El rey Georgie

 
 

Una sociedad que comete una injusticia continuada está condenada a que la injusticia caiga sobre ella». Esta inteligente sentencia de Grover Spa-Balloons debemos tenerla muy en cuenta los españoles mientras no reconozcamos con carácter oficial a Georgie Dann «Rey del Verano». Puede respirar tranquila la Casa Real. Se trata de un título honorífico. Desde estas páginas estivales propongo que todos los alcaldes de localidades costeras de España, peninsulares, insulares, además de Ceuta y Melilla, se reúnan con carácter de urgencia para debatir los extremos del reconocimiento, que yo recomiendo de altas trascendencias. ¿Qué hubiera sido de nuestros veraneos sin la compañía de «Banana tití coco» y «Cachete, pechito y ombligo»? ¿Seríamos los mismos si no hubiéramos bailado en las plazas de los pueblos durante las fiestas patronales o en las más distinguidas discotecas el «Casatchok», «La barbacoa», «La conga de Jalisco», «El chiringuito» o «No le des al niño en la cabeza»? Pocos ritmos tan conseguidos como el del «Socorrista», que a su término siempre ayudaba al nacimiento de un amor estable. Ese agarrado- suelto, según elección y capricho de los danzantes en «La colegiala» colaboró de manera terminante al mantenimiento de la paz social durante los veranos de la Transición. En su interesantísimo ensayo sobre la Transición política española del catedrático de Sociología de la Universidad de Cambridge Sir Timothy Statton-Poors, escribe Su Ilustrísima: «Aquel milagro español se produjo por la valentía y la convicción de los españoles. Pero no hubiera sido posible sin el liderazgo de Su Majestad El Rey, la colaboración audaz de Adolfo Suárez, la lealtad de las Fuerzas Armadas y las canciones de Georgie Dann, que aliviaron hasta límites insospechados el cainismo revanchista de los españoles». Y el profesor ruso Victor Bogomolov –primo hermano de quien fuera el primer Embajador de la URSS en España, Sergio Bogomolov– nos regala un dato de escalofrío: «Como agente de la KGB me presenté en España en el verano de 1978 para dificultar la transición a la democracia. Pero me apercibí de mi rotundo fracaso cuando me encontré que estaba bailando en las fiestas de Rentería una pegadiza canción de Georgie Dann –creo recordar que "La raspa", "Macumba"o "Mi Cafetal"– entre alegres y confiados bailarines». Rebeca –«Rebbie»– González, especialista en la trayectoria y evolución de Georgie Dann, escribió años atrás en «El Diario Montañés». «Sin Georgie nuestra generación se habría perdido en el vicio y la indolencia». Georgie Dann merece sobradamente un homenaje nacional. Nos sumaríamos todas las generaciones, por cuanto lleva cantando setenta y siete años, ininterrumpidamente. Dejo la idea para que otros la recojan. España está en deuda contigo, Georgie.