Cadena perpetua por «celos»

Si Teodoro, vecino de Getafe de 46 años, hubiera sabido que en Alemania existe la cadena perpetua a lo mejor se hubiese pensado dos veces las cosas en agosto del pasado año, mientras planeaba el viaje relámpago a Berlín para matar al supuesto amante de su mujer.

Bernard Khöler falleció apenas una hora después de haber sido apuñalado
Bernard Khöler falleció apenas una hora después de haber sido apuñalado

Ayer, un juzgado de la capital alemana le aplicó la máxima pena al considerar que las dos puñaladas que le asestó a un ciudadano alemán y que le provocaron la muerte a primera hora de la madrugada del 5 de noviembre, no fueron ningún «accidente» como argumentaba la defensa, sino que respondían al «típico asesinato» por celos. De hecho, el juez mantuvo el cargo de alevosía propuesto por la Fiscalía tras comprobar que el español había comprado el billete de avión tres meses antes y que el arma con la que cometió el crimen era de tal magnitud (18 centímetros) que no la había adquirido para protegerse sino para atacar.

Todo empezó cuando Teodoro Martínez Esteban, casado con una mujer austríaca llamada Elborg, trataba de arreglar un problema que su hija había tenido con el ordenador. Entonces, según declaró en el juicio celebrado en la sala 217 de lo penal del tribunal de Primera Instancia de Berlín-Tiergarten, se topó con la correspondencia vía e-mail que su mujer mantenía con un tal Bernhard Khöler, un ciudadano alemán de 47 años que tocaba el bajo en una banda de jazz y que vivía a las afueras de Berlín. En los más de 700 correos electrónicos, la mujer del condenado comentaba su intención de abandonar a su marido cuando sus dos hijos fuesen más mayores. Teodoro, que trabajaba en una empresa de tecnología alemana, no pudo asimilar toda aquella información y decidió acabar con aquel hombre.

El pasado 4 de noviembre, Teodoro cogió un vuelo de bajo coste a las 12:20 del mediodía y en apenas tres horas aterrizó en Berlín. El juzgado berlinés consideró ayer probado que el madrileño compró a última hora de la tarde, en supermercado cercano al barrio de su víctima, un cuchillo de cocina de 18 centímetros, una botella de agua, una de vino y un yogur. Esperó durante horas en el portal del hombre que se mensajeaba con su mujer y, ya en la madrugada del día 5, se topó con él. Casi sin mediar palabra le clavó el cuchillo en dos ocasiones y el alemán murió prácticamente una hora después.

A la mañana siguiente el verdugo volvió a España. Tres días más tarde, el día 8, fue detenido por la Policía Nacional en las inmediaciones de la Renfe de Tres Cantos, cerca de su trabajo y fue extraditado a Alemania. El juez señaló en varias ocasiones que el testimonio del español contenía múltiples inconsistencias (no hubo tiempo para una discusión ni señales de forcejeo) y le acusó abiertamente de mentir y de decir «tonterías». Martínez había afirmado que viajó a Berlín sólo para hablar con el alemán, que llevaba el cuchillo por razones de seguridad porque viajaba solo, y que su víctima resultó herida por «accidente» durante un forcejeo entre ambos.

700 correos llenos de planes
Tenía 47 años y tocaba el clarinete y el bajo en una banda de jazz que actuaba por pubs de Berlín. Bernhard Khöler quizás no esperaba que el marido de su «amiga especial» iba a plantarse allí para acabar con su vida pero los más de 700 mails y mensajes de móvil en los que hablaban de planes de futuro hicieron volverse loco al español.