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Cuando su voz se quebró por Lluís Fernández

Fue la primera niña prodigio del cine español en tecnicolor. Precedida de Joselito, una voz prodigiosa en la España que dejaba la cartilla de racionamiento e iniciaba, todavía en blanco y negro de No-Do, los primeros pasos del despegue industrial. Marisol fue el rayo de luz que iluminaba un camino iniciático hacia el «boom» económico y el cambio social. La metáfora ingenua de una época crucial. Le seguirían una pléyade de adolescentes que se transformarían en despampanantes chicas yeyé: Rocío Dúrcal, Pili y Mili y Ana Belén. Era tal la vitalidad de aquella nueva España, las ganas de trabajar y de vivir, que no esperaba otra recompensa que huir de la negrura de aquellos años de posguerra. El color de las revistas juveniles, los festivales de la canción, los filmes de Estudios Moro y las portadas de discos de Bort eran los indicativos del entusiasmo y alegría contagiosa de los años 60. Marisol llegó al cine entre la rebeldía del rocanrol y el dinamismo del twist. Cuando Bruno Lomas trataba de imitar a Elvis Presley y Juan y Junior triunfaban con Los Pekenikes cantado «La bamba». Como ellos, incorporó el flamenco yeyé a la invasión de los ritmos fuereños. El «Typical Spanish» que cantaba Carmen Sevilla; pues fue Augusto Algueró quien compuso «Estando contigo» y «Tómbola», los éxitos por los que aún hoy se la recuerda. Los melodramas y comedias musicales de Marisol le dieron fama mundial. Compaginó el cine, los discos, las galas televisivas y las giras por Europa e Hispanoamérica. Apoteósica fue la gala que Marisol hizo en Dresden en 1965 ante emigrantes españoles en Alemania. La pizpireta niña de «Ha llegado un ángel» dio paso a una esplendorosa chica yeyé, apadrinada por el Dúo Dinámico, Los Brincos y Serrat, con canciones como «Tu nombre me sabe a hierba» y «El cochecito». Pero fue «Corazón contento», de Palito Ortega, y «Mami Panchita», de Juan Pardo, las canciones que la convirtieron en una estrella de la música pop. Con la llegada de la democracia, Marisol evolucionó personal y políticamente como su generación: se divorcia, se desnuda para la revista «Interviu» y milita en la extrema izquierda tras casarse en La Habana con Antonio Gades en 1973. Muerto Franco, su cine se «compromete» y sus canciones se oscurecen a medida que su voz se rompe. Abandona el espectáculo y retorna con «Bodas de sangre» (1981) y «Carmen» (1983), de Carlos Saura, y la teleserie «Proceso a Mariana Pineda» (1984). Pese a su retiro, su fama no ha hecho más que crecer. Sus películas infantiles poseen el ingenuo encanto del cine «camp». Es Marisol y sus canciones. Pero a las adultas ni siquiera las redime la nostalgia. Sin embargo, Marisol ha sobrepasado las lindes del estrellato y la fama. Como fenómeno cultural se ha instalado en ese espacio mítico, de culto casi sacro, de la veneración popular, donde ya todo le es ajeno.
 

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