Quiénes no lo son?
-¿Podemos pasar a la siguiente pregunta?

-Claro que sí. Dígame un par de nombre de registas en quienes confíe.
-(Risas) Mire, no me haga hablar, pero ahí están Hugo de Ana o Zeffirelli, que son grandes. El resto no hacen más que improvisar. Muchos de ellos no han visto una ópera en su vida, lo he dicho siempre. Y yo me pregunto, ¿cómo se puede hacer ópera sin haberla sentido?

-¿Qué piensa cuando le dicen que es uno de los número uno, el Rigoletto más grande que hoy se puede escuchar?
-Seré un cantante célebre, pero no de cerebro. El bufón cambió mi vida. Yo soy Leo, créame, nadie más que Leo.

-Hay un ejército de tenores y un puñado de barítonos, ¿por qué señor Nucci?
-La verdad es que no lo sé. ¿Quizá porque Nucci sigue cantando? (risas).

-En Oviedo se va a premiar como joven cantante revelación (por Lord Arturo Talbo en «I Puritani») al canario Celso Albelo. Juntos cantarán por primera vez un aria de «L'Elissir d'amore».
-Celso Albelo es grande, me gusta muchísimo. Se trata de un joven con cabeza, con voz y modestia. Canta a la manera clásica como, por ejemplo le sucede a Flórez con la coloratura rossiniana. Es verdaderamente un belcantista, y cuando le escuchas te recuerda a las grandes voces del pasado.

-¿Cómo eran?
-Ellos tenían un estilo de canto diferente. Se llegaba a través de una tradición. En el pasado siglo se podía coincidir con autores de música y libreto que murieron ya muy mayores, como Cilea y Mascagni, por ejemplo, y ese contacto nos resultaba fundamental. La tradición estaba viva y hoy se ha perdido. Tengo la sensación de que se canta todo igual, un Verdi, un Puccini, Bellini, y es un error gravísimo. Es necesario hacerlo con sentimiento diferente.

-¿Prima el actor sobre la voz?
-Puede haber, efectivamente, mejores actores, aunque interpretar es otra cosa, es sentir, penetrar en la idea concebida por el compositor. Y dicho esfuerzo cuesta. La consecuencia de todo ello es que la tradición, entendida en cuanto a cantar e interpretar la música en la atmósfera en que el autor la concibió, se ha quedado por el camino.

-Si no está sobre el escenario, ¿qué música escucha?
-Cuando no trabajo disfruto tocando el trombón. Y me entusiasma el musical. Aunque casi siempre estoy viajando, me gusta oír jazz, a Glenn Miller, Artie Shaw...

-¿Y Lady Gaga?
-Digamos que no me llega, pero algo tendrá cuando mueve a tanta gente, aunque a mí no me guste. Soy mayor ya, ese debe ser el problema.


«¿Para qué correr tanto?»
Leo Nucci es uno de los nombres fundamentales del repertorio verdiano y verista del siglo XX. Por dar un dato ilustrativo, cuando el barítono se vio obligado a bisar el aria «Vendetta..» en el Real cumplía su función 433 del papel del jorobado, que ha interpretado durante 42 años. «La primera vez que encarné el papel mi esposa estaba embarazada, ahora soy abuelo de dos nietos», precisa él. Desde que debutara en 1967 como Fígaro en «El barbero de Sevilla», ha trabajado con todos los grandes cantantes y directores de orquesta del planeta. Así que es una persona acreditada para evaluar el momento actual.
-¿Qué piensa de los jóvenes cantantes que se queman por tener prisa?
-Ay, las carreras rápidas, qué gran problema, qué inmenso error. La tentación actual es llegar pronto y una carrera como la nuestra necesita treinta años para asentarse, ni diez ni quince. Yo canté «Nabucco» a los 51 y ya he hecho más de 200 funciones. «Macbeth», un poco más joven, con 48. Necesitaban su tiempo y era un error anticiparse, ¿para qué? Hay que tomar el repertorio con la seriedad que merece, darle tiempo, tener paciencia y trabajar cada día. Arriba solamente se llega con calma. Hoy son otros los valores que priman y lo siento tanto cuando veo grandes voces que están machacadas... Las escucho y tengo la sensación de que no se van a mantener durante 30 años, no duran.