La hipocresía del carbón por Martín Prieto

La patronal del carbón es la que debería haberse manifestado en Madrid para dar explicaciones por los 24.000 millones de euros abducidos en subvenciones a fondo perdido desde 1990. El principal empresario de la cuenca asturiana está condenado en firme a no recibir ayuda pública, y otro perillán importó carbón de Ucrania y nos lo vendió subvencionado como si fuera español. Otrosí de los sindicatos, que deberían apellidarse del «tanto por ciento» porque se llevan gruesas lonchas de las ayudas al trabajo. Por el contrario, la estatal Hunosa ha reducido gastos y salarios directivos para soportar los recortes sin recurrir al momio de unas prejubilaciones de lujo a cuarentones que tienen silicosis, o que no la padecen o que ni siquiera han bajado jamás a la mina. El carbón español está muerto pese a las bárbaras extracciones a cielo abierto; pasó su era porque siempre ha sido malo, con exceso de azufre, caro de obtener, necesitado de tratamiento y altamente contaminante, aunque los ecologistas guarden un sospechoso silencio. Como reserva estratégica se puede quedar enterrado porque si Angela Merkel está abriendo la cuenca del Rhur es por el parón nuclear decidido por intereses partidarios. Como las huelgas mineras eran tan duras como el Régimen, Franco siempre los mimó económicamente y hoy están arriba de la tabla salarial. Los mineros del carbón pueden llegar al centro de la Tierra y no impedirán que el excelente carbón polaco cueste en puerto tres veces menos que el astur-leonés. Además, imperativos comunitarios han puesto fecha de caducidad a esta minería. Tristemente han llegado al final con vandalismo perdiendo un aura romántica que ya no es más que sentimentalismo decimonónico para que lo cante Víctor Manuel. Cientos de colectivos profesionales están en el degüello de la crisis y ni son subvencionados ni disparan cohetes a los helicópteros. Los del casco son hipócritas y, además, insolidarios.