Los liberales de derecha favoritos en las elecciones holandesas

Según las encuestas, el electorado castigará a los democristianos del actual primer ministro.

El partido liberal de derecha VVD sigue perfilándose como el favorito en las elecciones legislativas que Holanda celebra mañana, mientras que los democristianos del actual primer ministro Jan Peter Balkenende continúan perdiendo escaños en los sondeos y los socialdemócratas se mantienen como segunda fuerza.

La subida de los liberales (36 escaños en las encuestas, 21 actuales) se atribuye a la relevancia que los temas económicos han adquirido para los votantes holandeses, preocupados por la crisis como el resto de Europa a pesar de que los datos de paro en este país (4,1% en mayo) son los más bajos de los Veintisiete

También se da importancia al papel de su líder, Mark Rutte, de 43 años, que ha sabido llevar la batuta en los debates y ha defendido a capa y espada los 20.000 millones de euros de ahorro que propone su partido, gracias a lo cual aseguran que en 2015 Holanda conseguirá recuperar el equilibrio presupuestario.

Según las encuestas, el electorado castigará a los democristianos de Balkenende, que perderían casi la mitad de sus 41 escaños y se quedarían con sólo 21 asientos.

Al frente de cuatro gobiernos diferentes, Balkenende ha sido primer ministro durante ocho años consecutivos, pero desde que ganó las elecciones en 2002 su imagen de chico bueno ha dejado progresivamente de encandilar a los electores.

Sus socios en el gobierno saliente, los socialdemócratas del PvdA, han sabido mantenerse como segunda fuerza política desde los pasados comicios, aunque de acuerdo con las encuestas perderían 4 escaños respecto a las legislativas anteriores.

Los laboristas fueron los responsables de la caída del gobierno el pasado febrero (a un mes vista de las elecciones municipales) porque se negaron a secundar la postura democristiana de ampliar la presencia de tropas holandesas en Afganistán, un asunto que paradójicamente ha sido el gran ausente de una campaña electoral dominada por la economía.

Con esa postura, los laboristas se distanciaron de su etapa en el Ejecutivo, con lo que dieron a sus votantes el mensaje de ser fieles a sus promesas electorales por encima de la ambición de gobernar.

A la vez, refrescaron su imagen sustituyendo a su antiguo líder y ex ministro de Finanzas Wouter Bos por el ex alcalde de Amsterdam Job Cohen, un político que representa la imagen de la Holanda tolerante y multicultural.

A Cohen, con gran experiencia gestora, le han faltado sin embargo tablas como orador en los debates.

Su espíritu conciliador se presenta como la antítesis del político antimusulmán Geert Wilders, que aunque previsiblemente duplicará los 9 escaños que consiguió hace cuatro años, está lejos de convertirse en la primera o segunda fuerza del país, como pronosticaban los sondeos a principios de año.

Los votantes de Wilders se han pasado a los liberales del VVD, partido del que se escindió en 2004, ya que la preocupación del electorado por la seguridad se ha desplazado a la economía, según dijo a Efe el politólogo de la Universidad de Amsterdam Philip van Praag.

Aún así, como posible cuarta fuerza política, Wilders podría jugar un papel importante como llave en una coalición de gobierno liderada por el VVD, cuyo líder, Mark Rutte, no ha excluido asociarse con los antimusulmanes.

El problema es que para poder gobernar en mayoría, Rutte necesita el apoyo de al menos dos partidos y ni el CDA ni los laboristas ven con buenos ojos entrar a gobernar junto a la extrema derecha.

Las dos formaciones consideran que la inexperiencia del partido de Wilders y su radical postura anti-Islam dificultaría el consenso necesario para formar una coalición.