Valcárcel hace un llamamiento por la defensa del agua y la creación de empleo

Valcárcel en el tradicional mensaje de Navidad
Valcárcel en el tradicional mensaje de Navidad

Murcia- El presidente de la Comunidad Autónoma, Ramón Luis Valcárcel, en su tradicional mensaje de Navidad, llamó «a afrontar con entereza, esperanza, generosidad y altura de miras un año nuevo del que esperamos que el cotidiano devenir nos permita volver a la senda del crecimiento, de la prosperidad y del empleo».

En este sentido, remarcó que «el mensaje de la Navidad trasciende las creencias y las ideologías, porque llama a lo más profundo de nuestro ser y de nuestros corazones; nos llama a la solidaridad y a la entrega, a despojarnos de materialismos y de egoísmos».

Y también, destacó, «nos llama a recordar en todo momento, pero de un modo especialmente sensible en estos días, a quienes sufren por cualquier razón, a quienes sienten tristeza, a quienes se encuentran solos, angustiados, oprimidos, alejados...».

Unas fiestas que, según Valcárcel, evocan asimismo «al compromiso de quienes tenemos responsabilidades públicas, a no apartarnos de esa realidad», y que hace del nuevo año «una oportunidad, a la vez que exigencia, para superarnos». Una superación que, para el jefe del Ejecutivo regional, «pasa por hacer lo imposible para garantizar las prestaciones básicas a una sociedad merecedora de ellas».

«Superarnos es también no renunciar al progreso de nuestra Región», añadió el presidente, quien insistió en que «mejorar es dotar a nuestra querida Murcia de las herramientas con las que crecer: mejores infraestructuras de comunicación, el fortalecimiento de nuestro tejido empresarial y su inmediata repercusión en la creación de empleo; en garantizar un recurso al que no vamos a renunciar bajo ningún concepto ni circunstancia, el agua, el agua que es vida, especialmente en una Región como la nuestra».

Financiación justa
En esta línea, reivindicó que «tampoco vamos a renunciar a una financiación justa y equitativa, que no estrangule el bienestar de millón y medio de murcianos», y señaló también que «Murcia no quiere ser más que ninguna región de España, pero tampoco está dispuesta a ser menos».
Igualmente, hizo un llamamiento para que todas las gentes de la Región de Murcia «tengamos muy presentes a todos los afectados por los terremotos de Lorca, que tratan de superar las consecuencias de la tragedia», e hizo hincapié en que «la reconstrucción de la ciudad, asolada por los movimientos sísmicos del pasado 11 de mayo, es una tarea urgente e imprescindible, para la que no hay más camino que la unánime acción, la solidaridad y la aplicación de las medidas adecuadas para restaurar las viviendas, los comercios, el patrimonio histórico y artístico y, ante todo, los corazones resquebrajados por la catástrofe».

Sobre las fiestas navideñas y el recibimiento del nuevo año, apuntó que son «un escenario propicio, también, para el afecto y para el recuerdo; días para hacer presentes a todas aquellas personas queridas que un día se marcharon, pero que siguen estando, de forma imperecedera, en nuestra memoria; días para el reencuentro familiar, para el regreso al hogar de quienes un día salieron de él en busca de nuevas oportunidades».

Asimismo, enumeró las seculares costumbres propias de estas fechas en la Región de Murcia, como las tradiciones asociadas al belén de Navidad, "que se manifiestan en domicilios, asociaciones o instituciones de una forma artesanal, ingenua o simplemente artística, pero adornado siempre con la expresión de lo entrañable", o "el canto ancestral de las cuadrillas, los aguilanderos y los auroros", así como "a los hornos confiteros, de cuya boca ardiente brotan, como por ensalmo, las más preciadas joyas de nuestra repostería popular".

 

La familia, el valor consistente
l«Sobre las distintas formas de vivir y de sentir estas fiestas permanece inalterable el mensaje de paz y amor que es propio de la Navidad», aseguró el presidente. «La verdadera Navidad no puede pasar ante nuestra puerta sin que la invitemos a entrar en nuestro hogar, a sentarse a nuestra mesa, a compartir con nosotros su espíritu», recalcó, para quien constituye «una ocasión que se nos brinda cada año para regenerarnos, para recordar y para actualizar valores que, a veces, permanecen olvidados durante meses en algún rincón de nuestro interior; y entre todos ellos, el valor más consistente, el de la familia».